"La voluntad nacional es una de las palabras de las que los intrigantes de todos los tiempos y los déspotas de todas las épocas han abusado más. Unos han visto su expresión en los sufragios comprados por algunos agentes del poder; otros en los votos de una minoría interesada o temerosa, y los hay, incluso, que la han percibido plenamente formulada en el silencio de los pueblos y han deducido que del hecho de la obediencia nacía para ellos el derecho de mando"

A.Tocqueville, "La Democracia en América"

domingo, marzo 14, 2010

CONTUMACIA Y VICTORIA

Pequeña entrada.
Me parece que la contumacia de los primeros cristianos es lo único que nos falta para la victoria. España no puede más, aunque puede tardar en caer como una manzana que lleva tiempo podrida en la rama, caerá. La crisis no es sólo económica, es total, institucional, nacional, existencial, total. Sólo los liberales tienen un programa para después del apocalipsis, así que sólo necesitamos perseverar, insistir y no dejarnos ganar. No confraternizar con el enemigo, no mezclarnos, aunque suframos, como sufrimos, más pogromos, más desprecio, más presión social.
La libertad no es sólo lo decente. Es lo necesario, lo viable y finalmente, lo mas fácilmente predicable.
Eran pocos en las Termópilas, y aunque perdieron la batalla, ganaron la guerra.
Nosotros también somos pocos. Pero cada vez somos mas. Al final seremos casi todos.
Hasta pronto.

sábado, febrero 06, 2010

ISRAEL QUIERE UN REY

Que el Estado es el principal enemigo actual de la libertad yo ya lo he dicho muchas veces. Lo que no sabía es que ese peligro viene de antiguo- He encontrado éste pasaje en la Biblia, que me ha dejado atónito por lo acertado y actual. Tiene probablemente 3.000 años, y dice (resumo):
1 SAMUEL, 8
"Cuando Samuel se hizo viejo, nombró a sus hijos jueces de Israel, pero sus hijos no siguieron sus pasos y actuaron con injusticia. Entonces, los ancianos de Israel fueron a ver a Samuel y le dijeron:
-Mira tu eres ya viejo y tus hijos no han seguido tu camino. Nombra pues un rey que nos gobierne como se hace en otros pueblos..
No le gustó aquéllo a Samuel, y se puso a rezar a su Dios. Y Dios le dijo:
- Haz caso a lo que te piden. No es a tí a quien rechazan sino a m; no me quieren por rey. Me abandonan como me abandonaron desde el día que los saqué de Egipto, van siempre tras falsos dioses. Escúchalos, pero adviérteles muy claramente lo que significa tener un rey.
Samuel repitió las palabras de Dios al pueblo que quería tener un rey. Dijo:
-Esto es lo que significa tener un rey: cogerá a vuestros hijos para enrolarlos en sus ejércitos; se aprovechará de su trabajo y los hará fabricar armamento. A vuestras hijas las hará trabajar como perfumistas, cocineras y reposteras. Dará a sus ministros vuestros campos, viñas y olivares. Os llenará de impuestos. ¡Y vosotros mismos seréis sus esclavos! Entonces gritareis contra el rey que vosotros elegisteis, pero Dios no os ecuchará.
El pueblo no hizo caso e insistió:
- No importa, queremos un rey.

Para los escépticos de mi resumen, versión íntegra aquí: http://www.iglesia.net/biblia/libros/1samuel.html#cap8

sábado, diciembre 26, 2009

MANOS INVISIBLES

No voy a hablar de la mano invisible del mercado, mecanismo beneficioso que alude a las enormes sinergias provechosas que genera el mercado libre, bautizado así por Adam Smith y que sólo los muy necios niegan. Voy a hablar de otra mano invisible, que parece jugar incluso con más ventaja que la anterior, y que a mí me parece igualmente evidente hasta el punto de hacer una necedad el negarla.

