"La voluntad nacional es una de las palabras de las que los intrigantes de todos los tiempos y los déspotas de todas las épocas han abusado más. Unos han visto su expresión en los sufragios comprados por algunos agentes del poder; otros en los votos de una minoría interesada o temerosa, y los hay, incluso, que la han percibido plenamente formulada en el silencio de los pueblos y han deducido que del hecho de la obediencia nacía para ellos el derecho de mando"

A.Tocqueville, "La Democracia en América"

jueves, noviembre 29, 2007

EL DILEMA POSMODERNO

En pendiente cada vez menos suave nos deslizamos hacia el inevitable dilema nacional, más aún, continental, más aún, occidental:
¿QUÉ OCURRE CUANDO LA DEMOCRACIA SE CONVIERTE EN ENEMIGA DE LA LIBERTAD?
Cuando los dictadores se valen de las urnas, ya sea descaradamente, como Hitler, como Chavez, Evo y cía, ya sea sibilinamente y escondidos detrás de toneladas de maquillaje mediatico y amparados por oscuros intereses, como ZP, ¿Qué hacemos?
El terror, que ganó las elecciones que llevaron a ZP al gobierno es forma típica de la tiranía, sólo que en su perfección posmoderna en España ha llegado a su máxima expresión: El tirano es hijo, fruto y huida del terror. Y los que lo votaron...ahora que se acuerden y apechuguen con su conciencia. Si la tienen.
El rencor es siempre la raíz de toda tiranía. La ideología del odio, por excelencia, es la izquierda: odio de clase, odio tribal, odio al otro, siempre peor que el arrogante progre. Por eso son amigos de todos aquéllos a los que el odio inspira toda su vida: amigos de los tiranos hispanoamericanos o musulmanes; amigos de los nacionalistas que odian España, amigos de todos aquéllos que odien la Libertad, que odien a USA, que odien a Israel. El odio les une, porque es su común inspirador.
En la derrota, altivez
en la victoria, magnanimidad.
En la guerra, resolución
Y en la paz, buena voluntad
Tal era el lema de Churchill. Estamos en guerra. No corramos, como él, el error de anunciar que seremos magnánimos, porque venceremos pero esta vez, seremos implacables. La libertad es un tesoro de nuestros descendientes por el que merece la pena pagar cualquier precio.

lunes, octubre 01, 2007

MORAL COMBATIVA

Lo prometido es deuda:
La diferencia entre el pensamiento débil y el pensamiento fuerte es en principio más formal que sustancial.
El pensamiento débil es dialéctico, busca diálogo y admite la transacción, por lo que legitima todo o parte al enemigo. Ejemplo de pensamiento débil, la actitud de ZP en política exterior. Dialogar y estar dispuesto a pactar con las islamofascistas es derrotismo, apaciguamiento de la peor especie, y en último término, colaboracionismo. Y es lógico. Buscan los naziprogres la paz sucia, la rendición preventiva sacrificando la libertad y los valores occidentales en el altar del pacto con el Maligno con turbante, pues en el fondo les importan un carajo la libertad y occidente. No son de aquí.
El pensamiento fuerte, por oposición, da el justo valor a sus propios principios como el mayor de los tesoros, y no está dispuesto a ceder ni un ápice. El ejemplo más claro sería Churchill durante 1940 y parte de 1941: con todas las de perder, "no nos rendiremos jamás".
Paradigmáticamente, los naziprogres en el ámbito de la política interior mantienen una postura claramente enmarcada en el pensamiento fuerte: no están dispuestos a ceder nada al enemigo -el PP en nuestro caso- y están prestos a hacer lo que sea para hundirlo. Para ellos es el mal absoluto, y hasta la ETA es preferible a los odiosos liberales. La libertad es su enemigo, y en esta lucha no están dispuestos a transigir.
Mientras, los petardos peperos no saben, o no quieren, o no pueden: parecen señoritos de provincia preocupados en conservar la postura pinturera, en hacer toreo de salón. Les falta en absoluto moral combativa. Sí la tenía Aznar, pero el PP la perdió en el camino, por culpa de mismo Aznar: la oportunidad de aplastar a Polanco -que Cascos tuvo a huevo- y de devolver la independencia a la justicia - que malogró el malhadado Michavila- fueron la derrota simbólica de la libertad, después de cierta prosperidad temporal.
Corren malos tiempos para la Libertad, para occidente, para ROMA. Yo os convoco para calladamente cambiar nuestro pensamiento débil por el fuerte, por recuperar absolutamente la moral combativa. Recordemos a los monjes guerreros del principio de la edad Media. Ese es el espíritu que nos conducirá a la victoria.
Lo atractivo del pensamiento débil es que proporciona cohartada a nuestra cobardía. Es una escapatoria falsa pero fácil ante un problema difícil, cuya única solución verdadera nos da miedo.
El miedo y el odio, como hijos del Mal, han ganado el espíritu de los Españoles. ¿Y los nuestros?

