"La voluntad nacional es una de las palabras de las que los intrigantes de todos los tiempos y los déspotas de todas las épocas han abusado más. Unos han visto su expresión en los sufragios comprados por algunos agentes del poder; otros en los votos de una minoría interesada o temerosa, y los hay, incluso, que la han percibido plenamente formulada en el silencio de los pueblos y han deducido que del hecho de la obediencia nacía para ellos el derecho de mando"

A.Tocqueville, "La Democracia en América"

martes, diciembre 26, 2006

DIOS Y LA LIBERTAD



"Si Dios no existe, todo está permitido"
F. Dostoievsky, "Los hermanos Karamazov".


Las virtudes del gobierno limitado, "a la americana", estriban en que reconoce la democracia como un mero instrumento de la libertad individual, y por lo tanto subordinada a ella. Desde el principio de este blog he estado hablando de ello. La libertad está por encima de la voluntad de la mayoría, que sólo es un instrumento útil en cuanto suele servir a la libertad. Pero no siempre, y los tiranos salidos de las urnas proliferan, no sólo en Venezuela. Pero no por ello dejan de ser tiranos.

Ahora bien, ¿Cual es el fundamento teórico que permite afirmar esta posición preeminente de la libertad como cúspide en la escala de valores?¿Por qué la libertad es sagrada para nosotros?

Para la Escuela de Salamanca, formada mayoritariamente por jesuitas españoles del siglo XVI y XVII, la razón estriba en que la libertad es un derecho natural de todo hombre, cuya fuente está en Dios. Por eso el rey se convierte en tirano si conculca derecho cuyo origen es divino, con lo que además perdería la justificación de su poder, pues ni en el autoritarismo de los Reyes Católicos y Carlos I, ni en el absolutismo de Felipe II y sucesores, la monarquía era un poder o derecho subjetivo, sino una potestad. Para los legos en la ciencia jurídica les diré que una derecho es, grosso modo, un poder soberano en su esfera -con mi propiedad hago lo que quiero- mientras que una potestad es un poder instrumentalizado para satisfacer intereses ajenos y condicionado al cumplimiento de ciertos deberes-(Por ejemplo los padres representan y administran los bienes de sus hijos menores, en cuanto que la ley presume que son los más fiables guardadores de los intereses del niño. Pero si se prueba que no lo son, pierden ese poder, pues está subordinado al interés del menor). Desde esta perspectiva se justificaba la desobediencia al tirano o incluso el tiranicidio por Mariana, Suarez o Vitoria.

Ahora bien, esta impecable teoría, que es la verdadera raíz del liberalismo político, y precedente de la de los peregrinos americanos, también creyentes inflexibles, falla a la hora de explicar por qué la libertad procede de Dios y es inalienable por el soberano ( y desde luego por quien no sea soberano). Y no quiero decir con ello que falle desde el punto de vista teológico, pues en las Sagradas Escrituras hay base suficiente para sostenerla (casi dan base para sostener cualquier cosa, a mi juicio), sino que falla porque se basa en un artículo de fe: hay que tener fe en que las escrituras son verdades reveladas, fe en la existencia de Dios. Es decir, en último término, porque sí. Pero, ¿es eso un fallo?

Por otro lado, las teorías que rechazan el Derecho Natural, y fundamentalmente el Positivismo Kelseniano tampoco se han demostrado satisfactorias. Su aparente cientificismo (aparente pues se limita a sustituir Dios por el Estado, siendo justo necesariamente lo que de él deriva) condujo a la justificación de los tiranos más abominables que conocieron los siglos. Dudo que Hegel y menos Kelsen fuesen Nazis o Marxistas, pero su teoría sirvió de apoyo imprescindible de los crímenes de ambas.

Cierta sabiduría antropológica parece decirnos desde lo más profundo que lo justo y bueno lo es con independencia de lo que diga la ley. En este sentido es revelador examinar la posición que respecto a la esclavitud mantuvieron los filósofos en las épocas en que tal aberración era amparada por las leyes. Su mala conciencia apenas se disimula tras débiles argumentos de bienestar colectivo (creo que fue Platón el que la justificaba por la necesidad de los filósofos, los más elevados de la comunidad, de dedicarse al pensamiento. Alguien había pues de dedicarse al arado para que ellos pudiesen regalar al mundo el fruto de su cacumen. Pura basura teórica, evidentemente).

Así pues, hemos de admitir la existencia de un derecho natural, que consagraría la libertad como lo más sagrado. Y de hecho, así lo hace nuestro ordenamiento jurídico, cuando en el artículo 1º del código civil consagra a los principios generales del derecho como fuente del mismo. Es decir, como normas invocables ante los tribunales, por ejemplo*.

El problema empieza cuando intentamos justificar el derecho natural en algo trascendente -Dios- o inmanente -el Estado, la voluntad mayoritaria, lo que sea-. En este caso siempre tropezamos con la necesidad de creer ciegamente en la última justificación; de tener fe en Dios o en el Estado.

Sin embargo, a mi juicio esta crítica se ha utilizado fraudulentamente, pues se la hacían los positivistas a los iusnaturalistas sin dar explicación de por qué ellos tenía fe en el Estado y los jusnaturalistas se la hacían a los positivistas sin justificar por qué ellos creían en Dios. Pues bien, mi tesis es iusnaturalista, como antes dije, pero atea. Y exijo las mismas reglas de juego que los demás utilizan. Que respeten mi fe, como algo incontrovertible , igual que parten ellos también de una verdad más allá de toda lógica. Pues bien, yo pongo mi fe en la Libertad. El derecho natural la impone como sagrada sin necesidad de mayor justificación. Lo es porque sí. Si los demás no tiene por qué demostrar la existencia de Dios ni la sacralidad del Estado, yo tampoco la beatitud de la libertad. La naturalis ratio basta de por sí. (Por eso me tome la licencia de elegir la dirección de internet de ésta página, quizá abusando de la confianza de mis estimados conmilitones).

Pero diré más. Ya he afirmado que me ubico entre los iusnaturalistas pero no entre los religiosos, sino entre los ateos. Ahora me permito afirmar que el ateísmo es una exigencia lógica del liberalismo. No quiero decir con ésto que todo liberal haya de ser ateo, ni que serlo haga a uno mejor liberal, ni que sólo puedan serlo los liberales. No. Respeto absolutamente la libertad y me repugna cualquier intento de anatematización de lo religioso. Me parece algo íntimo o público, pero sagrado como lo es todo fruto de la libertad. Además, el ateísmo puede y de hecho suele conducir a tremendas barbaridades como el comunismo, por ejemplo.

