"La voluntad nacional es una de las palabras de las que los intrigantes de todos los tiempos y los déspotas de todas las épocas han abusado más. Unos han visto su expresión en los sufragios comprados por algunos agentes del poder; otros en los votos de una minoría interesada o temerosa, y los hay, incluso, que la han percibido plenamente formulada en el silencio de los pueblos y han deducido que del hecho de la obediencia nacía para ellos el derecho de mando"

A.Tocqueville, "La Democracia en América"

sábado, abril 28, 2007

AUX ARMES, CITOYENS

Después de la última tragedia que ha ocurrido en Virginia, toda la demagogia fachirroja se ha desatado para criticar a los bárbaros norteamericanos por su tolerancia hacia la posesión privada de armas de fuego.
Como si las pistolas disparasen solas, la autocomplaciente Europa defiende el monopolio de la violencia por el Estado. Atención a lo aterrador del postulado. Un Estado que monopoliza la violencia ante sus inermes súbditos, como Stalin, como Hitler.

Y además, ese monopolio es imposible, y se demuestra todos los días. Así que todo se reduce a que si un moldavo entra en mi casa, me mata y viola a mis hijas, yo tengo que esperar pacientemente a que el Estado me defienda, pues es quien detenta el monopolio de la violencia. La violencia del moldavo no entra en ese mercado. Por lo tanto el resumen es que los malos tienen pistola, y los buenos a esperar pacientemente al guardia. Muy cristiano. Poco razonable: el Estado es tan enemigo de mi libertad que me impide defenderme. Ni siquiera cuando él no puede defenderme. Que el estado colabore así en el delito tiene hondo significado.

No voy a entrar a comentar la estrecha vinculación que la libertad histórica tiene con el pueblo en armas, a que alude el título, con la posibilidad de defenderse del tirano: la Inglaterra medieval, Suiza siempre, la Roma republicana, la España de 1812 eran naciones armadas, y su fruto fue la libertad, como lo es hoy en USA y en Israel. Pero si me gustaría destacar lo ridículo de dos postulados de la religión predominante en contra del derecho a defenderse: El argumento estadístico y el de facto.

El primero se resume en que la estadística demostraría que donde existe derecho a llevar armas hay más delitos. Es una estadística engañosa, como toda estadística, porque no llega a la razón de crimen de sangre, que desde luego no es la posibilidad real de defenderse, sino todo lo contrario. Que los números reflejen la peligrosidad de los barrios bajos de Detroit se relaciona por arte de birlibirloque con el derecho a llevar armas, cuando el extrarradio de París o las barriadas de Sevilla tienen un nivel de crímenes de sangre equiparables. Es como si se relacionase el crimen con la raza, pues de hecho el extrarradio de Washington o de Detroit son abrumadoramente negros. Si es una estupidez supina relacionar el crimen con el color de la piel, ¿por qué no lo es relacionarlo con la legítima defensa? La estadística no es ni remotamente una prueba científica de una relación de causa-efecto. Quien la establece es el memo que la interpreta a voluntad.

El argumento de facto es el demagógico por excelencia y se relaciona con el anterior: aprovecha horrendas tragedias como la de este asesino de Virginia para relacionar de facto, también por arte de birlibirloque, la legítima defensa con medios proporcionados a la agresión -es decir, el derecho a llevar armas de fuego para defenderse- con el delito, haciendo partícipes de la culpa del crimen a los que defendemos tal derecho. Repugnante, sí señor. El paradigma sería M.Moore y su bodrio "Bowling for Columbine", o como quiera que se escriba.
Resulta que estos crímenes proliferan ante gente desarmada: estudiantes, en ambos casos. Viandantes desprevenidos en otros (francotirador de Washington). ¿No os parece ridículo? es tan fácil de rebatir como mostrar que es raro que un asesino de estos se enfrente con quien tiene la posibilidad de repeler la agresión: cuando en un congreso de la policía, en una reunión de marines, o en una jornada lectiva en West Point entre un loco pegando tiros, retiraré mis palabras. Pero mantendré la conveniencia de saber defenderse, pues dificilmente asesinará a treinta personas. El cerdo morirá antes de disparar dos veces.