domingo, septiembre 16, 2007

ODIO Y PENSAMIENTO DÉBIL

Llevo tiempo pensando que la única ventaja comparativa que presenta el llamado "progresismo" frente a la verdad es su enraizamiento en el odio. Miren a los nacionalistas, socios, hermanos y aliados de los socialistas, y en el fondo, camaradas frente al enemigo común (la libertad): el odio que sienten lo justifica todo, es lo que les guía y de hecho, en una pirueta lógica muy brillante, lo que les justifica.
Es el odio el motor y origen de la izquierda, y paradójicamente, lo que les hace fuertes y su baza en la mercadotecnia política. La ideología de izquierda permite y justifica el odio. Se basa en el rencor ciego, y por ello tiene algo de satánico. E igualmente por ello, anida con facilidad en el corazón de los peores.
Ser de izquierdas implica ser "de los buenos" siempre frente a algo, usualmente ficticio, que es dable odiar. Casualidad no será que el bloque retroprogre tenga querencia por Castro y por Chavez, por el Islam y por el Nacionalismo. Común denominador de toda esta gentuza es el odio. El odio irracional contra la libertad y contra occidente. contra todo lo que representa Luz en la historia. Odian a España, a USA, a Israel, y lo que es más grave, Satanás ha conseguido invertir en demagogia, y el resultado es que la putrefacta mente y la corrompida alma del izquierdoso se complace de su odio y se justifica como bueno: es puro odiar al PP; no a la guerra (por la libertad) si al terrorismo (contra la libertad).
-Sométete, ROMANO, pues los ángeles caídos te tenemos rodeado.
Y sin embargo, cierto tufo a pensamiento débil me lleva a pensar que la victoria del odio es imposible. La debilidad, la cobardía y la arrogancia de niño malcriado que todo fachirrojo lleva dentro le hacen un enemigo incordioso, persistente y muy pesado, pero no peligroso. Afirmo que cuando Occidente recupere conciencia de su superioridad absoluta, noción de su historia y de su lugar en la tierra, el cáncer fachirrojo será eliminado del mapa.
La libertad es el don del SUPERHOMBRE, y las cadenas nada pueden contra él.
Próxima entrega: distinción entre pensamiento débil y fuerte, y fuerza de la debilidad: Segunda arma del Maligno. Como anticipo, escuchad ésto ("nuevo aniversario del 11/s"): Gracias, Pacobetis. Yo no sabría decirlo mejor.
PD:- Status Civitatis cumple un año. Felicidades a todos. Somos pocos, pero no podrán con nosotros.

lunes, septiembre 03, 2007

ROSA

Querida Rosa:

Perdona que te vuelva a escribir, no vayas a pensar que soy un pesado. No espero contestación y sé perfectamente que esta carta no la leerás, como no leíste la anterior, hace ya casi un año… cuánto tiempo. Verás, no sé si conoces una novela de Saul Bellow, Herzog: el protagonista, una especie de superviviente del caos doméstico que se desarrolla en su vida, y que se adentra en la madurez con un equipaje de decepciones que sobrelleva con ironía, pasa el tiempo escribiendo cartas que nunca envía y que jamás serán leídas, cartas a amigos y enemigos, pero también cartas a gente famosa, presidentes de los Estados Unidos incluidos. Toma esta carta de la misma forma, una carta jamás enviada, escrita por alguien que malgasta su tiempo de esta manera, y por qué no, también cargado de decepciones que sobrelleva como puede.