Lo que quiero decir es que la pureza liberal exige partir lógicamente de que Dios no existe. Frente al nihilismo decimonónico que tan bien resumió Dostoievski en la frase que encabeza este texto, yo creo que la lógica demuestra que ese aserto es precisamente al revés: si Dios existe, todo está permitido.

De hecho, que haya un ser primero, omnipotente y creador, una providencia determinista, un plan preconcebido o una salvación proporcionada por el crucificado no demuestran más que que estamos salvados de nuestra libertad. Que a pesar de tal don -hemos de suponer que concedido por el cielo- el uso que de él hagamos es de por sí irrelevante. Basta con creer y arrepentirse.

Aún más, si hay una Primera Causa, como decía Santo Tomás siguiendo a Aristóteles, para demostrar que Dios existe, ello lo que haría sería demostrar que lo que no existe es la libertad. Igual que una piedra arrojada al vacío carece de libertad, y ésta hay que buscarla en la mano que la lanzó, el ser humano sería una criatura arrojada a la historia por un Dios libérrimo, pero en sí mismo el hombre carecería de libertad. Y eso sí que no lo admito.

Y todas éstas reflexiones para deslindar sucintamente dos miembros de un mismo equipo, dos corrientes del iusnatualismo liberal. Imaginen lo que pienso de los del otro equipo, que sería los totalitarios ateos positivistas y los totalitarios fundamentalistas islámicos. Son el enemigo verdadero.

En fin, no se si valdrá para algo esta bizantina explicación. Todo se resume en ésto: yo creo que la libertad es sagrada, y ésto no necesita de mayor justificación. Se explica por sí sólo.

Muchas gracias por aguantar el ladrillo, amigos, y saludos a los pacientes que hayan conseguido acabarlo.

*(Pretender que éstos Principios son normas inmanentes al derecho positivo, deducidas de ley y costumbre, es un dislate positivista que equivale a decir que el código es redundante a la hora de enumerar las fuentes, ya que la cita a los principios sería irrelevante, pues se deduciría de lo anterior, y si acaso, del juego de la interpretación del artículo 3.)

lunes, diciembre 25, 2006

ONU: "WHO NEEDS IT?"

“¿Quién necesita eso?”. La pregunta se suele hacer cuando damos con algo inservible, dañino o simplemente absurdo, basta darse cuenta de la situación y tirarlo ala basura sin más contemplaciones. Lamentablemente no podemos hacer lo mismo con la actual Organización de Naciones Unidas, pero –al menos yo-, no puedo dejar de preguntarme para qué la necesitamos. Intentaré, en estas breves líneas, dar razones que al menos nos persuadan no sólo de su inutilidad, si no, lamentablemente, de su carácter pernicioso para la libertad. Vaya por delante que en caso de no existir la ONU (así me referiré a ella, mediante este feo acróstico) habría que implementar algún tipo de organismo institucionalizado que arbitrara de alguna forma las relaciones en política exterior, pero, ¿necesariamente debe ser algo remotamente parecido a esto que vulgarmente se llama ONU? Me resisto a pensar que no.

Iré directamente al grano. Pasaré por alto cuestiones ya de por sí graves que comúnmente se achacan a la ONU; su inoperancia, su excesiva burocratización, el tráfico de influencias que lleva consigo, la corrupción que alcanza hasta la misma cúpula de la organización –por escandaloso que resulte, el caso de Kojo Annand no es si no la punta del iceberg de algo, por lo demás, inevitable-. Me centraré en un par de cuestiones de fondo, cuestiones que subyacen a la misma esencia de la ONU y que, por evidentes, se suelen obviar cuando de hecho no lo son.

La primera es la cuestión de la legitimidad de las resoluciones que se adoptan, ya sean en la Asamblea General o en el Consejo de Seguridad. Existe una opinión bastante extendida, y no sólo en la izquierda, de dotar a las decisiones que se adoptan en la ONU de una legitimidad que no poseen. Se dirá entonces que una decisión de un país soberano es ilegal o ilegítima, cuando no sólo está en contra de las resoluciones de la ONU, si no cuando incluso tampoco está avalada por las mismas. Aquellos que nos desgañitamos en su momento defendiendo la oportunidad de la intervención militar en Irak, acabamos hartos de oír que se trataba de una guerra ilegal e ilegítima –lo de injusta dejémoslo para otra ocasión- porque no estaba avalada por una decisión de la ONU, ni que decir tiene que cualquier argumentación resultaba inútil, ni la más paciente explicación de cómo funciona el Consejo de Seguridad, que hacía y hace imposible que se adopten decisiones de ese calibre (salvo en dos ocasiones, una por incomparecencia de la URSS, y otra por descomposición de la misma), hacía la más mínima mella entre aquellos que se habían decidido por una opción que más tenía que ver con el sectarismo que con la lógica. Preguntémonos qué tipo de legitimidad tienen las resoluciones de la ONU, ¿se pueden supeditar las decisiones de un país soberano a las mismas? Respecto a la primera cuestión, la respuesta es que tiene la legitimidad que los miembros fundadores –algunos, dictaduras execrables- decidieron que tuviera, es decir, aquella que no afectase a sus actuaciones como estados; respecto a la segunda cuestión la respuesta es obviamente no, y es un corolario inevitable de la primera. Inútil es hacer notar a aquellos que creen ver en las decisiones de la ONU una legitimidad universal, que la peculiar composición y funcionamiento del Consejo de Seguridad obedece a ésta lógica. Esta errónea concepción que dota de legitimidad universal a las resoluciones del Consejo y de la Asamblea obedece a la creencia que quiere ver en la ONU el germen de un gobierno mundial. Es una opinión no sólo voluntarista si no falsa. Resulta de confundir –en el mejor de los casos por ignorancia, y en el resto por interés- forma y fondo. De que la estructura de la Asamblea recuerde a un parlamento representativo y que el Consejo actúe como si de un ejecutivo se tratase, no se deduce que realmente esto sea así, ni que lo sea en un futuro más o menos lejano. Ningún estado que garantice las libertades y democrático se puede sentir aludido en sus decisiones soberanas por lo que decida una Asamblea cuyas unidades las componen representantes de otros estados, todos representados en la misma proporción (igual da la India que Togo), la mayoría dictaduras abominables, y sobre los que los “ciudadanos del mundo” nada han tenido que decir. ¿Dónde está la ley que obliga a ello? ¿Qué aparato jurídico, lo sostiene? ¿Dónde está la fuerza que persigue al que inflinge dicha “ley”? No conviene confundir arbitraje con legalidad. Aquellos que, por ejemplo, se rasgan las vestiduras cada vez que la Asamblea decide condenar a Israel, deberían al menos, tomarse la molestia de comprobar cómo y quiénes toman dichas resoluciones, y preguntarse –esto ya pura fantasía- que legitimidad tienen.