En fin, me consuela pensar que cuando un bosnio entra en casa de un fachirrojo y mientras le muele a palos para que le revele donde esconde un dinero que no existe, se complacerá el muy idiota en pensar en estadísticas, se regocijará de su alta civilización mientras le meten la cabeza en una bolsa de basura donde no puede respirar, confiará en el monopolio de la violencia por parte del Estado como los carlistas se fiaban de la virgen: fíate de la Virgen y no corras, les decía Espartero.

Como liberal aborrezco todo monopolio y desconfío del Estado. Imagínense lo que pienso del "monopolio de la violencia por el estado": equivale a la esclavitud, y el escarnio es que los esclavos se regocijan de ello. Que se fíen más del estado que de sí mismos es sintomático de una enfermedad terminal, de ignorancia histórica supina y de una confesión de inmadurez apenas disimulada.

Hay mucho rojo-carca, que apenas esconde su aversión a la libertad, incluso a la suya propia. Ya lo dijo el clásico: quien no esté dispuesto a defender su libertad, merece perderla. Piensen que la mayor de las iconoclastias, las más intolerable de las irreverencias frente a la religión oficial de Europa -la real: la corrección política- es la que yo he hecho hoy. ¿Son o no son cavernícolas estos progres?
Los feminoides eurofachas, no están dispuestos ni a defender la libertad ni a consentir que otros defiendan las suya. Europa parece una mujer maltratada que justifica a su agresor y se siente culpable. Maltrato que acabaría si ellas se pudieran defender, pero da tanta pereza, es tan incómodo, tan difícil, tan....americano. Por eso ofende también la reacción de otras maltratadas: deja al aire nuestra limitación y cobardía; las más implacables inquisidoras de las pocas mujeres musulmanas que se rebelan frente a la tiranía religiosa que padecen son precisamente las demás mujeres musulmanas. Por el mismo motivo Europa aborrece a una América que aún está dispuesta a defenderse.

Satán está entre nosotros, con cara de bueno y corazón podrido. Los fachirrojos se las han arreglado para vender que cierto odio a la Verdad y al Bien es "cool" y está justificado: odio a la libertad, a USA, a Israel, a la Historia de España, a todo lo positivo que ha hecho avanzar al ser humano. Amor a Castro, al Comunismo -santo cielo-, a los islamonazis: tienen cuernos y rabo, y están entre nosotros; por eso no quieren que nosotros tengamos pistola para defendernos. Los corderos han de morir, no defenderse.
Pues aquí hay uno que morirá, sí, pero no se quedará quieto.

miércoles, abril 18, 2007

LA "FAMILIA"

Vuelta de vacaciones, vuelta a una realidad, a veces agobiante, y gastados recuerdos que también vuelven.

Lo recordaré toda la vida. Parece haber pasado ya un siglo, y tan sólo hace menos de diez años. Fue en 1998, durante aquel juicio a la cúpula del Misterio de Interior durante los gobiernos de Felipe González, ese ex presidente que, algo más de tres años de gobierno de Rodríguez Zapatero van a terminar por hacer bueno –qué ironías acaba por gastar el tiempo-. Aquel juicio en el Tribunal Supremo fue el auténtico juicio contra los GAL, se sentaban en el banquillo Barrionuevo, Vera y los antiguos mandos del Ministerio y se les juzgaba por el secuestro de Segundo Marey, la primera acción reivindicada por los GAL, faltaba el number one, pero no entraba en el guión juzgar a todo un ex presidente del Gobierno. Algunos de aquellos pensaron que no tenían por qué comerse ellos solos el marrón y decidieron cantar, y apuntaron directamente a la cúpula de los GAL: González, Barrionuevo y Vera. Entre los que hablaron, se destacó Ricardo García Damborenea, el hombre fuerte de PSOE en el País Vasco, y “uno de los nuestros” hasta que decidió cantar. Recordaré toda mi vida aquel día, y eso que no existen imágenes, tan solo cintas de audio. El juez ordenó un careo entre Barrionuevo y García Damborenea. Damborenea, “Dambo” para los conmilitones de partido, acorraló sin piedad al ya ex ministro, y en esos momentos diputado socialista, fue de antología, un careo de manual, un Barrionuevo nervioso, casi histérico, a penas podía argumentar nada ante las contundentes acusaciones de Damborenea, perdió los papeles y en un momento de acaloramiento Barrionuevo dijo:
-¡Y yo no tengo, como usted, experiencia como delator!
Recuerdo haber dejado lo que estaba haciendo y haberme dicho: “bueno, pues se acabó”. Podía haber elegido cualquier otra palabra: mentiroso, embustero, falsario… y sin embargo el momento hizo que eligiera la única palabra que le acusaba a él y por extensión a todos los demás, a toda la “familia”. Delator: el que revela a la autoridad un delito.