De un tiempo a esta parte, sobre todo desde el 11-M aunque preexiste a éste, se advierte una común conciencia que ha sustituido a la religión como liturgia y creencia compartida. Esta religión tiene como único mandamiento el miedo y como iglesia oficial precisamente al Estamento Oficial. El sector de los privilegiados en esta nueva sociedad feudal es la inquisición de esta nueva religión. Sector privilegiado que necesariamente ha de coincidir con el estamento progresista, dado que es ese difuso bien común, que como concepto monopoliza el progresismo, el que justifica una serie de privilegios en favor de unos -ellos- y en contra de la libertad de todos. El ultraprivilegio laboral de los funcionarios y sindicalistas es uno claro, pero ni el único ni el más importante. Es ese mismo bien común el que sirve de fundamento al terrorismo progresista, pues genera un atroz miedo, por otra parte basado en amenazas o falsas o exageradísimas, a una serie de catástrofes apocalípticas de las que sólo podemos librarnos cediendo, dicen estos apóstoles satánicos, nuestra libertad individual al Estado.

Ya ni me acuerdo del "efecto 2000", la gripe A se ha demostrado como un gigantesco buñuelo de viento, es decir, de nada, y qué hablar del cambio climático, mandamiento estrella de la nueva religión. Parece que a mediada que se desprestigia la base científica del totalitarismo de izquierda, pues el marxismo se ha demostrado no sólo como una gigantesca mentira filosófica, sino más aún una excusa gigantesca para el odio y por tanto para el delito (el marxismo da una excusa estupenda para odiar, para el mal, como una herramienta satánica perfecta), va creciendo este otro instrumento del mal que permite al leviatán estatal justificarse.
Lo más grave y a la vez sorprendentemente reiterativo es la fruición que el público manifiesta en creerse estas bolas y en adherirse a esta nueva religión. Claro que, eterno retorno de lo idéntico, ya ha pasado todo ésto: el criminoso marxismo sigue teniendo prestigio romántico, que horror, y los nazis, etarras más o menos duros, más o menos vascos, más o menos gallegos o catalanes, encuentran siempre públicos deseosos de que justifiquen sus odios personales en enemigos o peligros endógenos.
Desengañaos pigmeos: la realidad no da miedo, sólo es que vosotros sois cobardes, y vuestro miedo preexiste, y busca una excusa para permanecer y gobernaros. Lo peor es que aprovechando esa debilidad generalizada el estamento privilegiado nos trata de someter a todos, una vez más, pero ya de manera sutil y silenciosa, en una nueva dictadura casi autoimpuesta y desde luego, tan peligrosa que parece habernos robado el alma.
Es pues, esa mano invisible que tantos esperan estrechar, para enfeudarse a un Estado que enmascare nuestro pánico, y que otros tanto quieren aprovechar para tiranizarnos, un enemigo poderoso contra el que debemos pelear. Yo lo haré.

lunes, noviembre 30, 2009

Brassens

Geroges Brassens en español. Una declaración de intenciones.

"Politiqués"

“Sé que sigue siendo posible un camino de entendimiento […] y defiendo la Constitución y defiendo el Estatuto, y defiendo el contenido del Estatuto porque así lo votó el pueblo de Cataluña, y por supuesto he dicho lo que he dicho y también he dicho otras cosas, como por ejemplo que no vamos a renunciar nada de lo que recoge el Estatuto.”

(José Montilla. Presidente de la Generalitat de Cataluña. 30/11/09)


Montilla dixit. Todo un logro, acertó a decir un par de frases sin balbucear.

No, desde luego, el “politiqués” ya no es no que era. Sería fácil cargar las tintas con el “florentino” Montilla (florentino por lo que tiene de apuñalador), pero es evidente que el “politiqués”, la jerga política, ha terminado por degradarse hasta extremos lamentables.