La segunda cuestión quizá sea más polémica, y es el peligroso cariz que pueden tomar determinados modos de actuar en política exterior –modos muy del agrado del presidente Zapatero- que derivan de los planteamientos políticos y filosóficos que la concepción hiperlegitimista de la ONU ha desarrollado. La ONU, que comenzó siendo la plasmación del statu quo tras la IIGM, ha ido adquiriendo con el tiempo matices ideológicos propios. En el plano filosófico y cultural, se aglutinan en lo que comúnmente se llama multiculturalismo o relativismo cultural y en el político, acelerado tras el derrumbe del bloque comunista, se fundamenta en lo que podríamos definir como concepción multipolar del mundo. Ambos planteamientos se pueden llegar a identificar de forma que pueden acabar por ser indistinguibles. Sobre el multiculturalismo, no es este el momento para criticar una doctrina sobradamente conocida y detestada por quienes siguen –seguimos- defendiendo un concepto de libertad y dignidad individual positivo y con contenido, y no esa cáscara vacía que propone el multiculturalismo y que justifica y tolera los mayores atentados a la misma. En cuanto a la concepción multipolar de mundo, baste decir que es la alternativa que proponen aquellos que perdieron la guerra fría y aquellos que temen un régimen de libertades políticas como forma de gobierno, porque mundo multipolar no es si no metáfora de antiamericanismo y de todo aquello que un régimen como el norteamericano implica. Fruto de esa unión entre antiamericanismo y multiculturalidad es, por ejemplo, ese engendro infecto llamado Alianza de Civilizaciones. ¿Quiénes apuestan por esta nueva doctrina? O dicho de otro modo, ¿quiénes “necesitan” a eso llamado ONU? La respuesta, a cinco años y tres meses después del 11-S, se vuelve cada día más clara.

Terminaré con un apunte personal. En lo que a mí respecta la ONU dejó de tener cualquier legitimidad el seis de Julio de 1995. Ese día tropas serbo-bosnias tomaban la ciudad protegida por la ONU de Srebenica asesinando a la población masculina ante la mirada, digamos, compungida, de los cascos azules.

Nada más, gracias por la paciencia si han logrado leer hasta el final.

jueves, diciembre 21, 2006

HUMOR NEGRO

Me han mandado ésto por correo.

Puede que ya lo hayáis oído. No sé de donde habrá salido pero me parece una de las críticas más graciosas, ingeniosas y certeras de lo que está pasando con los cayucos. Genial. Digno de Quevedo. Yo llevo riéndome toda la tarde.

martes, diciembre 19, 2006

Ahora os llevo la contraria.

Os llevo ahora la contraria (a vosotros y otros liberales como FJL) de la mano de Carlos Semprún Maura, que no creo que sea sospechoso de extremismo de derechas:

<¡Viva Pinochet!
Por Carlos Semprún Maura

Contaba mi padre, allá por los años 30, que en un dramón que tenía mucho éxito en un teatro madrileño el protagonista era un canalla, un facineroso, un castigador y un violador, lo peor de lo peor, vaya, y que en una función, mientras, como de costumbre, el público femenino se estremecía y el masculino gruñía, alguien, en voz alta y clara, soltó: "¡Y a mí que ese tipo me resulta simpático!".

No diré que a mí Augusto Pinochet me resultara simpático, pero con motivo de su muerte he oído y leído tantas sandeces, mentiras, exageraciones y cobardías que me han entado ganas de gritar: "¡Basta ya!".

Pinochet hizo en vida, al menos, dos cosas que ningún otro dictador latinoamericano, o asiático, ha hecho, que yo sepa. Teniendo el poder absoluto, aceptó que se organizara una consulta para cambiar de régimen y volver a celebrar elecciones. Él y los suyos hicieron campaña para que nada cambiara. Perdieron. Y Pinochet acató los resultados. Se celebraron elecciones, las ganó Patricio Aylwin y el dictador aceptó abandonar su poder absoluto. Se limitó a permanecer como jefe del ejército por un breve periodo, y luego pasó a ser senador vitalicio, o sea, un cargo meramente honorífico. No conozco un solo dictador que haya hecho nada semejante; tan democrático, a fin de cuentas.

Pero hay más, y mejor para el nivel de vida de los chilenos. Porque solucionó, o permitió que se solucionara, la gravísima crisis económica que sufría el país. Los actuales alaridos sectarios pretenden hacernos olvidar que el Gobierno de Salvador Allende había conducido Chile a la ruina, y la argucia según la cual "los burgueses estaban descontentos, pero el pueblo no" es pura mentira. Los mineros del norte, los camioneros y otros trabajadores se declararon en huelga casi permanente, los barrios populares se manifestaban a diario, con las famosas caceroladas, etc. Fue, creo, la primera vez que un régimen supuestamente democrático, el de Allende, arruinaba totalmente un país, y que un dictador solucionaba notablemente la crisis. Desde luego, basándose en las teorías liberales de Milton Friedman y con la ayuda técnica de los en su día famosos Chicago Boys.

Eso no quita para decir que hubo una represión monstruosa, dirán nuestros progres. También hay que relativizar, no según el concepto de una sociedad liberal, que condena todo tipo de represión, sino en comparación con otras dictaduras. Sin hablar de los totalitarismos comunista y nazi y sus millones y más millones de muertos, recordaré que los barbudos cubanos de Fidel y Raúl Castro, Guevara y demás lo primero que hicieron al llegar triunfalmente a La Habana fue fusilar a 500 personas, y públicamente, en la calle, para demostrar que su "libertad" había triunfado. Tres mil víctimas en el debe del pinochetismo: es la cifra que se sigue barajando estos días; cifra muy probablemente exagerada, teniendo en cuenta las habituales exageraciones que la progresía viene lanzando contra Pinochet. Para justificar su acusación de "régimen de terror", están obligados a exagerar.

Aunque me dé náuseas esta siniestra contabilidad de víctimas, trátese de Chile o de cualquier otro país, debo decir una vez más que, si se compara con otras dictaduras, no es nada; si la comparación es con el ideario liberal, es intolerable. Pero resulta que Pinochet es un dictador de derechas y anticomunista, y no se le perdona nada, ni lo realmente ocurrido ni lo inventado. Si fuera de izquierdas, progresista o comunista, como otro muerto, Fidel Castro, otro gallo nos cantara.