Aquello acabó como acabó –corro de la patata incluido frente a la prisión de Guadalajara-, y casi diez años después uno estaría tentado a establecer paralelismos con el actual proceso del 11-M. Lamentablemente, los pocos que se pueden establecer son desazonadores y no invitan para nada al optimismo, más bien a todo lo contrario.
Que lo que estamos viendo no es el auténtico juicio del 11-M –como no lo fue el juicio contra Amdedo y Domínguez en los GAL-, es obvio. Pero en esta cuestión se acaban las analogías, cuando se juzgó a Amedo, estaba claro cual era el siguiente paso a dar, estaba claro que Amedo y Domínguez eran piezas necesarias en una trama elaborada desde el Ministerio de Interior, y que apuntaba sin lugar a dudas, “por acción u omisión” (IU, quién te ha visto y quién te ve), a las más altas esferas del Gobierno. Bastó que hablasen los “delatores” y todo se derrumbó, o al menos casi todo. Si algo parece claro en las múltiples tramas del 11-M, es su carácter fragmentario, parece como si alguien hubiera aprendido de los errores. A pesar de todo lo que se ha descubierto, existen demasiados cabos sueltos, demasiadas complicidades cruzadas, demasiadas cabezas de turco, y, si se me permite la expresión, demasiados peones sacrificados y sacrificables. Hay demasiada gente que sabe poco, y muy poca –me temo que demasiada poca- que sabe lo necesario.
Como en caso GAL, también el transfondo parece tener el mismo aroma: el maloliente tufo del terrorismo etarra, y las relaciones –todas ellas ilícitas-, que un partido ha pretendido tener con la banda terrorista: como vengador justiciero que negociaba con los muertos en la mesa, o como encubridor de posibles implicaciones que estorben (o delaten ante la sociedad) su, digamos, “proceso de paz”.

Pero es en un aspecto donde los paralelismos se hacen más evidentes, y por desgracia resulta ser en la peor de las cuestiones. Me refiero a algo que a día de hoy –a pesar del uniforme coro de agradecidos (o aterrados) turiferarios que denuncian conspiranoias absurdas-, resulta evidente: la implicación, y por consiguiente, la existencia, de elementos o tramas en las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado, que actúan de forma impune y obedecen consignas de partido, conformando un Estado dentro del Estado refractario a cualquier control ciudadano. Autentica “Cosa Nostra” que se ha mantenido intacta desde los gobiernos de González, que ha convertido en cortijo infranqueable determinadas áreas de la política de Seguridad, que ha actuado fuera de la Ley, que ha robado y medrado en connivencia con el poder político, que ha subsistido todos estos años de democracia y que ha encontrado en el PSOE su banderín de enganche con el poder. Está por ver cuál es el grado de implicación, pero con los hechos en la mano, parece decisiva su labor en la tergiversación de pruebas, y sobre todo, en aquellos días de confusión deliberada y desinformación que trascurrieron tras la masacre del 11-M. Evidentes son también los contactos más que estrechos con el entonces partido de la oposición, que poseyó en todo momento información que le fue hurtada al Gobierno y que supo aprovecharla convenientemente en su provecho en ese autentico aquelarre que culminó el 13 de Marzo. Resulta desazonador comprobar como muchas de las hebras que constituyen la compleja trama del 11-M, comienzan, terminan o rodean a miembros de las FFyCCSE. La “familia” se ha mantenido intacta, a pesar de las tímidas –humillantemente tímidas- acciones judiciales, se ha enseñoreado ante nuestras narices y pretende seguir haciéndolo.