Llegó a ser un arte, una sutil forma de no decir nada, de dejar claro un sobreentendido sin mencionarlo, de mostrar lo que se piensa diciendo lo contrario, de callar perorando, de gritar callando, incluso de contradecirse con ironía. Maquiavelo y Gracián, dos maestros que deberían ser leídos.

Hoy sin embargo el “politiqués” es poco menos que una lengua muerta. Una necia jerga que aprende el político como un autómata, viciada, repleta de lugares comunes y obviedades, una papilla que toma por discurso y que incluso se filtra a través de todo su ser haciendo que su propio equipaje intelectual quede reducido a eso. Un político es una caricatura, como su lenguaje.

Ni “príncipe” ni “discreto”. Montilla exhibe con su jerga lo que es, una cáscara huera con aires, una mediocre nulidad que se aferra a su sillón, y que cuando nota que le pueden empujar, amenaza.

Ha dicho lo que ha dicho, y también ha dicho otras cosas.


Valencia 30 de noviembre. Un viento gélido capaz de helar sonrisas idiotas. La cara del contribuyente.

domingo, noviembre 29, 2009

La Farsa

En marzo de 2008 escribía lo siguiente:

“Las democracias se corrompen no por dejación de los ciudadanos a la hora de votar, sino por la pretensión de unos y de otros de ver en ese tipo de ficciones algo más que una comedia necesaria. Es decir, cuando unos y otros, votantes y representantes, acaban creyéndose aquellos papeles que la ficción ofrece. Y así unos se creen representantes auténticos de voluntades populares que jamás se equivocan, y se pretenden a salvo de cualquier control ciudadano; y otros, que no existe más verdad que la mayoritaria, pudiendo así despreciar y obviar opiniones y actitudes que son minoritarias. No hay mayor estupidez que creer una farsa, pretender seguir actuando cuando el telón ha caído. Y este tipo de estupideces nunca salen gratis, acaban abriendo las puertas al populismo y la servidumbre.”

Resulta extraño leerse después de tanto tiempo, analizar lo que uno dijo (o escribió) a la luz de los acontecimientos, siempre imprevistos aunque ya se entrevieran. Es cierto, por muy previsible que el fututo pueda ser siempre acaba por sorprender, como le sorprende el predador a la presa.

Hablamos de farsa, de estupidez o de interés. Hay farsa, desde luego, farsa consentida y representada. También estupidez, la estupidez de la repetición, de la credulidad simplona, y sobre todo hay interés. Pero a menudo farsa, estupidez e interés se mezclan en una misma cosa, es el contexto, el sobreentendido.

Es lo que hace a unos seguir representado papeles en los no creen, a otros en empeñarse en no despojarse de los harapos de actores de reparto pese a que la función hace tiempo que ya terminó, y al resto a aprovecharse de la situación. Pero nadie termina por abandonar el proscenio, unos por fingida ironía, otros por verdadera estupidez, y los últimos por evidente interés.

Nuestro contexto es algo que yace muerto, apagadas las luces, vacías las butacas, el proscenio sigue repleto de actores, tramoyistas, apuntadores, y tipos que andan de acá para allá mirando. Unos, prestos a salir pitando con la recaudación, esperan un momento a embolsarse un euro más, otros perdidos y cegados por las luces seguirán declamando como imbéciles en medio de la nada, algunos, los últimos, se encargarán de apagar las luces, y levantar acta.

Ese contexto alguna gente lo llama Constitución del 78.

Quizá sea una terea inútil intentar entender ese contexto, o no, quién sabe.

Hace meses decidí callar, refugiarme en paraísos privados, escribir (ya sólo para mí), y asistir con la mayor dignidad posible al un colapso que creí inevitable.

Volver a escribir de manera pública no añadirá nada, lo sé, pero será al menos una forma de ordenar ideas, nada más.