Apuesto –inútilmente, porque nadie apostará contra mí– a que el día de los funerales del tirano Castro, que no sólo ha matado, encarcelado, censurado y robado mucho más que Pinochet, sino que puso el mundo al borde de la guerra con el asunto de los cohetes nucleares, los comentarios necrológicos serán ditirámbicos; puede que con algún matiz cursi, o de hipócrita reserva, pero nada comparable a lo que hemos leído con motivo de la defunción del general Pinochet.

No creo que sea muy estrafalario considerar que los primeros interesados por Pinochet y su dictadura son los chilenos. Pues bien, los chilenos –o, más bien, sus gobiernos y sus autoridades políticas y judiciales– jamás le han juzgado y encarcelado. Y ha sido enterrado con honores militares, no nacionales, ¡faltaría más!, pero no como un perro o un criminal. Es cierto que sufrió un acoso judicial grotesco, teniendo en cuenta su edad y su alejamiento del poder, pero siempre terminó en agua de borrajas, lo cual demuestra que no existía una verdadera voluntad política para juzgarle por lo alto y condenarle. La única vez que estuvo brevemente en la cárcel fue en Londres, y no por petición del pueblo-unido-jamás-vencido chileno, sino de un juez español, Baltasar Garzón, que en innumerables ocasiones ha demostrado que su carrera personal le importa más que la Justicia.

Sería demasiado largo hacer aquí el recuento de todos los dictadores y caudillos que ha sufrido América Latina, pero de inmediato puede constatarse que el peor, el más tirano, el que ha durado más años, es Castro, no Pinochet, que aceptó abandonar el poder pacíficamente, repito.

Perón, en su primera etapa de poder –la "etapa Evita", digamos–, fue a todas luces un dictador, pero no fue sanguinario; en la segunda, la "etapa Isabelita", Argentina sucumbió al caos, no sólo por culpa de Perón: peronistas montoneros se enfrentaban a tiros con peronistas antimontoneros, y terciaban las milicias sindicales, asimismo peronistas, que asesinaban a diestro y siniestro, hasta que el ejército puso orden, ¡y vaya orden!, peor que en Chile. Aunque no me quepa la menor duda, teniendo en cuenta lo que es Venezuela y lo que es Hugo Chávez, de que las elecciones en este país no son limpias, el caso es que Chávez aún no las ha suprimido; Castro, hace tiempo.

Que quede bien claro que, como liberal, no tengo el menor complejo, al revés, para condenar todas las dictaduras, de izquierdas como de derechas, militares como religiosas, pero eso no me impide ver cuáles son las peores, las más asfixiantes, las más sangrientas, que no son siempre, ni mucho menos, las de derechas.

Concluiré con un par de cositas sobre la actualidad y dos dictadores aún en vida. El tirano Sadam Husein está en la cárcel, se lo merece, condenado a muerte por la matanza de unos 140 chiitas, cuando sus víctimas se cifran en decenas de miles, y su proceso se convierte en un interminable aquelarre, y las cosas trascurren de tal forma en Irak que no sería totalmente imposible que volviera un día al poder... ¿Por qué no se le ha fusilado ya?

El segundo dictador al que me refiero es el presidente iraní, Ahmadineyad, el más peligroso de todos en la actualidad, que, siguiendo las enseñanzas de sus dos maestros, Hitler y Jomeini, se mofa descaradamente del mundo entero, de la ONU, de la UE, y se dota sin remilgos de armas nucleares, mientras se discute si nuclear civil o no. Además, se permite el lujo de organizar concursos de caricaturas antisemitas y conferencias internacionales para "demostrar" que el Holocausto sólo es una gigantesca estafa judía, puesto que jamás existió. Y no sólo promete borrar Israel del mapa, sino que a través de Hamás y Hezbolá le ataca, con la colaboración de Siria. Y las chancillerías occidentales, los políticos, los medios, y hasta el cretino de James Baker, si bien le consideran "mal educado", afirman en su mayoría que es un factor de estabilidad o, en todo caso, una potencia con la que es necesario "negociar".
Ante esos dos monstruos, Pinochet, en comparación, me resulta casi humano, y el futuro me parece más negro que en 1939. No he hablado de la dictadura de Franco. Para otra vez será. No corre prisa. Ha muerto.>>

Hasta aquí Semprún, ahora yo: ¿que Pinochet mató a 3.000 personas (que ya serían menos, como dice Semprún)?, sí, pero no a 3.000 mil personas que pasaban por allí sino a 3.000 militantes comunistas que luchaban por implantar en Chile una tiranía comunista, la forma más taroz de tiranía que han conocido los siglos. Así que yo lo tengo muy claro, aunque sea poco cristiano (cosa que me da igual porque no soy cristiano): están muy bien muertos...otro gallo nos cantaría en España si alguien, el Estado o los particulares, hubiera matado a 3.000 etarras. ¿Le reprocháis los liberales come il faut a Churchill que ordenara o al menos permitiera que la RAF realizara bombardeos sobre Alemania que acabaron con la vida de cientos de miles de alemanes inocentes, incluidos mujeres y niños, muchos de ellos, probalemente anti-nazis?...no ¿verdad?, porque era necesario para derrotar a la tiranía nazi (si es que realmente lo era, que esa ya es otra cuestión)...¿por qué entonces consideráis un repugnante criminal a alguien que mató a 3.000 culpables para salvar a su pais de una tiranía al menos tan odiosa como la hitleriana?
Luego está esa tontería de que todas las dictaduras son igual de malas...sí, claro, y todas las enfermedades: es igualito un catarro que un cáncer de hígado. El problema de los liberales que condenáis toda dictadura por el simple hecho de serlo es que tenéis una visión abstracta de la dictadura (no en vano el abstraccionismo es el vicio de base de todo sistematismo, incluido el liberal) que prescinde del análisis de la dictadura en relación con las circunstancias que la originan.
Cortarle un brazo sano a una persona es una monstruosidad, pero cortarle un brazo gangrenado para evitar su muerte es legítimo y necesario, por no decir heróico...pues del mismo modo, amputar un miembro gangrenado de la sociedad para salvar a toda ésta es legítimo y necesario. Las dictaduras modernas implantadas para resolver situaciones de crisis y peligro extremo para la sociedad no son otra cosa que una recuperación de la vieja dictadura romana, magistratura perfectamente constitucional previsto por el sabio sistema político romano para superar esas situaciones críticas, tras lo cual el dictador devolvía el poder a las instituciones políticas normales...como hizo Pinochet. Preguntadle a un polaco de la actual Polonia democrática, después de 50 años de pesadilla primero nazi y luego comunista, qué opina de Pilsudski (cuyo nombre lleva una de las principales plazas de Varsovia)...pues os dirá que fue un héroe, un padre de la patria o mejos dicho "el" padre de la patria, el gran líder que devolvió a Polonia su unidad e independencia y que en 1920 salvó a su país de la invasión ruso-soviética...que es más o menos lo mismo que os dirá un húngaro del dictador Horthy...o lo que os dirían (y reconocen en privado) muchos españoles de Franco si éste no fuera un país de cobardes sometidos a la hegemonía ideológica de la izquierda.

