"La voluntad nacional es una de las palabras de las que los intrigantes de todos los tiempos y los déspotas de todas las épocas han abusado más. Unos han visto su expresión en los sufragios comprados por algunos agentes del poder; otros en los votos de una minoría interesada o temerosa, y los hay, incluso, que la han percibido plenamente formulada en el silencio de los pueblos y han deducido que del hecho de la obediencia nacía para ellos el derecho de mando"

A.Tocqueville, "La Democracia en América"

martes, diciembre 26, 2006

DIOS Y LA LIBERTAD



"Si Dios no existe, todo está permitido"
F. Dostoievsky, "Los hermanos Karamazov".


Las virtudes del gobierno limitado, "a la americana", estriban en que reconoce la democracia como un mero instrumento de la libertad individual, y por lo tanto subordinada a ella. Desde el principio de este blog he estado hablando de ello. La libertad está por encima de la voluntad de la mayoría, que sólo es un instrumento útil en cuanto suele servir a la libertad. Pero no siempre, y los tiranos salidos de las urnas proliferan, no sólo en Venezuela. Pero no por ello dejan de ser tiranos.

Ahora bien, ¿Cual es el fundamento teórico que permite afirmar esta posición preeminente de la libertad como cúspide en la escala de valores?¿Por qué la libertad es sagrada para nosotros?

Para la Escuela de Salamanca, formada mayoritariamente por jesuitas españoles del siglo XVI y XVII, la razón estriba en que la libertad es un derecho natural de todo hombre, cuya fuente está en Dios. Por eso el rey se convierte en tirano si conculca derecho cuyo origen es divino, con lo que además perdería la justificación de su poder, pues ni en el autoritarismo de los Reyes Católicos y Carlos I, ni en el absolutismo de Felipe II y sucesores, la monarquía era un poder o derecho subjetivo, sino una potestad. Para los legos en la ciencia jurídica les diré que una derecho es, grosso modo, un poder soberano en su esfera -con mi propiedad hago lo que quiero- mientras que una potestad es un poder instrumentalizado para satisfacer intereses ajenos y condicionado al cumplimiento de ciertos deberes-(Por ejemplo los padres representan y administran los bienes de sus hijos menores, en cuanto que la ley presume que son los más fiables guardadores de los intereses del niño. Pero si se prueba que no lo son, pierden ese poder, pues está subordinado al interés del menor). Desde esta perspectiva se justificaba la desobediencia al tirano o incluso el tiranicidio por Mariana, Suarez o Vitoria.

Ahora bien, esta impecable teoría, que es la verdadera raíz del liberalismo político, y precedente de la de los peregrinos americanos, también creyentes inflexibles, falla a la hora de explicar por qué la libertad procede de Dios y es inalienable por el soberano ( y desde luego por quien no sea soberano). Y no quiero decir con ello que falle desde el punto de vista teológico, pues en las Sagradas Escrituras hay base suficiente para sostenerla (casi dan base para sostener cualquier cosa, a mi juicio), sino que falla porque se basa en un artículo de fe: hay que tener fe en que las escrituras son verdades reveladas, fe en la existencia de Dios. Es decir, en último término, porque sí. Pero, ¿es eso un fallo?

Por otro lado, las teorías que rechazan el Derecho Natural, y fundamentalmente el Positivismo Kelseniano tampoco se han demostrado satisfactorias. Su aparente cientificismo (aparente pues se limita a sustituir Dios por el Estado, siendo justo necesariamente lo que de él deriva) condujo a la justificación de los tiranos más abominables que conocieron los siglos. Dudo que Hegel y menos Kelsen fuesen Nazis o Marxistas, pero su teoría sirvió de apoyo imprescindible de los crímenes de ambas.

Cierta sabiduría antropológica parece decirnos desde lo más profundo que lo justo y bueno lo es con independencia de lo que diga la ley. En este sentido es revelador examinar la posición que respecto a la esclavitud mantuvieron los filósofos en las épocas en que tal aberración era amparada por las leyes. Su mala conciencia apenas se disimula tras débiles argumentos de bienestar colectivo (creo que fue Platón el que la justificaba por la necesidad de los filósofos, los más elevados de la comunidad, de dedicarse al pensamiento. Alguien había pues de dedicarse al arado para que ellos pudiesen regalar al mundo el fruto de su cacumen. Pura basura teórica, evidentemente).