Un Estado de Derecho que funcione se lo puede permitir todo, siempre acabarán depurándose responsabilidades, excepto una cosa: la existencia de un Estado Interior que actúe de forma impune, que se sitúe al margen de la Ley y que haga y deshaga a voluntad, siempre en beneficio de la “familia”, y respetando una “omertà” que les mantenga a salvo.
Con todo, lo peor no es la constatación de su existencia, si no la incapacidad del poder político para acabar con ella. ¿A qué se dedicó el PP durante ocho años de Gobierno? No hizo nada, prefirió mirar a otro lado, y no fue por desconocimiento. ¿Temor quizá, incapacidad? ¿O algo peor aún, pretendidas “razones” de Estado que justificasen la inacción?
A la hora de repartir responsabilidades, aquellos que ufanan hoy de la “excelente” gestión de los Gobiernos populares al frente de Interior, tendrán que rendir cuentas.

Vuelta de nuevo, the raw reality.

domingo, abril 15, 2007

LA LÓGICA SIEMPRE CONVENCE

Pedro Jota hace hoy unas revelaciones escalofriantes en su rollo dominical. Con ésto todo casa, todo se entiende, salen las cuentas de la historia. Lo único que extraña es que no lo haya dicho antes.
Todo lo que ha ocurrido en España desde hace tres años sólo se explica si González estaba en lo cierto. Y por lo que parece en el juicio, va a ser que sí. No deja de tener gracia que la incontinencia verbal de ZP le vaya a dejar con el culo al aire, que la información privilegiada de que disponía el PSOE haya llegado a su mayor enemigo -PJ- el mismo día de autos y por boca de ZP, y que González -la reina madre de nuestras desgracias- haya sido tan idiota de vanagloriarse ante ZP de su poder: vanitas vanitatis. Es la vanidad de hombres pequeños como estos la que nos está llevando a la ruina. Definición de gentuza.
Ahora bien, la verdad que se va sabiendo -y ésta lo es con la claridad de la luz del sol- demuestra que estamos en guerra. Nos quieren eliminar políticamente y si nos resistimos a dejar de ser ciudadanos, físicamente. No se avergüenzan sino que están orgullosos de sus crímenes.
Por eso la lógica explica que a la izquierda no le repugne aliarse con los etarras para conseguir que la derecha no gobierne, que desaparezca, que nunca haya existido. Su complejo freudiano autodestructivo lleva a España al abismo. Se hunden, y lo saben, pero han decidido abrazarse a España para llevarla al fondo con ellos. La maté porque era mía. Era suya, señor Polanco; señor González; señor ZP. Pero ya no lo es, y conociendo la historia yo empezaría a temer por sus vidas y haciendas.
Hay que ir a por ellos. Asesinos y traidores, fuera de España.

lunes, abril 09, 2007

DE REI DEMOSCOPICA

Después de leer la última encuesta que ayer publicaba El Mundo, dando la hipotética victoria electoral, aún hoy, a ZP, me pregunto si es posible convivir con la parte de España que a la pregunta de los encuestadores ha contestado que votaría por el Estúpido Traidor. Para convivir con alguien hace falta algo más en común que la simple habitación en el mismo terruño. Somos vecinos de bárbaros, no hablamos el mismo lenguaje. ¿Cómo vivir sin añorar tristes épocas en las que se permitió eliminar a ese otro? Seguro que ellos creen lo mismo, así que parece difícil sentar unos pilares para construir una casa en común. Sencillamente no nos toleramos. Los españoles nos seguimos aborreciendo con un odio irracional que escondemos bajo apariencia de ideales políticos. Al menos ellos son así, y a riesgo de pecar de autocomplaciente quiero decir que en eso son peores que nosotros. Ahora, si alguien te odia sin motivo, tampoco vas a sentirte culpable ni a evitar aborrecerlo por tu parte. En ese caso debes odiarlo y prepararte para la guerra.
Por otra parte no quiero dar la impresión derrotista que cariñosamente critico en nuestro socio Oswald. No. Por muy fuerte que sea la tentación de calificar de estúpidos a los estúpidos no caeré en ella. Sí tengo que reconocer que las encuestas son limitadas. Las respuestas posibles son pocas. Junto a A), B) y "C) no sabe/no contesta", debería el encuestador averiguar a cuántos de los que respondieron por A) o B) incluir en un último grupo oculto: "no sabe, pero contesta".
En principio son reacio a aceptar los resultados de toda encuesta que no sea la electoral. Es más, los resultados de ésta me parecen especialmente sospechosos, por razones que ahora no viene al caso enumerar, tanto políticas como personales de Pedro J., así que me voy a aventurar a hacer un pronóstico basado en lo que veo en la calle, cada día, en lo que siento en el aire, en lo que intuyo que barrunta el españolito común: me juego el poco prestigio de augur que me resta en apostar que las elecciones del año que viene -las municipales ni las considero- el PP ganará por mayoría absoluta, o casi.
Queda dicho, igual que las encuestas. Alea Jacta Est.