lunes, diciembre 18, 2006

DEFENSA DE LA PROPIEDAD (y de otras cosas que nos están robando)

JOSÉ JAVIER ESPARZA.- EL SEMANAL DIGITAL-15/12/2006

Lo que nos faltaba es que ahora viniera alguien a discutir nuestro derecho a tener casas. Las amenazas del gobierno catalán sobre la propiedad son algo más que una baladronada.

15 de diciembre de 2006. Estamos viendo cosas prodigiosas, cosas que, hace sólo cinco años, nadie hubiera imaginado que pudieran suceder. La nación se deshace desde arriba, la familia se resquebraja con respaldo oficial, el terrorismo se va convirtiendo en algo respetable y, ahora, el derecho a la propiedad empieza a hacerse sospechoso. Esa osadía catalana de expropiar a las personas con viviendas desocupadas es un auténtico acontecimiento. No por su efecto sobre el mercado inmobiliario, sino porque niega un derecho fundamental. Y ojo al asunto, porque la idea puede arraigar más de lo que pensamos.

La idea de que la propiedad es inviolable es uno de los principios clásicos de la derecha. Es, también, uno de esos puntos donde el acervo ideológico de la derecha enlaza con los fundamentos básicos del derecho natural. Y si alguien dudó alguna vez del carácter verdaderamente natural de estas cosas, ahí está la obra de los etólogos (Lorenz y demás) para confirmarnos hasta qué punto la posesión de objetos es, en el género humano, un instinto. Esto no quiere decir que la propiedad, en cualquier circunstancia, sea siempre un bien: todos podemos imaginar mil situaciones en las que la propiedad merece una consideración moralmente negativa, ya sea porque se ha adquirido en condiciones inmorales, ya porque despliega efectos nocivos sobre las demás personas. Pero, en todo caso, esto depende siempre de las circunstancias y nunca de la propiedad misma, del hecho puro de la propiedad, de la que Spengler llegó a decir –en Años decisivos- que era la nuez del "sentido nórdico de la vida" (entiéndase la expresión con el tinte, siempre más metafísico que biológico, que daba Spengler a esa terminología). ¿Y acaso las instituciones clásicas de la cultura europea, empezando por los derechos personales, no guardan una relación directa con el reconocimiento de la propiedad?

Inversamente, la impugnación de la propiedad –de toda propiedad- es un tema clásico de las izquierdas. "Izquierda es sobre todo la falta de respeto a la propiedad", decía asimismo Spengler. Y éste es también, paralelamente, uno de esos puntos donde la artillería ideológica de la izquierda tiende a manifestarse como nihilismo, es decir, como destrucción deliberada de cualquier institución social y cultural estable. Bajo la convicción demagógica de que encarna a los desposeídos, la izquierda siempre ha tenido tendencia a pensar que toda propiedad es un robo, y por eso su economía apuntaba tradicionalmente a la nacionalización, la colectivización, la socialización, formas todas ellas de incautación de la propiedad privada.

Estas consideraciones, en todo caso, deberían ser agua pasada. Hace ya varios decenios que la propiedad se ha convertido en algo indiscutible incluso para la izquierda. Entre otras buenas razones, porque los experimentos de economía sin propiedad, generalmente acometidos tras exterminar a los propietarios, no sólo han cosechado fracasos unánimes, sino que, además, siempre han terminado resolviéndose en formas nuevas –y, con frecuencia, corruptas- de propiedad. También porque se ha demostrado de manera irrefutable que las sociedades más justas son aquellas en las que todos pueden tener acceso a la propiedad. En esto Sorel acertó de lleno: la liberación de los siervos no residía en suprimir la propiedad, sino en poder convertirse en propietarios. Por eso la propiedad es un principio que merece la pena defender.

Entre tanto, ¿qué ha hecho la izquierda con la propiedad? Quedarse con cuanto ha podido. La historia del socialismo europeo en el último cuarto de siglo es la crónica de un desfalco permanente, lo mismo en España que en Italia o Francia. Pero, eso sí, ha guardado hipócritamente la convicción de que la propiedad (ajena) es mala cosa. Por eso gravan con impuestos el trabajo de la gente y por eso simpatizan con los okupas (esa "forma de vida alternativa"). Es sencillamente repugnante que una casta política privilegiada, con sueldos de 6.000 euros a cargo del erario ciudadano, venga ahora a discutir el derecho a la propiedad de esos mismos ciudadanos –los que sufragan la supervivencia de la casta política en cuestión. ¿Viviendas? Por supuesto que su precio es abusivo. Sobre todo, porque el precio del suelo está intervenido por unos ayuntamientos que extraen de él la parte del león de sus propias finanzas. Pero en ningún caso es aceptable que la solución pase por expropiar a la gente. En este asunto, lo verdaderamente importante no es el problema de la vivienda –que puede solucionarse por otros muchos medios-, sino la amenaza expresa sobre la propiedad, que afecta al corazón de nuestra forma de entender la vida.

En La Emboscadura de Jünger –una mina inagotable de reflexiones para el resistente- se plantea el siguiente ejercicio: ¿qué pasaría si la célebre frase "la propiedad es un robo" la pronunciara no el expoliador, sino el expoliado? Hasta ahora la propiedad ha sido impugnada por los expoliadores. Así se han enriquecido. No sólo se han enriquecido con nuestros impuestos, con las mil y una alcabalas que hemos de tributar en todo lugar y momento, sino también con nuestra libertad política, secuestrada por los partidos; con nuestra libertad de expresión, secuestrada por los grandes poderes mediáticos; con nuestra autonomía moral, secuestrada por los aparatos de propaganda del Sistema. Bien: ¿y si ahora cambiáramos las tornas? ¿Y si ahora nosotros, los expoliados, usted o yo, impugnáramos todas esas propiedades que se nos ha arrebatado? ¿Y si reivindicáramos, por ejemplo, nuestro derecho de propietarios a no pagar impuestos añadidos por el suelo que pisamos, por el agua que bebemos, por la luz que consumimos? ¿Y si exigiéramos que se nos devolviera el derecho sobre la educación de nuestros hijos, sobre la libertad real de nuestro voto, sobre nuestra salud, también sobre nuestra seguridad personal?