Así pues, hemos de admitir la existencia de un derecho natural, que consagraría la libertad como lo más sagrado. Y de hecho, así lo hace nuestro ordenamiento jurídico, cuando en el artículo 1º del código civil consagra a los principios generales del derecho como fuente del mismo. Es decir, como normas invocables ante los tribunales, por ejemplo*.

El problema empieza cuando intentamos justificar el derecho natural en algo trascendente -Dios- o inmanente -el Estado, la voluntad mayoritaria, lo que sea-. En este caso siempre tropezamos con la necesidad de creer ciegamente en la última justificación; de tener fe en Dios o en el Estado.

Sin embargo, a mi juicio esta crítica se ha utilizado fraudulentamente, pues se la hacían los positivistas a los iusnaturalistas sin dar explicación de por qué ellos tenía fe en el Estado y los jusnaturalistas se la hacían a los positivistas sin justificar por qué ellos creían en Dios. Pues bien, mi tesis es iusnaturalista, como antes dije, pero atea. Y exijo las mismas reglas de juego que los demás utilizan. Que respeten mi fe, como algo incontrovertible , igual que parten ellos también de una verdad más allá de toda lógica. Pues bien, yo pongo mi fe en la Libertad. El derecho natural la impone como sagrada sin necesidad de mayor justificación. Lo es porque sí. Si los demás no tiene por qué demostrar la existencia de Dios ni la sacralidad del Estado, yo tampoco la beatitud de la libertad. La naturalis ratio basta de por sí. (Por eso me tome la licencia de elegir la dirección de internet de ésta página, quizá abusando de la confianza de mis estimados conmilitones).

Pero diré más. Ya he afirmado que me ubico entre los iusnaturalistas pero no entre los religiosos, sino entre los ateos. Ahora me permito afirmar que el ateísmo es una exigencia lógica del liberalismo. No quiero decir con ésto que todo liberal haya de ser ateo, ni que serlo haga a uno mejor liberal, ni que sólo puedan serlo los liberales. No. Respeto absolutamente la libertad y me repugna cualquier intento de anatematización de lo religioso. Me parece algo íntimo o público, pero sagrado como lo es todo fruto de la libertad. Además, el ateísmo puede y de hecho suele conducir a tremendas barbaridades como el comunismo, por ejemplo.

Lo que quiero decir es que la pureza liberal exige partir lógicamente de que Dios no existe. Frente al nihilismo decimonónico que tan bien resumió Dostoievski en la frase que encabeza este texto, yo creo que la lógica demuestra que ese aserto es precisamente al revés: si Dios existe, todo está permitido.

De hecho, que haya un ser primero, omnipotente y creador, una providencia determinista, un plan preconcebido o una salvación proporcionada por el crucificado no demuestran más que que estamos salvados de nuestra libertad. Que a pesar de tal don -hemos de suponer que concedido por el cielo- el uso que de él hagamos es de por sí irrelevante. Basta con creer y arrepentirse.

Aún más, si hay una Primera Causa, como decía Santo Tomás siguiendo a Aristóteles, para demostrar que Dios existe, ello lo que haría sería demostrar que lo que no existe es la libertad. Igual que una piedra arrojada al vacío carece de libertad, y ésta hay que buscarla en la mano que la lanzó, el ser humano sería una criatura arrojada a la historia por un Dios libérrimo, pero en sí mismo el hombre carecería de libertad. Y eso sí que no lo admito.

Y todas éstas reflexiones para deslindar sucintamente dos miembros de un mismo equipo, dos corrientes del iusnatualismo liberal. Imaginen lo que pienso de los del otro equipo, que sería los totalitarios ateos positivistas y los totalitarios fundamentalistas islámicos. Son el enemigo verdadero.

En fin, no se si valdrá para algo esta bizantina explicación. Todo se resume en ésto: yo creo que la libertad es sagrada, y ésto no necesita de mayor justificación. Se explica por sí sólo.

Muchas gracias por aguantar el ladrillo, amigos, y saludos a los pacientes que hayan conseguido acabarlo.

*(Pretender que éstos Principios son normas inmanentes al derecho positivo, deducidas de ley y costumbre, es un dislate positivista que equivale a decir que el código es redundante a la hora de enumerar las fuentes, ya que la cita a los principios sería irrelevante, pues se deduciría de lo anterior, y si acaso, del juego de la interpretación del artículo 3.)

lunes, diciembre 25, 2006

ONU: "WHO NEEDS IT?"