jueves, marzo 29, 2007

EL CUARTO

Habría que retroceder en el tiempo, hacía la época en la que se dieron los mitos fundantes de lo político en la concepción moderna, finales del XVIII. Quizá fuera Edmund Burke el primero en profetizar su importancia y pujanza, todavía era temprano, sólo era un atisbo y un alarde de perspicacia política, pero más o menos la cosa fue así:

En un discurso en la Cámara de los Comunes, Burke arremetía contra las viejas ideas conservadoras, en un determinado momento, señalando hacia la tribuna donde se solía colocar una prensa, todavía incipiente, dijo: “Ahí está el Cuarto Poder, y verán que sus miembros serán más importantes que ustedes, y se unirán en la cruzada por la libertad”. Como siempre, profético Burke, o casi.

Es un lugar común decir que un régimen de libertades es un régimen de opinión pública, un régimen que implica necesariamente la libertad de crítica al poder. Los medios de comunicación adquieren, por la misma dinámica de la situación, una función de control del poder y de sus abusos, proporcionando una información veraz e independiente, de manera que el ciudadano adquiera su propio juicio sobre la situación y obre en consecuencia. Información veraz e independiente y régimen de opinión pública, pero no régimen de opinión publicada. A nadie escapa la importancia que adquieren los medios de comunicación en las sociedades modernas, y mucho menos que a nadie al poder. Importancia como vehículos de transmisión de la información, pero sobre todo, como medios de generación de opinión. Las tensiones y relaciones, las más de las veces ilícitas, entre en poder y los medios de comunicación son tan antiguas como conocidas: intento del poder por controlar, amordazar o dirigir a los medios, pero también absorción de lo político dentro de estrategias mediáticas de control. La premonición de Burke se hizo realidad hace ya mucho, y los medios de comunicación han adquirido conciencia de su poder, un poder no constituido, pero sí detentado, a veces de forma implacable. Poder como generadores de opinión, como gestores de la realidad y como (in)formadores. Burke se equivocaba en su última afirmación, no siempre el Cuarto Poder se ha unido en la cruzada por la libertad.

Hace poco leía en un libro una encuesta realizada a periodistas de medios de comunicación norteamericanos. En ella, la mayoría de ellos, a parte de declararse políticamente como liberal (en inglés) -algo que en Europa es traducible como progresista-, declaraban que su función en la sociedad es fundamentalmente “crear un mundo mejor” y que la transmisión de la información es “secundaria o supeditada en todo caso a ese fin”. Tremendo, tiemblo al pensar en el resultado de la misma encuesta en España. Las consecuencias que se deducen de lo anterior, son como mínimo escalofriantes, porque bajo esa supeditación de lo real a lo político, o mejor, de lo real a lo ideológico, late el germen de la tiranía. Por otra parte, es cierto que la encuesta no revela nada nuevo, estamos cansados de ver cómo continuamente se generan noticias a partir de la materia prima de los hechos, cuyo cometido es reforzar determinadas concepciones de la realidad, que no pasan ser recreaciones míticas llenas de prejuicios, cómo el periodista se ve imbuido de una misión formativa –en la peor de sus acepciones- más que informativa y cómo la parcialidad y el sesgo se disfrazan de “compromiso informativo”. Tanto en Europa como en Estados Unidos, buena parte de los medios de comunicación se han erigido en portavoces y mantenedores de un ideario que, liberado ya de los corsés de una ideología finiquitada, se ha reconstituido bajo nuevas formas. Pierde el ciudadano, que está obligado a abrevar de unas fuentes que no se apartan un milímetro de la corrección política y de ese progresismo de nuevo cuño, ávido de paraísos oníricos que justifiquen prebendas y pretendidas autoridades morales. Gana ese nuevo (o viejo) periodista, que se presenta como nuevo tribuno mediático instalado en la mezquindad, la pereza y satisfacción económica. Pero sobre todo gana el nuevo empresario de medios de comunicación, que disfraza sus pingues beneficios con las nuevas ropas de diseño ideológico, fáciles de consumir, grandes ideales que obvian lo real y que constituyen un nuevo matrix bajo en calorías y rico en buenos sentimientos. Gana, porque el nuevo empresario ya no teme a las embestidas del poder, al contrario, es el poder político quien le teme y le necesita, de tal modo que acaba formando parte de la misma estructura empresarial, constituida, ahora ya sí, en verdadero poder político sin contramedidas.