La propiedad, en efecto, es un principio por el que merece la pena luchar. Sobre todo, contra los expoliadores.

jueves, diciembre 14, 2006

¿FUÉ UN GOLPE DE ESTADO?

Debo vestir mi cuerpo con humilde tela de saco y arrojar ceniza sobre mi cabeza en penitencia por haber dudado de la VERDAD del Supremo Iluminado y sus seguidores cuando afirmaban NO HA SIDO ETA, NO HA SIDO ETA, NO HA SIDO ETA...porque ahora la duda se abre paso cada vez mas terrible....

Debo partir de la base de que no puedo afirmar nada salvo dos cosas:

1.- LA VERSIÓN OFICIAL SOBRE LA MATANZA DE MADRID ES FALSA DE CABO A RABO.
2.- EL PSOE UTILIZÓ ARTERAMENTE LOS MUERTOS PARA OBTENER EL TRIUNFO ELECTORAL.

Pero estas dos cosas las puedo sostener, sin duda alguna, ante quien sea menester. Y cualquier persona dotada de un entendimiento mediano, y que sea honrada y libre de sectarismo, forzosamente ha de estar deacuerdo con ellas.

Bien. Puestos en este punto creo que la posición correcta es, poco mas o menos, la que vienen sosteniendo los periodistas que investigan este tema y ese fenómeno social, cuyos antecedentes habría que buscarlos en torno al descubrimiento de la imprenta, que por medio de esta nueva "imprenta digital" llamada internet investigan de manera privada este asunto. Esta posición es, a groso modo, no hacer hipótesis o tratar de obtener una visión completa del caso, sino indagar cada pista, cada brizna de información, cada pequeño episodio de este drama sin ideas preconcebidas y sin otro credo que ESCLARECER LA VERDAD A CUALQUIER PRECIO Y CAIGA QUIEN CAIGA. Pero es imposible el ser humano normal (no el subproducto televisivo que nos rodea) deje de utilizar esa cosa que tenemos sobre los hombros y se imagine cosas....

No quiero debatir directamente el tema del 11M, que ya hay foros suficientes con miles de páginas donde se trabaja en ello, sino que quiero mirar un poco mas allá, al medio plazo. Y plantear dos líneas de debate:

1.- ¿Hay una línea de conexión que, partiendo de las zahurdas policiales del franquismo y refugiándose en el neofranquismo dictatorial representado por el PSOE, una hechos como el atentado contra Carrero Blanco, el incendio del Hotel Corona de Aragón, el avión estrellado en Bilbao, el 23-f, el GAL, el atentado contra Aznar, y el 11M?. ¿Estamos en una libertad vigilada, en otro tipo de "dictadura perfecta"?
2.- ¿Se sabrá alguna vez la verdad, se desviará el río Alfeo a través de los hediondos establos de Augías, y podremos vivir en un régimen un poco más cercano a un Estado de Derecho?.

En cuanto a la primera línea, no tengo una clara opinión formada. Es tentador suponer que gente poderosa que controlaba importantes resortes en la dictadura, no se resignaran a la jubilación y a acatar las leyes. Y encontrando unos compañeros de viaje perfectos en el PSOE, con sus mismas apetencias por el robo, el poder en la sombra, la manipulación artera y el considerar al Estado un cortijo privado, hayan sobrevivido hasta ahora "mutando con cada glaciación". Ahora reparten el botín con otra banda de sacamantecas, los etarras, con lo que piensan asentarse otros 25 añitos. Viendo algunas cabezas visibles del Imperio (Polanco, Cebrián), el papel nada claro del Rey (junto a Felipe González grandes beneficiarios del 23-f) y otros muchos detalles, da que pensar.

En cuanto a la segunda línea. EL GAL tardose en desenredar 10 años. Y aún tratándose de crímenes imperdonables, en definitiva pueden transmitir la idea de que se limitaron a robar y matar etarras, aunque cayera algún inocente en el camino. Pero en este caso, si se encuentra implicado un, llamémosle GAL-2, (que me perdone Don Benito); no pueden admitir absolutamente nada, ya que se trata del asesinato vil de 200 inocentes. Y si esta gente, capaces de matar, enterrar en cal viva, derribar gobiernos, pactar con los etarras, hicieron lo que hicieron para tapar el GAL-1, (para empezar el video-trampa a Pedro J. y ¿el atentado contra Aznar?) miedo da pensar lo que pueden llegar a hacer si se ven acorralados.

En fín, esta entrada no tiene quizás el nivel, llamémosle "teórico" de anteriores intervenciones, pero es que estoy realmente preocupado por lo que se nos viene encima.
Saludos a todos.

domingo, diciembre 10, 2006

UNA NOTICIA BUENA Y OTRA MALA

He de dar cuenta de dos noticias significativas, creo que conocidas por los que lean este post, pero que merecen un comentario.

Empecemos por la buena. Murió Augusto Pinochet. Es una buena noticia y hubiera sido excelente si no fuera por que muere con décadas de retraso. Murió en la cama, pidió la extremaunción y se la dieron. Murió rodeado de los suyos, de puro viejo, en la paz y la tranquilidad de una unidad hospitalaria perfectamente acondicionada. No lo secuestraron a media noche, ni lo llevaron asustado a un estadio de fútbol, ni lo encerraron en un sótano, ni lo apalearon, ni lo torturaron, ni lo violaron, ni lo drogaron, ni lo arrojaron en avión sobre el frío mar de la Patagonia. Lo enterrarán en la tumba por él escogida, su cadáver reposará allí para que lo lloren sus familiares y aquellos que lo deseen, no aparecerá de improviso, podrido e irreconocible en la soledad de una costa austral, ni se encontrará junto con otros en el espantoso hacinamiento de una fosa común sepultado en el olvido. No, murió como mueren las personas, algo que negó a los que cayeron bajo las garras de un cóndor terrible. Que se pudra. Perdón por el exabrupto, pero es así como lo siento. No voy ha ser yo quien defienda la nefasta y peligrosa gestión del derrocado presidente Allende, de sobra sé la deriva que tomó su presidencia, tampoco seré yo quien niegue las bondades económicas del régimen de Pinochet, evidentes por sí mismas; pero ni un solo punto de más en PIB chileno justifica un solo segundo de su presidencia, ni uno solo. Recibirá cristiana sepultura aquel que se la negó a miles de compatriotas, algunos defenderán su gestión entrecomillando la muerte y la tortura como males inevitables que hay que lamentar como si de un tsunami se tratara: no lo fueron y a mí se me revuelve el cuerpo de pensarlo. Siento que no se muriera antes, no se merecía otra cosa. Púdrete Pinochet, allá donde te encuentres.