El otro día te vi por la televisión Rosa. Ibas vestida de rojo, impecable, mostrabas tu carnet de PSOE, dijiste que lo lucías por última vez en público porque te ibas del partido, aunque no pensabas desprenderte de él. También dijiste que nunca dejarás de ser socialista, que por eso lo hacías, y que te ibas para formar un nuevo partido donde defender tus ideas socialistas. Te vas por fin de un PSOE que apesta, bien lo sabes Rosa, te alejas de aquellos que compartieron contigo mesa y mantel, de los que hasta no hace mucho eran tus compañeros, tu “familia” socialista. Ahora te desprecian, ya ves, dicen que lo veían venir, que hacía tiempo que le estabas haciendo el juego a PP. No, eso no verdad Rosa, “soy socialista”, lo dijiste el otro día varias veces, para que quedara bien claro. Te vas Rosa, abandonas el barco, y desprecias la mano que te ha dado de comer todos estos años. Eres valiente Rosa. Déjame decirte que tu gesto te honra, porque te niegas a quedarte callada, a que tu silencio sea cómplice de la infamia, te honra porque te niegas a bajar la cabeza como muchos de tus compañeros, que asienten y no dicen nada, a cambio de un cómodo lugar en alguna lista. Pero sobre todo, tu gesto te honra porque sabes, también como yo, que tu carrera política ha terminado, que has decidido poner el punto final, a pesar de la ilusión con que hablabas de tu nuevo proyecto. Hace casi un año (cuánto tiempo, verdad Rosa) decidiste dar el primer paso, te enfrentaste a la dirección de tu partido, dijiste que ya era suficiente, que había que decir bien alto que deriva que había tomado tu partido, y especialmente tu presidente Zapatero, no sólo era un suicidio, si no, sobre todo una traición. Y lo dijiste con claridad, sabiendo que a partir de ese momento ibas a ser una apestada para tus compañeros, sabiendo que tenías un largo y doloroso camino por delante. Sí, ya sé que hace mucho tiempo de aquello, pero déjame que transcriba aquella carta que te escribí entonces, la dejé escondida en un blog, y hoy ya no es más que un torpe recuerdo carcomido, un desconchado en una pared que pronto volverá a ser pintada.

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Lunes, 27 de Noviembre de 2006.

Se por lo que estás pasando Rosa Díez, créeme que lo sé. No es compasión lo que me mueve a escribirte, compasión sólo la pueden tener aquellos que perdieron a sus seres queridos, y aún así me parece un sentimiento algo obsceno –prefiero el apoyo sincero y echar una mano antes que la compasión. Déjame, sin embargo, que te diga algo, me mueve quizá cierta admiración por la entereza que demuestras ahora –cuánto tiempo el perdido-, frente a la soledad en que te encuentras.

Es duro toparse con la realidad, pero ya has visto cómo están las cosas. Has dicho basta, te tomaste tu tiempo, demasiados recuerdos que ahora se tornan dolorosos acaso. Algunos no tienen ni recuerdos, jamás han tenido memoria, tan sólo una fría mirada de reptil que se ilumina cuando vislumbran a la presa. Durante un tiempo, los despreciasteis, pretendisteis poder controlarlos, ¿quiénes eran? Nadie, burócratas de partido que obedecían órdenes. Ahora, ya ves Rosa, ahora controlan tu propio partido, se enseñorean ante vosotros, los apestados, pasean ufanos su indiferencia ante el dolor ajeno, inmunes ante cualquier mínima consideración de dignidad moral. Sí, ya lo sé, el poder, me dirás, el poder corrompe. Quizá lo sepas mejor que yo Rosa, has probado el sabor del mismo ¿recuerdas? Qué tiempos aquellos en que gobernabais junto a los incubadores de la serpiente, ¿por qué lo hicisteis? ¿Por el poder? Sí, es cierto, el poder puede corromper. Pero hay algo más, la miseria moral de aquellos que se llenan la boca de términos grandilocuentes, aquellos que exhiben la jactancia del imbécil. El mal, adquiere múltiples formas, la banalidad quizá sea la peor de todas. Ahora pretenden gobernar, no con los incubadores, si no con la misma serpiente, os han dado la patada. Al final han sido más listos, qué ironía verdad, sólo tuvieron que esperar su turno, vosotros les dejasteis.

