"La voluntad nacional es una de las palabras de las que los intrigantes de todos los tiempos y los déspotas de todas las épocas han abusado más. Unos han visto su expresión en los sufragios comprados por algunos agentes del poder; otros en los votos de una minoría interesada o temerosa, y los hay, incluso, que la han percibido plenamente formulada en el silencio de los pueblos y han deducido que del hecho de la obediencia nacía para ellos el derecho de mando"

A.Tocqueville, "La Democracia en América"

jueves, marzo 26, 2009

CAMINO A AUSCHWITZ

El escritor, articulista y profesor universitario, Arcadi Espada, participó hoy en un foro abierto en la edición digital del diario Avui. Mientras Espada contestaba a algunas preguntas e intentaba argumentar su posición, de sobra conocida, el editor de la citada edición digital del periódico dejó espació ilimitado, libre de moderación, para que cuantos quisieran dejaran, bajo la impunidad del anonimato, su opinión sobre la intervención de Espada.

Según transcribe José García Domínguez en un artículo en Libertad Digital, se pudieron leer más de ciento cincuenta comentarios del siguiente tenor:

"Esta panda de charnegos españoles y renegados, esta chusma de delincuentes sólo entiende el lenguaje de los coches bomba y los tiros en la nuca". "Vete de aquí que estás infectado del virus castellanufo, a ver si agarras una enfermedad venérea y te la cortan". "Capullo de mierda, a ver si un día, sea por accidente o por agresión, te cortan los cojones". "Cerdo hijo de promiscua". "Charnego rencoroso y renegado". "En Cataluña sobras". "Si me lo cruzo le soltaré cuatro hostias bien dadas y le someteré a mi ley, y después si se queja le diré que su estatus no es de nación...". "Estos sólo entienden una cosa...". "Hijo de rata español". "Lerrouxista hidrofóbico". "Ideólogo del exterminio (de momento cultural)". "Vuelve a tu país". "Mucho hablar para no hacer nada. No hay cojones. Enviemos España donde se merece". "Indeseable, quedará colgado en su propia mierda".

"Muerte al charnego". "Por favor, inmigrantes españoles: volved a España y dejad de pisar nuestro maravilloso país que es Cataluña. Repito: marchaos!!!!". "Prostituta ideológica y cultural". "Sois muy inferiores y lo sabéis, de ahí vuestra rabia. Id preparando las maletas porque cuando tengamos un Estado propio las deportaciones de colonos españoles serán masivas". "Yo opino que habría que hacer como antiguamente: los traidores a la horca". "Grano de pus podrido"."Escoria viviente". "Más ignorante que los africanos". "Xenófobo". "Que una persona se tiña tan vistosamente el pelo, para mí, es que alguna, o muchas cosas, tiene que esconder". "Prevaricador". "Gusano". "Demonio". "Intelectual"

Esos son los hijos del nacionalismo. Esa es vuestra “nación”, sinceramente os la merecéis. Os la habéis ganado a pulso. La habéis incubado con cuidado y delicadeza. Con paciencia, esperando que el fruto fuera el adecuado, aguardando a que ese huevo de la serpiente eclosionara para mayor gloria de vuestra “Nació catalana”. Ahora ya tenéis lo que siempre habíais deseado: “Ein Volk, Ein Reich, Ein Führer”. Y por supuesto: Catalunya “Judenrein”.

Enhorabuena.

Fue un acierto que el comprensivo editor decidiera no moderar los comentarios, dejar abierto a la libre expresión el espacio del diario Avui (subvencionado por la Generalitat de Catalunya), dejar a una persona intentar argumentar algo frente a una jauría de animales, de bestias. Nunca algo pudo ser más claro, más explícito, más evidente: Que esa infecta religión que profesáis, no produce sino odio, no gobierna sino salvajes, siervos.

Probablemente muchos de los intervinientes no harían aquello que el anonimato les animó a escribir, no se atreverían, ¿o te atreverías tú, que estás decidido a “soltarle cuatro hostias”? ¿Te atreverías tú, que clamas “muerte al charnego”, a dispararle un tiro en la nuca al señor Espada? Supongo que no, ¿o sí?