Esa es la buena noticia, ahora viene la mala, al menos para mí. Es una mala noticia que muchos de aquellos que desde la distancia jaleen y se alegren del fallecimiento de Pinochet, como yo lo hago, me den asco y rabia. Me dan rabia porque no dirán nada, salvo lamentarse cuando muera el dictador cubano, a lo sumo entrecomillarán, como hacen los que justifican la dictadura de Pinochet, la represión y la sangre derramada en Cuba, ¿sabremos algún día cuántos muertos fueron? Me dan rabia porque consintieron en apoyar a un genocida que gaseó de manera inmisericorde a kurdos y chiíes, antes que permitir que un gobierno democrático lo derrocase. Me dan rabia porque siempre han estado dispuestos a justificar, tolerar o comprender regímenes bárbaros y teocráticos si suponen un baluarte para su antiimperialismo de salón. Me dan rabia porque sólo ven muerte y represión dónde más les conviene, ¿se acordarán del genocidio tolerado por la ONU en Ruanda? Pero sobre todo me dan asco. Me da asco su miseria moral, su integrismo “democrático” que no es más que estupidez, en el mejor de los casos, y vileza en el resto. Me da asco su cobardía. ¡Que se le va a hacer! Todas las buenas noticias tienen su parte menos buena.

Recuerdo una tarde –como si fuese ayer- hace unos años, un lord británico daba el voto definitivo que ponía en marcha el procedimiento legal ante la posible extradición del Pinochet, luego todo quedó en nada, las lagunas y deficiencias legales -que sentaban un precedente no deseable-, de la causa impulsada por Garzón eran notorias. Pero aquel primer bofetón en la cara de un mal nacido lo recuerdo con lágrimas de alegría, lloré, sí. Aquel día sentí lo mismo que siento hoy, una mezcla de alegría y rabia. Porque sabía – igual que lo sé hoy- que aquellos que se imbuyeron de autoridad moral, empezando por el mismo juez, jamás perderían un minuto de su tiempo en hacerle algo parecido a un dictador caribeño.

P.D. Perdón por el tono personal, propio quizá de otro blog más intimo, pero no me ha salido de otra forma.

jueves, diciembre 07, 2006

ZEROLO, SEGÚN QUEVEDO

Una de las irreverencias menos toleradas por los fachirrojos es la de llamar a las cosas por su nombre.
Lo ridículo de esta impostura políticamente correcta es que refleja el alma fascistoide de los susodichos progres: ofende llamarle a una negro, negro, y utilizan elípticos circunloquios ridículos: subsahariano. Pero claro, nada hay de malo en ser negro, y el sólo hecho de intentar disimularlo refleja bastante racismo. Es absurdo que en el patio de un colegio se le llame al gordo, gordo; zanahorio al pelirrojo, rubio al rubio y feo al feo. Pero al negro, ¿cómo le llamamos? Además, aquí aún los blancos son mayoría, luego lo cómodo y natural es que se conozca a uno por sus peculiaridades. Me ha pasado de preguntar por alguien en la puerta de un establecimiento, y el imbécil cagado que me daba referencias me decía: "Es aquél de allí, alto, con pantalón vaquero, que lleva jersey rojo"."¿El negro?"-pregunto yo asombrado- " Bueno, si..."
¿Como llamarán a los blancos en Senegal?¿norsaharianos?

Lo mismo pasa con los homosexuales. Reconozco que me irrita cualquier referencia a los hábitos sexuales de la gente. Es algo que debería permanecer en el campo de la intimidad, y me parece intolerable cualquier discriminación. La libertad sexual es sagrada, como las otras.
Ahora bien, precisamente por ello me cabrea que hagan ostentación de sus costumbres de cama con cosas como el "Día del orgullo Gay"( Y del no gay, ¿hay día de orgullo? ¿Ser gay o no serlo es motivo de orgullo?). Y lo que ya me parece intolerable es que algunos se ganan la vida por ser homosexuales. Boris Izaguirre o Zerolo, ¿de que vivirían si no fueran homosexuales ostentosos?¡Y aún encima exigen reconocimiento y respeto a éste tráfico! Tradicionalmente en español, al que se gana la vida vendiendo su sexo se le llama de diversas maneras, y ninguna es homosexual ni gay. Pero dejemos la palabra a los clásicos.


A UN BUJARRÓN.- EPITAFIO.

Aquí yace Miser de la Florida,
y dicen que le hizo buen provecho
a Satanás su vida.
Ningún coño le vió jamás arrecho.
De herodes fue enemigo,y de sus gentes,
no porque degolló los inocentes,
mas porque siendo niños, y tan bellos,
los mandó degollar, y no jodellos,
pues tanto amó los niños, y de suerte
(inmenso bujarrón hasta la muerte)
que si él en Babilonia se hallara,
por los tres niños en el horno entrara.
¡Oh tú, cualquiera cosa que te seas,
pues por su sepultura te paseas,
o niño o sabandija,
o perro o lagartija,
o mico o gallo o mulo,
o sierpe o animal que tengas cosa
que de mil leguas se parezca a un culo:
Guardate del varón que aquí reposa,
que tras un rabo, bujarrón profundo,
si le dejan, volverá del otro mundo!
No en tormentos eternos
condenaron su alma a los infiernos
mas los infiernos fueron condenados
a que tengan su alma y sus pecados.
Pero si honrar pretendes su memoria,
di que goce de mierda y no de gloria;
y que tanta lisonja se le hace,
di:"Requiescat in culo, mas no in pace"
Francisco de Quevedo Villegas
Me reconforta pensar que los fachirrojos, como todos los idiotas, tienen poco sentido del humor. Cualquier referencia a éstos maricones, que se alimentan de serlo, les pone fuera de sus casillas. Así que como saludable terapia aconsejo irritarles llamando a los maricones, maricones. Como hace Quevedo. Y cuando estén rojos de ira, pasemos a hablar de la libertad, de USA y de Israel. Ellos no se callan, nosotros tampoco.
Ps.- Zerolo, con Z, ¿no vendrá de Italia, como LetiZia?¿No será un Julio redivivo -ver comentario 3-?
Lástima, creo que procede de Venezuela, como Izaguirre. La nueva cuna de los italianos (en tiempos de Quevedo los italianos tenían fama de bujarrones) va a ser el Caribe oriental.

domingo, diciembre 03, 2006

TRAS LOS MITOS NO HAY NADA

No, tras los mitos no hay nada, y por eso funcionan.