Has dicho basta, Rosa, eso te honra. Has dado el primer paso, el decisivo, el que jamás darán algunos, por mucho que la realidad les contradiga, son incapaces. Te has plantado y ahora te encuentras sola ¿hace frío verdad? Sé que no te volverás atrás, que eres valiente, que tu decisión es definitiva, puede que acabe con tu carrera política; te admiro por ello. Pero he de decirte que te espera un largo camino, te espera tu particular vía crucis. Ignoro si te atreverás a recorrerlo o si pretendes quedarte donde estás ahora. Te advierto que es un camino duro, doloroso –sobre todo doloroso-, pero si lo recorres, puede que logres algo de sosiego. Es tu decisión, eres tú quien debe tomarla. Suerte.

Atentamente:

f.

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¿Y ahora qué Rosa? ¿A dónde pretendes ir? Hace frío hay fuera, mucho frío, quizá más del que te esperabas. Puede que hayas decidido terminar con todo esto de una manera gloriosa, intentando renacer como un ave fénix de las cenizas, sabiendo que quizá ya todo acabó para ti, mostrando orgullosa tu canet del PSOE y afirmando tu condición de socialista sin mancillar, puntualizándolo, sobre todo para que no se te malinterprete, claro. Me temo que sabes que el barco que has elegido se hundirá sin remisión, que el estrecho margen en el cual has elegido vivir acabará ahogándote. Perdona, soy un ignorante el política, quizá me equivoque y sea esa la mejor manera de acabar con aquellos que hoy manejan tu ya ex-partido, quizá, pero sí se que algunos de tus compañeros siguen ahí fuera, pasando frío, apestados, y soportando que les acusen de todo, incluso de aquello que a ti no te gusta oír. En cualquier caso Rosa, déjame que reitere mi admiración, por tu coraje, y por no haberte callado. Y permíteme que te siga deseando suerte.

Atentamente:

f.

(Publicado por fermat AKA pirx)

domingo, julio 15, 2007

YO, EL PUEBLO

Historia de una mutación.

Generalmente sucede en domingo. Suelen ser días tranquilos, tras todo ese fárrago de las semanas previas, toda esa cacofonía que parece quedar muy lejos, casi olvidada: mítines a los que acuden los mismos; conexiones en directo oportunamente estudiadas para que se diga la frase, la idea, se oiga el aplauso entusiasta, se agiten las banderas de forma coreográfica…; noticias al respecto en la radio, la televisión, la prensa; espacios gratuitos en los medios que nadie ve, ni oye, y que todos pagan; quizá alguna vez, y tras arduas negociaciones, se pueda ver –con más morbo que interés- el ansiado combate, dicen que dialéctico, entre los dos grandes candidatos; en fin, la ceremonia mediática de siempre.

Ese domingo, quizá, uno se levante, y a pesar de todo ello, se decida por ir. Lo cierto es que a juzgar por las estadísticas no resulta un bicho raro, al contrario, de manera inexplicable acaban siendo mayoría los que acuden, a lo sumo, con suerte, cruce con algún otro despistado una mirada de asombro y ¿resignación? No quizá solo sea… cansancio. Uno se encuentra dentro, la gente anda de aquí para allá con unos sobres en la mano, e intenta convencerse de que lo hace por otros motivos, de que en nada influye en su decisión todo eso que gritan y proclaman autosatisfechos ellos, de que jamás ha entendido (o sí lo entiende, y por eso le rechina) qué es todo eso del “deber ciudadano en un día como hoy”, de que lo hace por una cuestión de ¿emergencia? Sí, eso debe ser, porque de otra forma, si todo fuera anodinamente normal, bien a gusto se hubiera quedado en casa, a demás un domingo, leyendo algo, o siguiendo acostado plácidamente con la parienta (o el pariente, o sólo), o preparándose con todo el tiempo del mundo un almuerzo pantagruélico, o yendo a la playa, o… tantas cosas. Pero una vez dentro es como si hubiera caído de nuevo en una trampa, la misma trampa de siempre, y parece como si no hubiera ya vuelta a atrás.