Está en juego el monopolio de la opinión, las nuevas tecnologías, internet, está suponiendo una revolución. El medio de comunicación clásico está viendo cómo una parte de la población cada vez es más refractaria a sus propuestas, y que incluso no lo necesita. Peligro, suenan todas las alarmas. Ese segmento de la población ya no bebe ni vive en esa realidad tamizada y decorada por los gurús mediáticos, da la espalda a sus titulares editorializados, sus aquelarres televisivos y sus mítines radiofónicos. Son ciudadanos que están empezando a generar opinión por sí mismos, sin ayuda de nadie, y que incluso piensan sin temor a ser descalificados o demonizados por quienes profesan el credo progre de lo políticamente correcto. Es una guerra que acaba de comenzar, todavía es pronto para aventurar un resultado, y en mi opinión no habría que ser demasiado optimista. Pero el fenómeno es lo suficientemente importante como para que algún empresario intocable, pierda los papeles en una junta de accionistas ante el temor de no poder dejarlo todo “atado y bien atado”. El tiempo pasa, rápidamente.

domingo, marzo 25, 2007

LA SOLEDAD DE JUAN JACOBO

Muchas veces se intenta desprestigiar a la izquierda con el argumento de que su ideología nihilista no se puede reducir a una escala de valores; que utilizan éste o aquel argumento según les convenga para alcanzar el poder, que es lo que realmente les interesa, y por lo tanto todos sus argumentos son esencialmente mentira. No hay que atender a ellos.
Realmente es así. Sin embargo, no por ello hay que descuidar la posibilidad de rebatir esos argumentos, o de llegar a las raíces profundas de una forma de pensar - aunque quizá sería más adecuado calificarla de manía- que aqueja a gran parte de la población occidental. Eso es lo que yo pretendo ahora.
Uno de los argumentos recurrentes de los fachirrojos, que muchas veces elevan a la categoría de origen de su cosmogonía, de punto de partida de su visión del mundo, es la consideración del hombre como bueno por naturaleza, frente a la derecha, que según ellos, ve en el hombre un lobo para el hombre. Es decir, que la izquierda es de Juan Jacobo y la derecha, Hobbesiana.
No por repetido deja de ser este mito el más falso y fácil de rebatir de toda la mentirología izquierdosa: pero vamos a ver, buen hombre pijiprogre, si tanto confía usted en la bondad del hombre, ¿a qué defender la intervención constante del Estado?
Es precisamente al revés. La izquierda desconfía del individuo, al que en el fondo considera codicioso, egoísta, agresivo, insolidario, inculto y en fin, equivocado en todas sus decisiones individuales, que contra toda lógica, vendrían perjudicar al bien común, concepto éste que sólo la izquierda conoce, pues le fue rebelado, como es bien sabido, en el camino de Damasco.
El por qué la izquierda tiene esa concepción del ser humano sería otro tema -quizá porque cree el ladrón que todos son de su condición-, pero es indudable desconfía de las personas, del individuo. No otro sentido tiene su incesante, agobiante y ofensiva pulsión por la intervención del Estado en todos los órdenes de nuestras vidas. Por eso hay que machacar a los fachirrojos cada vez que el argumento se ponga a huevo: ellos consideran al hombre malo, mientras nosotros lo consideramos libre - y capaz de optar en cada caso por el bien o por el mal, con independencia de las circunstancias, lo que demuestra bastante más respeto por el Hombre- y nadie cree (ni nosotros ni ellos) que sea bueno per se. Así pues, Rousseau está absolutamente sólo.