Raúl Castro arenga a las tropas en el homenaje a Fidel Castro y a la creación de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), el discurso parece algo menos agresivo ¿tímidos movimientos del régimen o estilo personal de Raúl? No lo sé, quizá politólogos expertos en dictaduras caribeñas nos lo aclaren. Lo importante: Fidel no apareció. El dictador –si es que aún dicta algo-, agoniza; otro mito que cae, y tras él, nada, lo de siempre, miseria, una sociedad tirada a la basura y crímenes. No importa, nuevos mitos aparecerán, cada vez más inexistentes. Mitología e izquierda, hablemos de ello.

La relación ente realidad e izquierda ha sido siempre comprometida, y sé que decir “comprometida” es suavizar las cosas: “inexistencia” quizá sea el término más conveniente, pero ha habido de todo. Ser de izquierdas, ha supuesto desde el inicio –remontémonos a la Revolución Francesa-, vivir de mitologías, cifrar la acción política en base a ensoñaciones y actos de fe: acabemos con todo lo viejo, creemos a un hombre nuevo, logremos la felicidad, acabemos con las desigualdades, seamos hermanos. Ha sido la mitología lo que ha sostenido a todos los movimientos de izquierda durante más de doscientos años. Lo sigue haciendo, hoy más que nunca. Darse de bruces con la realidad nunca ha supuesto un serio problema, intelectualmente hablando es comida gratis, por qué rechazarla. Conviene no despreciar la utilidad de los mitos, independientemente de su vacuidad, han movilizado y movilizan hoy más que nunca a millones de personas en todo el mundo, porque ha sido desde la caída del muro y del hundimiento del llamado socialismo “real” cuado más estrecha se ha hecho la identificación entre izquierda y mitología, de forma que lejos de desaparecer en el baúl de las ideologías obsoletas, hoy más que nunca goza de muy buena salud.

Hagamos un poco de memoria, no demasiado lejana. Durante muchos años funcionó el mito de la Unión Soviética. La patria del proletariado, el país donde la burguesía empezó a cavar su tumba, el foco desde donde el marxismo se irradiaría, de forma imparable, a toda la humanidad doliente. No importaba lo que allí pasaba, el mito de la URSS, encandiló a muchos europeos, desde el humilde sindicalista al sonb de un College de Cambridge. Pero las cosas empiezan a cambiar, resulta que la URSS no es paraíso que parecía ser, suceden cosas, hay miseria. No, el socialismo no es eso, lo han pervertido, critiquemos a URSS –un poco-, en nombre del socialismo. Sólo es necesario encontrar una nueva Arcadia donde descansar de esta sociedad de la que no podemos (o queremos) escapar. “Pidamos lo imposible”, “encontremos la playa debajo de los adoquines”, cuanto más lejos, mejor. Entonces se descubre el Tercer Mundo –territorio virgen para nuestras ensoñaciones-, salvémosles, nos lo están pidiendo. Y China, y esa efervescente Revolución Cultural, ese Mao tan cool; qué más se puede pedir. Ahora sí que hay dónde elegir: socialismo caribeño en Cuba, ortodoxia religiosa en el maoísmo, revoluciones tercermundistas. ¿La realidad? ¿Quién la necesita? ¿Camboya, sátrapas africanos, miseria? Uno se puede encoger de hombros, no tenemos la culpa, bueno sí, un poco, pero han sido otros quienes pervierten los ideales, ¿por qué dejar de creer en nuestra Arcadia personal? Y de pronto todo se derrumba, sin aviso. China se vuelve capitalista, los berlineses del este asaltan el muro –sin que nadie se lo impida-, el bloque comunista abraza la democracia burguesa, y la URSS desaparece, sí, desaparece. ¿Y los mitos? Bueno, queda Cuba, y Corea del Norte. Pero eso no vale, ya pocos creen en Castro –tan solo hay que ser indulgentes con él, por los viejos tiempos-, en cuanto a Corea, bueno, mejor no hablar. Así pues, busquemos nuevos mitos, esta vez serán mejores, indestructibles, ¿qué sería de nosotros?

Y en este punto estamos, o mejor dicho estábamos hace más de quince años –cómo pasa el tiempo-, y efectivamente se encontraron nuevos mitos. Seattle, ¿se acuerdan? Fue la presentación -espectacular, eso sí-, de algo que ya se venía gestando tiempo atrás. Antiglobalización, multiculturalidad, ecologismo, antioccidentalismo, pacifismo, Islam…, y los nuevos iconos: Porto Alergre, el subcomandante Marcos, Chávez, Bové –sí el quesero-, Arafat –o cualquier palestino, con o sin pañuelo-, Lula, ATTAC, Ramonet, la ONG de turno, tutti cuanti. Como toda ideología que se precie tiene su versión hard –manifestaciones antisistema, anarquismo de salón, ecologismo apocalíptico, islamismo-, y su versión soft, apta para el progre que tiene que pagar su hipoteca –irenismo imbécil, alianza de civilizaciones, militancia en ONG´s, y paz, mucha paz-. Y el Tercer Mundo claro, que nunca dejará de dar todo lo que tiene para calmar las conciencias redentoras de ecologistas, anticapitalistas y progres de todo el mundo; y si sus habitantes están clamando por que una multinacional se instale en sus países y cree puestos de trabajo, habrá que decirles lo que les más les conviene.

Son los nuevos mitos, y dos cosas les diferencian de los anteriores, dos cosas que hacen que sean más fuertes y que funcionen mejor.

La primera es su trivialidad: no es necesario dominar ningún campo del conocimiento –ni la economía, ni la política, ni la ciencia-, para erigirse como representante de esta nueva izquierda, basta declararse como tal, y punto.

La segunda, y más importante, es su carácter mítico absoluto. El paraíso que proponen ya no es de este mundo, ya no existe una Unión Soviética o una China que les devuelva el rostro abyecto de sus acciones –el derrumbe del socialismo real, más que un impedimento ha supuesto la liberación de un pesado lastre-, frente a la creencia de un más allá irrealizable no hay crítica racional que les afecte, creer en ello se vuelve en un acto de fe. No cuesta nada, comida gratis, sólo hay que dejar de pensar, dejarse llevar por lo emocional, y creer.

Tras los mitos no hay nada, eso los hace fuertes, pero creer en ellos puede resultar miserable.