Lo cierto es que todo invita a la desconfianza. Uno tiene que elegir entre un montón de papeletas repletas de nombres que a penas conoce, a lo sumo cinco o seis entre centenares. Escoge una, no por le guste, o porque se sienta… cómo se dice… ¿representado?, por los candidatos, si no porque siente que todo va fatal, que algo habrá que hacer, y que su decisión casi es como un acto de autodefensa, al menos así piensa cuando coge la papeleta y decide por última vez si no será mejor irse a casa.

Quiénes son, conoce al primero de la lista, a lo sumo al segundo y poco más. Los demás, ¿qué hacen? ¿Quién les ha puesto en la lista? ¿A qué se dedican? Pero no puede hacer nada, no puede tachar algún nombre, ni romperla por la mitad (¿para qué tantos?), ni añadir alguno de otra lista, tan solo le queda doblarla y meterla en el sobre, sacar el DNI y guardar pacientemente turno.

Quizá durante esos breves minutos le asalten nuevamente las dudas, y se pregunte cosas, las esperas en las colas suelen ser terribles. "¿Creerán estos cuyo nombre aparece en la lista que les voto a ellos?" "¿Dirán si son elegidos que he depositado mi confianza en ellos? Cómo si la confianza se pudiera “depositar”, como si se pudiese confiar en alguien en quien no conoces, ni sabes qué hace". "¿Proclamarán que son mis representantes? ¿Ante quién? ¿Mediante qué contrato?" Pero no hay tiempo para más, la cola avanza y llega su turno. Alguien le pide el DNI, coge su sobre ("¿ni si quiera puedo meterlo yo?"), y tras comprobar que existe y es real, introduce el sobre en una urna y dice: “Fulanito de Tal, vota”. Y ya está.

Ya está sí, no te das cuenta, pero de manera imperceptible, casi a traición, se ha producido en ti una mutación. Fulanito (o Fulanita) de Tal ha dejado de ser quién era, y en ese preciso momento forma parte ya, perdida toda la individualidad que hasta hace unos minutos le caracterizaba, de un magma misterioso, al que todos adoran, en especial aquellos cuyo nombre aparecía en las papeletas, un magma semidivino (o divino), formas parte de EL PUEBLO, algunos algo cursis y afectados también lo llaman LA CIUDADANIA (así en femenino, quizá por aquello de la cuota). Te dices que no, que nada ha podido cambiar, que sigues siendo quien eras, alguien autónomo, con opiniones propias, más o menos equivocadas pero tuyas, con una vida privada que es lo que más valoras, alguien que piensa que lo público cuanto más pequeño, mejor (y nunca es demasiado pequeño), con una libertad individual que opinas que nadie, ningún estado, ningún gobierno te la puede tocar mientras respetes la ajena. Pero no, resulta que no es así, de forma misteriosa te das cuenta, mientras regresas a tu casa, que algo ha cambiado, para mal. Como si fuera una náusea, te das cuenta de que ya no eres como antes, o peor, de que para algunos, para aquellos que hasta hace unos días gritaban estupideces tras un atril, has dejado de ser quien eras, y ahora sólo eres un átomo indistinguible de eso que llaman EL PUEBLO.

¡Ah EL PUEBLO! Es un ser indestructible, decide, ordena, concluye, sanciona, condena, otorga preces y patentes de corso, y sobre todo (y eso se encargan de dejarlo claro aquellos que más lo adoran): jamás se equivoca. Sus decisiones (decisiones de quién, “DEL PUEBLO, por su puesto”) son inviolables, legítimas, justas, limpias, una vez que EL PUEBLO habla (¿hablar? ¿Puede opinar y hablar como una persona?), su decisión es sagrada y nada más se puede decir.

Afortunadamente la mutación dura poco tiempo, el suficiente para decirte que no lo volverás a hacer, sólo hay que tener un poco de fuerza de voluntad y no dejarse llevar por la corriente, que casi siempre suele convertirse en aquelarre, o en bacanal de “legitimidad”. Aunque a veces es difícil, sobre todo cuando algunos deciden que son EL PUEBLO, y habla cuando le da la gana, a golpe de SMS’s y expulsando a la mitad de aquellos que también pagan impuestos, un sábado por la tarde.


Cuánto daño ha hecho ese imbécil ginebrino de Rousseau.