Lo que es paradójico es que teniendo al hombre por alimaña perniciosa se fíen del Estado para reprimir sus perjudiciales decisiones. El hombre es impuro pero el estado es inmaculado. Eso no sólo demuestra un desconocimiento cómico de la Historia -que si algo demuestra es que quién es digno de la mayor de las desconfianzas es el Estado- sino falta de lógica y en el fondo, la arrogancia de la inmadurez: falta de lógica, porque el estado no son más que otros hombres, de los que esta vez sí, el fachirrojo se fía; y arrogancia, porque en el fondo el naziprogre se fía del Estado porque lo identifica consigo mismo: todo niño mimado se cree mejor que el resto, y arrastra rencor hacia los demás -que no se sabe cómo demuestran ser iguales o mejores que Él-, y miedo a competir, precisamente por lo mismo. El estado es el instrumento para someter a los demás a sus caprichos.
Es decir, igual que en América se dice que no tienen buena prensa los impuestos que gravan las rentas altas porque todos aspiran alguna vez a ser ricos, la izquierda europea no teme a Estado porque toda ella aspira alguna vez a dominarlo, y entonces no quiere frenos: tienen un alma totalitaria que les delata. Por eso su odio a Montesquieu y a cualquier atisbo de separación de poderes. Su odio, en definitiva, a la libertad de los otros, ofensa al Stalin que esconden tras la gabardina.
Además, el mito de Juan Jacobo tropieza con el segundo mito por antonomasia de la izquierda: los actos humanos no son libres, sino que están condicionados por el entorno, por la superestructura económica: es decir, el hombre sería bueno por naturaleza, pero no tanto como para no corromperse por el mercado y el capitalismo, que lo convierten en malo. Endeble naturaleza y mentira supina, pues si algo está claro es que en general los terroristas -desde Ben Laden hasta los etarras- no lo son por circunstancias económicas precisamente, además de ser un insulto a los pobres que revela su enorme egolatría. Pobres sí, pero asesinos no. Esta egolatría alcanza su cenit en la visión multiculturalista y autoflagelante del mundo y la política internacional, que considera todo el mal como culpa de occidente. Fachirrojos, que no tenéis tanta influencia, hombre. Racistas, eso es lo que sois. No todo depende de los blancos. Los negros y amarillos piensan y toman sus decisiones igual que ustedes.
Yo creo que toda la mentirología izquierdosa es realmente un intento de volver al antiguo régimen, al de antes de 1776, pero sobre el odio. Odio y rencor que el MAL ha escondido tras apariencia de bondad: se puede odiar al capital porque los pobres sufrimos tanto...Se puede odiar a occidente, porque el Sur sufre tanto...en definitiva, PERMISO PARA ODIAR Y SEGUIR PARECIENDO BUENOS, es el ángel caído que intenta convencernos de que los caídos son los de arriba. Y la prueba de que el odio y el rencor es la esencia de su pensamiento, y lo demás meras caretas, está en que los más pijiprogres son de familia bien, que ni han sufrido las miserias del mercado ni saben de la miseria más que por lo que intuyen en las películas -malas- de los Bardem. Son pijos que intentan hacerse perdonar haciendo como que tienen mala conciencia.
Rencor con cara de ángel, esa es la fuerza, pero también la debilidad, de los fachirrojos, porque ya nos hemos dado cuenta de sus mentiras, y sin careta su rostro es insoportable para el humano corriente.
De ahí el histerismo de Polanco, la tristeza de Rubalcaba, las salidas de tono de ZP: saben que han perdido, que no sólo ya no son los buenos, sino que su odio ya ha trascendido. Se hunden.

jueves, marzo 22, 2007

PREGUNTAS

Entender que la situación política en España es un síntoma de algo más profundo no deja de ser, por más que aclare las cosas, menos desazonador. Tampoco lo es el hecho de que sea una variante de aspectos mas generales que afectan a las sociedades occidentales desde hace tiempo -¿desde cuándo?-. Aun dándome cuenta de ello, me asaltan más preguntas que respuestas, preguntas que intento responder, si no para poner remedio a una situación que lleva su propia inercia, sí al menos para depurar responsabilidades en tribunales más o menos privados.

Porque entender el cómo no implica entender el por qué.