Os escondéis bajo un seudónimo, mostráis sin pudor vuestra ignorancia vertida en carretadas de heces, único destilado que vuestro intelecto es capaz de segregar. ¿Alguno de vosotros sería capaz de escribir algo firmando con nombre y apellidos?

Al fin y al cabo quien insulta está protegido por la turba, quien jalea lo hace al abrigo del la masa, quien tira la piedra lo hace sabiendo que nadie le dirá nada; y quién dispara lo hace siempre con un pasamontañas.

Existe un camino que lleva a Auschwitz, ese camino es nítido y preciso, también largo, pero está embaldosado de actitudes, decisiones, omisiones… Sobre todo omisiones, como las vuestras.

No merecéis que siga, no merecéis que siga malgastando mi tiempo con vosotros.

Per cert, el meu nom es Carlos Sebastián Sáez, i soc de València.

miércoles, marzo 11, 2009

QUE TU ESPADA CAIGA SIN FILO


Es posible matar dos veces. La primera arrebatando la vida de alguien; la segunda borrando su recuerdo, e incluso su nombre.

Es entonces cuando la víctima deja de existir, se desvanece en una vaga imagen que borra la marea del tiempo. Nada.

Pero los muertos no olvidan, solo ellos tienen memoria.

El tirano Ricardo III aguarda en su tienda la noche antes de la batalla que pondrá fin a su sangriento reinado, sabe que todo está en su contra, pero ha decidido combatir y espera que en una última jugada del destino pueda conservar un poder usurpado a base de traiciones y asesinatos. Está cansado, sabe que al alba comenzará una jornada decisiva, pide que le dejen solo, consigue dormir, y sueña. Pero ese último sueño de Ricardo no consiste en imágenes tranquilizadoras, ni en negros pozos de tiempo que mitiguen su impaciencia, sino que como conjurados, se le aparecen los espectros de todos aquellos inocentes que murieron por su causa. De manera sobrecogedora, cada uno de ellos maldice a Ricardo, y le desea su muerte en la batalla que se avecina. Todos acaban su parlamento diciendo más o menos lo mismo:

Mañana en la batalla piensa en mí

Y que tu espada caiga sin filo

Desespera y muere.


Algún día, no sé cuando, los muertos hablarán.

Preguntarán por qué su muerte no fue recordada, por qué muchos prefirieron olvidar, por qué aquellos que invocaron su recuerdo no quisieron saber nada de ellos.

Y dirán –nos dirán- que aquel dolor no tuvo ningún sentido, las manifestaciones, las concentraciones, los llantos compungidos, los gritos de rabia. Aquellos tres días de furia, de qué sirvieron, aquellos tres días de ira a quién sirvieron.

Y preguntarán –nos preguntarán- qué hicimos para vengar su muerte, quiénes defendieron su recuerdo, por qué no hicimos justicia. Era tan fácil –dirán- nosotros fuimos las víctimas, de qué sirvió nuestra muerte, si vosotros, los vivos, no hicisteis nada.

Y se nos aparecerán sin avisar, mostrando sus heridas y pidiéndonos cuentas, diciendo que fueron ellos los que estaban en aquellos trenes, pero que pudimos ser nosotros; preguntando si nuestra miseria política merecía la pena de su sacrificio

Preguntarán: ¿Y tú? ¿Qué has hecho? ¿Por qué nos habéis olvidado?

Ese día yo sentiré asco… y vergüenza, Seré incapaz de mirarme al espejo. Seré incapaz de contestar.

Otros, hombres sin rostro, sin alma, huirán sin saber a dónde ir. Viles que se sirvieron de todo aquello para sus medros, para sus honores. Aquellos que lloraron y reían por dentro, aquellos que sabían que todo iba a cambiar.

Pero los “Ricardos” de esta historia (¿Quiénes son? ¿Quiénes?) verán como las víctimas se les aparecen en la oscuridad de un último sueño. Les maldecirán, les recordarán todo aquello, les señalarán; su recuerdo será para ellos una condena que les acompañará el resto de la vida, una mancha indeleble que hará pública su putrefacción, su miseria. Los muertos harán que sin filo caiga su burda espada.

Una nación que olvida, no es una nación. Una nación que no hace justicia, tampoco.

Ya solo espero a saber, a no olvidar. Para poder responder algo a los muertos. Porque los muertos vendrán, ellos nunca olvidan.