Publica, Pirx (Also Knows As fermat)

viernes, junio 29, 2007

OBJECION

Aquellos de mi generación, los que andan por la treintena, recordamos la época en que la objeción de conciencia al Servicio Militar era un hecho generalizado. Ni que decir tiene que los motivos reales de cada uno resultaban de lo más variados, incluidos los propios motivos de conciencia, en mi caso he de decir que acabé haciendo el Servicio Militar, más por cuestiones de comodidad y tiempo, que por convicción. Pero una cosa quedó clara tras aquellos años: la objeción, acabó con el Servicio Militar obligatorio, dejando paso a unas Fuerzas Armadas profesionales, el primer Gobierno de Aznar vio con acierto que no cabía otra opción. De todo ello me interesa resaltar una cosa, a pesar de los variopintos motivos que cada cual tuviera para objetar, se respetó un principio que queda implícito en cualquier sistema de libertades: el derecho a la objeción por motivos de conciencia.

Que esto es así es evidente, sin embargo, conviene resaltarlo precisamente ahora, cuando se matiza, o directamente se cuestiona, este derecho con motivo de las críticas del actual Gobierno a aquellos padres que deciden objetar respecto a la polémica asignatura que se quiere implantar en la nueva, y ominosa, reforma educativa: la Educación para la Ciudadanía.

Sí, existen barreras infranqueables, barreras que ningún Gobierno tiene el más mínimo derecho a traspasar pretextando cualquier motivo, barreras que salvaguardan la esfera del individuo y definen su libertad, no reconocerlo es acabar con el principio de libertad. Alegar motivos de conciencia para impedir que los propios hijos sean educados bajo un determinado prisma moral cuya adopción o no, en nada afecta al ordenamiento constitucional, es un derecho inalienable, le guste o no al Gobierno; le guste o no a aquellos que defienden esas opciones morales. Si se reconoce el derecho a no realizar el Servicio Militar por motivos de conciencia, se debe igualmente reconocer el derecho a educar a los propios hijos en aquellos valores que los progenitores consideren oportunos, sean éstos “políticamente correctos” o no. Repito es un derecho inalienable, y es algo que pertenece a la esfera en la que ningún Gobierno, ni puede, ni debe, meter las narices jamás.

Bajo todo ello laten dos cosas importantes, una primaria, y otra de fondo, y que a mi juicio definen un ideario, que no ideología, liberal: la diferencia entre educar e instruir; y la delimitación entre vida privada y legislación.

Respecto a la primera, la distinción es básica. Puede ser competencia de un Estado, y por tanto puede legislar al respecto, la instrucción de sus ciudadanos, es decir, la adquisición de conocimientos mínimos en determinadas materias que le capaciten en su vida profesional o intelectual. Y digo puede, ya que a día de hoy, nadie me ha demostrado la absoluta bondad de un sistema público de enseñanza, pero eso es otra cuestión. Educar es otra cosa, implica la adquisición de valores, la adopción de un código moral y de conducta, una determinada manera de entender la vida y las relaciones entre personas. Y eso es algo que únicamente pertenece a la esfera individual, al ámbito privado, algo que ningún Gobierno puede condicionar, ni perseguir, ni silenciar. Educar, por tanto, a los propios hijos en aquellos valores que los progenitores consideren adecuados, es un derecho y una responsabilidad de los mismos, no teniendo el Estado nada que decir. Puede suceder, que determinados valores puedan chocar con un ordenamiento constitucional comúnmente adoptado, o cercenar libertades individuales, pero para estos casos están los tribunales de justicia que, en su caso, tendrán algo que decir. Cuando un Estado educa; adoctrina, condiciona y, por tanto, se abroga atribuciones que no tiene. El Estado puede instruir, pero no educar, hacerlo sería inmiscuirse de manera intolerable en la vida privada de los ciudadanos, condicionar los modos de vida que libremente han elegido, y tomar partido en cuestiones en las que ni puede ni debe hacerlo. Las relaciones de ciudadanía, que aseguran el ámbito privado, desaparecen, y son sustituidas por relaciones de “parentesco” que uniformizan a la vez que excluyen.