Valencia, 29 de noviembre. Cielo plomizo y una fina pátina de lluvia gris que ha lamido las calles. Un asco.

sábado, junio 06, 2009

Yes, we can... go to the beach


Confieso que apenas he seguido esta campaña electoral, me han llegado ecos, rebuznos, y cacaofonías, pero vaya por delante que no ha sido culpa mía. Mi natural espíritu investigador me pedía volver a observar con el asombro del entolomólogo las evoluciones de estos curiosos especímenes, que hilan sus vanidades y prebendas con la misma fruición con la que aseguran su futuro.

Pero mi psiquiatra me lo ha prohibido terminantemente.

Ni seguimiento, ni mucho menos perpetración alguna de entrada o crónica diaria de campaña, como ya hice en la anterior campaña de las generales de 2008 en otro difunto blog.

Los síntomas de mi trastorno se agudizan peligrosamente. Lo sé; lo reconozco. Ya no robo saleros en los restaurantes, demente colección que amenaza con desbordarme, sino que me he convertido en un auténtico cleptómano. Por otra parte me demoro inútilmente contando objetos sin interés, ejecuto extraños rituales antes de abordar nada, como por ejemplo alinear la silla de mi despacho exactamente con las líneas de suelo, tarea que me cuesta horrores y que mido con disparatada precisión, o cambiar absurdamente y con frenético interés, los libros de mi biblioteca, intentando encontrar alguna combinación cabalística que asegure alguna armonía que desconozco, o despierte a un dormido golem hecho de cartón y papel: Samsa esperando en el paredón de fusilamiento, recordando el hielo que el coronel Aureliano Buendía fabricó en un lugar de la Mancha, justo el día en que ella, Lolita, la nínfula perfecta, miraba con malicia a un atribulado Dorian Grey, que intentaba ocultar la abyección del crimen cometido, una vieja usurera, en un subsuelo infestado por cronopios, como un jugador oculta su ruina. Pensamientos que me invaden, y me fagocitan.

Sé que todo ello no es normal.

Mi psiquiatra dice que es una especie de válvula de escape de mi psique. Mi psiquiatra siempre dice “psique”, y no “mente”, o “inconsciente”, o “mollera”, o “sesera”, o “entendimiento”… también tiene una irrefrenable tendencia a salpicar sus frases con la palabra “atávico”: miedo atávico, fijación atávica, deseo atávico, pensamientos atávicos, incluso turbación atávica, cuyo significado ignoro por completo. Asegura que mi lívido busca de manera inconsciente la satisfacción de deseos reprimidos, y por supuesto atávicos, escenificados de forma histérica en mis obsesiones y manías. Que siento envidia de los políticos, de su querencia por la exhibición, por la adulación de multitudes idiotas, por el inusitado interés que provocan palabras vacías, o completamente cretinas. Dice que en el fondo deseo ser como ellos. La represión actúa en forma de crítica implacable, débil barricada que apenas puede ocultar la verdad. Y que el horror que me provoca semejante posibilidad hace que aparezcan esos síntomas. Los síntomas son cada vez más evidentes, y según mi psiquiatra, mi deseo también.

Mi psiquiatra es un imbécil; un imbécil atávico.

¿Cómo puede asegurar algo así? ¿No puedo padecer como todo el mundo un Edipo vulgar? Amo a mi madre, odio a mi padre y mi superyó reprime ese deseo haciendo de mi alguien con un comportamiento social aceptable. Pues no. Resulta que mi inquina manifiesta hacia los políticos, mayormente españoles, es el fruto de mi secreta aspiración a ser como ellos, a ser uno de ellos.

No, no es cierto – me digo-, cómo podría serlo, como podría anhelar decir estupideces histórico-planetarias (¡Atención Planeta Tierra, atención!) ante poderosos sin que éstos osen reírse; o darme un baño de multitudes con un traje completamente nuevo, mientras mis acólitos claman como autómatas agitando banderitas a la hora de la conexión televisiva; o hacer profundos análisis ético-biológicos sin que se me estropeen las mechas; o fumarme los brotes verdes como si fueran marihuana; o dedicarme a la video-agitación subvencionada a costa del contribuyente; o pilotar un Falcon nuevecito para ir al circo; o ejercer de Gran Padrino para favorecer a mis allegados nepotes; ocultar secretos bajo capas de comisiones hábilmente gestionadas; hacer de la retórica, de la nulidad, un recurso….