Cómo y mediante qué caminos una sociedad se autoaniquila, no parece una pregunta difícil de responder a poco que uno observe las actitudes y posiciones de una buena parte de nuestra sociedad. Actitudes que difícilmente se pueden revestir de ideología tras la caída del muro y el derrumbe del socialismo real, porque en mi opinión, esta enfermedad degenerativa hunde sus raíces en el tiempo, en un siglo veinte desquiciado cuya brevedad sólo es comparable a la magnitud de los cambios. Hubo un tiempo, no hace mucho, en el que una ideología dio cobertura a un sentimiento de destrucción que, de forma más o menos declarada, latía bajo ella. Era fácil, bastaba con aprender determinados códigos lingüísticos, creer en paraísos oníricos y, merced a ellos, optar por hacer tabula rasa, apartar todo aquello que impidiera su consecución. Acabar con todo lo viejo –por viejo- y adoptar valores nuevos. Si uno se envolvía en esa cobertura ideológica podía quedar a salvo de la crítica y auparse en pedestales de pretendida autoridad moral, bastaba para ello la retórica, y tener estómago, claro. Reflexionando sobre aquello, he llegado a la conclusión de que el derrumbe del socialismo real fue una tragedia sobre todo para la llamada izquierda moderada, aquella que gravitaba, “compungida por las injusticias”, en torno a los paraísos oníricos, sin mancharse las manos pero justificándolo todo porque siempre encontraba las causas.

Pero ya todo aquello acabó, y ya no queda nada. El rey está desnudo y ya no queda nada con que cubrirse, los harapos intelectuales con los que se cubre ahora la izquierda a penas tapan nada, queda lo que en todo momento estuvo debajo: el odio. O el autoodio, si se me permite la expresión, porque de eso se trata, del odio a uno mismo, a valores que creíamos irrenunciables, odio a la propia identidad, odio a la libertad… De manera que entendemos el cómo: entendemos cómo parte de la sociedad, española y occidental, no sólo renuncia a defender, si no que incluso ataca de manera deliberada aquello que nos define como tales: como españoles, como occidentales. Y no sólo eso, uno puede sentir incluso el odio que rezuman tales actitudes, la autentica saña con la que se atacan y persiguen, cada vez de forma más explícita, esos principios. De hecho, ya no existen paraísos a los que acudir, alternativas que ofrecer por absurdas que resulten, ya no queda nada, a parte de una pulsión autodestructora.

Tras un multiculturalismo estúpido, que iguala todas las culturas excepto aquella que lo hace posible; un antiamericanismo paranoico, trasunto de un antisemitismo que se disfraza utilizando fórmulas retóricas; tras la sustitución de lo racional por lo emocional, que ensalza como valores el miedo y la derrota; tras el pisoteo de la verdad objetiva y la realidad como objeto de conocimiento, y su sustitución por un relativismo conceptual o deconstrucción postmoderna; tras la fobia a hablar y defender conceptos o ideas que preceden –y sostienen- cualquier ordenamiento jurídico digno de ser apoyado… tras todo eso, existe una pulsión autodestructiva, una dinámica del autodesprecio que amenaza con extenderse, y que a falta de ideología, se revestirá con los oropeles de la modernidad (o postmodernidad) y la vanguardia, con el encanto del progreso social y la exquisitez de la corrección política.

Entendemos pues el cómo. Pero resulta difícil responder al por qué. Me acusan, y con razón, de hacer preguntas que quizá no tengan sentido, de dar demasiadas vueltas a las cosas. Pero aunque sólo sea por curiosidad, me gustaría entender por qué ha sucedido esto, qué causas han hecho posible este autoodio, cada vez menos disimulado, cada vez más evidente. Dónde tuvo el origen, qué acontecimientos lo desencadenaron y por qué persiste y se enseñorea.

Entre 1914 y 1945 algo se rompió, algo que quizá sea imposible de reconstruir, algo que terminó con Europa y que amenaza con corroer a la única parte del mudo libre que todavía tiene capacidad de reacción, algo a lo que quizá no se le dio demasiada importancia en su momento y que ha ido extendiéndose como un cáncer a lo largo del pasado siglo XX. Algo que se diagnosticó en estado de metástasis una mañana, de golpe, un once de Septiembre de 2001.

Demasiadas preguntas. Y pocas respuestas. Como siempre.