Esto último está en íntima relación con una cuestión de fondo que distingue y define de alguna forma el ideario liberal: la demarcación entre esfera privada y legislación. No se puede, ni se debe legislar todo, al contrario, el ámbito de lo legislable debe ser un “mínimo común denominador” que asegure la convivencia, y no sólo eso, debe sobre todo asegurar la libertad individual, protegiendo, por tanto, los modos de vida y actuación que cada individuo ha decidido elegir sin perjuicio de la libertad de los demás. Así pues el Estado no patrocina, ni promueve ningún valor, no legisla sobra nada que afecte a la vida de los individuos salvo en la medida que se puedan cercenar libertades ajenas, debe asegurar la libre expresión de voluntades y modos de vida, y no condicionarlos. Está claro que las distinción entre ámbito público y privado es difusa, pero que la frontera sea difusa no implica de ningún modo que no exista distinción alguna. Siempre existirá una zona de solapamiento sobre la que se podrá discutir, pero cuestiones tales como la moral, o los valores, pertenecen sin ningún género de duda al inviolable ámbito privado.

La idea de fondo de aquellos que promueven la implantación de la citada asignatura, o algo mucho peor, de aquellos que pretenden “educar en valores”, es confundir, de manera deliberada, educación e instrucción, equiparando de alguna forma, pongamos por caso, la divisibilidad de un polinomio, con la correcta actitud a tomar en la problemática de la eutanasia, algo sobre lo que no hay una respuesta clara y compete a la conciencia de cada individuo. Es una confusión que pretende hacer pasar por conocimiento aquello que no lo es, aquello que en todo caso es opinable y sobre lo que existen diferentes maneras de verlo y vivirlo, en principio respetables en la medida que no cercenen libertades ajenas. En definitiva, confundir educación e instrucción, es adoctrinamiento.

Es un error, error interesado, plantear la polémica que se ha abierto al respecto, como un enfrentamiento entre el Gobierno y una determinada confesión religiosa, en este caso la Iglesia Católica. Es algo cuya implicación supera este enfrentamiento, algo que he intentado explicar en estas líneas. Yo, particularmente, no soy creyente, diverjo de muchas de las posturas de la Iglesia sobre diversos temas, pero considero que la opción que han tomado muchas familias, en su mayoría católicas, al respecto, es no sólo digna y respetable, si no necesaria, algo que les honra como ciudadanos, por que de eso se trata, de ciudadanía.

Terminaré citando a un famoso jacobino, y lo citaré sin ironías y con pleno conocimiento de causa:

“La vida privada del ciudadano, no la turbéis.”

Louis Antonine Saint-Just.


Publica: Pirx (Also Knows As: fermat)
Extracto de la entrada Vigilar y adoctrinar. Argumentum ad Absurdum

viernes, junio 08, 2007

SI YO FUERA ETARRA

Si yo fuera etarra hubiera hecho lo que ellos.
Para exprimir un limón es necesario cortarlo por la mitad, primero exprimir uno de los semiconos, luego el otro. Supongo que los etarras, que no son idiotas ni lo parecen, han calculado los tiempos: el derrotismo de ZP les permite ganar, pero para apurar hasta las heces este cáliz, hasta ZP necesita tiempo. Una legislatura no basta para deshacer el Estado y la Nación, por endebles que sean. Así que han decidido darle a ZP la posibilidad de otra legislatura, para exprimir la otra mitad de su limón.
En los ocho meses que quedan hasta las generales, ZP poco podía entregarles: para estos primeros cuatro años habían pensado en volver al poder municipal y al presupuesto, en rearmarse y respirar, cuando estaban en las últimas boqueadas. Y eso ya lo han conseguido. El premio gordo, ZP no se lo puede dar ahora. Jurídicamente, la independencia y Navarra están aún fuera de su alcance. Por eso han jugado su baza: ZP hará como que los persigue con gran dureza, hasta puede que deje a De Juana que se mate -mejor para todos- y así recuperará parte de ese prestigio que ya no tiene. Con eso, el empuje de los medios fachirrojos y la estupidez de la progresía tienen una oportunidad. Sin eso, tenían casi todo perdido.
Y de hecho, aunque ZP no gane otra vez, ya habrá ganado ETA mucho más de lo que jamás pensó, gracias a sus años en Moncloa.
Y los que vengan detras, que arreen.