Cómo podría, me digo. Pero quizá un secreto deseo anide en mí. Y así debe ser, puesto que la minuta del psiquiatra me cuesta una pasta. Brujas, como Macbeth, o psiquiatras, al cabo son lo mismo.

Me miro en el espejo y me pregunto quién soy.

-Quizá me reinvente todos los días –pienso-, y elabore con precisión una máscara que vele mi identidad. Quizá no soy tan diferente, y lo que intente no sea sino huir de mi mismo.

Tumbado en un diván, y frente a una reproducción de un cuadro de Paul Klee, discutimos:

-Hay que afrontar la realidad –me dice mi psiquiatra-. Aceptar y reconocer esos deseos reprimidos es el primer paso para la curación.

-Y una mierda –respondo-. Yo no estoy enfermo.

-¿Cómo que no? Usted padece un cuadro clásico de Trastorno Obsesivo Compulsivo. No puede negarlo, en realidad lo que usted intenta ahora es transmutar todo ello en una suerte de miedo atávico.

-Me gustan los atavismos, qué pasa, cuando era más joven me liaba un canuto de atavismos y me lo fumaba entre risas… No he dicho que no me pasara nada… simplemente le digo que no estoy enfermo.

-Sí lo está

-Le digo que no

Mi psiquiatra me ha recomendado una solución de compromiso:

-Olvídelos –me dijo-. Aunque sólo sea por un tiempo. Este domingo, por ejemplo, márchese a la playa, y piense que no son nadie.

-Como si no me afectaran

-Eso es. Como si estuviera a salvo de todos ellos.

-En realidad es lo que debería hacer. No tengo que justificarme ante nadie, y menos ante ellos, o ante la tribu de opinantes que hablan de no sé qué deber ciudadano cuando hay elecciones.

-Más o menos

-Como Omar Jayyam…

-¿Omar Jayyam?

-Oh, un tipo nada atávico. Le gustaba el vino, las mujeres, las matemáticas y la poesía… Intentaba refugiarse en todo eso

-Eh… Creo que la visita ha terminado… pida hora para la semana que viene.


De manera que eso es lo que haré mañana domingo. Ignoro cuanta gente hará lo mismo, personalmente pienso que no se merecen siquiera que los utilicemos como excusa.

El lunes seguiré preso de mis filias, mis fobias, mis manías. Seguiré escribiendo de manera compulsiva, irritando a mis amigos, que opinan que debería hacer ya algo de una puñetera vez con todo eso que voy almacenado en un disco duro, pero qué voy a hacer si sólo es un recurso de locura.

Lo único que siento es no vivir en California. Vivo a orillas de Mediterráneo, que tampoco está nada mal, pero no podré ver a una hora decente el segundo partido de las finales de la NBA. Ver como mi equipo de toda la vida, los Lakers, logran ganar –seguro- el segundo partido y acariciar ese decimoquinto título de la NBA (a sólo dos de los Celtics). Ver a la mamba negra ametrallar el aro rival, y a su compañero inseparable, un chaval de Sant Boi que hasta hace unos años también veía los partidos de la NBA por la tele, como yo.

Allí, en Los Angeles, no dicen tonterías del tipo: Yes, we can, sino Go, Lakers go, y lo dicen tipos como Jack Nicholson, cuyo médico personal debe ser el conservador de la momia de Lenin, siempre está igual, sentado en primera fila, con sus gafas negras y su novia de turno, el jueves le volví a ver.

El lunes, después de un día de playa, buscaré en los diarios digitales el resultado de ese partido. Lo demás… caerá en el olvido, como todo.