“¿Quién necesita eso?”. La pregunta se suele hacer cuando damos con algo inservible, dañino o simplemente absurdo, basta darse cuenta de la situación y tirarlo ala basura sin más contemplaciones. Lamentablemente no podemos hacer lo mismo con la actual Organización de Naciones Unidas, pero –al menos yo-, no puedo dejar de preguntarme para qué la necesitamos. Intentaré, en estas breves líneas, dar razones que al menos nos persuadan no sólo de su inutilidad, si no, lamentablemente, de su carácter pernicioso para la libertad. Vaya por delante que en caso de no existir la ONU (así me referiré a ella, mediante este feo acróstico) habría que implementar algún tipo de organismo institucionalizado que arbitrara de alguna forma las relaciones en política exterior, pero, ¿necesariamente debe ser algo remotamente parecido a esto que vulgarmente se llama ONU? Me resisto a pensar que no.

Iré directamente al grano. Pasaré por alto cuestiones ya de por sí graves que comúnmente se achacan a la ONU; su inoperancia, su excesiva burocratización, el tráfico de influencias que lleva consigo, la corrupción que alcanza hasta la misma cúpula de la organización –por escandaloso que resulte, el caso de Kojo Annand no es si no la punta del iceberg de algo, por lo demás, inevitable-. Me centraré en un par de cuestiones de fondo, cuestiones que subyacen a la misma esencia de la ONU y que, por evidentes, se suelen obviar cuando de hecho no lo son.

La primera es la cuestión de la legitimidad de las resoluciones que se adoptan, ya sean en la Asamblea General o en el Consejo de Seguridad. Existe una opinión bastante extendida, y no sólo en la izquierda, de dotar a las decisiones que se adoptan en la ONU de una legitimidad que no poseen. Se dirá entonces que una decisión de un país soberano es ilegal o ilegítima, cuando no sólo está en contra de las resoluciones de la ONU, si no cuando incluso tampoco está avalada por las mismas. Aquellos que nos desgañitamos en su momento defendiendo la oportunidad de la intervención militar en Irak, acabamos hartos de oír que se trataba de una guerra ilegal e ilegítima –lo de injusta dejémoslo para otra ocasión- porque no estaba avalada por una decisión de la ONU, ni que decir tiene que cualquier argumentación resultaba inútil, ni la más paciente explicación de cómo funciona el Consejo de Seguridad, que hacía y hace imposible que se adopten decisiones de ese calibre (salvo en dos ocasiones, una por incomparecencia de la URSS, y otra por descomposición de la misma), hacía la más mínima mella entre aquellos que se habían decidido por una opción que más tenía que ver con el sectarismo que con la lógica. Preguntémonos qué tipo de legitimidad tienen las resoluciones de la ONU, ¿se pueden supeditar las decisiones de un país soberano a las mismas? Respecto a la primera cuestión, la respuesta es que tiene la legitimidad que los miembros fundadores –algunos, dictaduras execrables- decidieron que tuviera, es decir, aquella que no afectase a sus actuaciones como estados; respecto a la segunda cuestión la respuesta es obviamente no, y es un corolario inevitable de la primera. Inútil es hacer notar a aquellos que creen ver en las decisiones de la ONU una legitimidad universal, que la peculiar composición y funcionamiento del Consejo de Seguridad obedece a ésta lógica. Esta errónea concepción que dota de legitimidad universal a las resoluciones del Consejo y de la Asamblea obedece a la creencia que quiere ver en la ONU el germen de un gobierno mundial. Es una opinión no sólo voluntarista si no falsa. Resulta de confundir –en el mejor de los casos por ignorancia, y en el resto por interés- forma y fondo. De que la estructura de la Asamblea recuerde a un parlamento representativo y que el Consejo actúe como si de un ejecutivo se tratase, no se deduce que realmente esto sea así, ni que lo sea en un futuro más o menos lejano. Ningún estado que garantice las libertades y democrático se puede sentir aludido en sus decisiones soberanas por lo que decida una Asamblea cuyas unidades las componen representantes de otros estados, todos representados en la misma proporción (igual da la India que Togo), la mayoría dictaduras abominables, y sobre los que los “ciudadanos del mundo” nada han tenido que decir. ¿Dónde está la ley que obliga a ello? ¿Qué aparato jurídico, lo sostiene? ¿Dónde está la fuerza que persigue al que inflinge dicha “ley”? No conviene confundir arbitraje con legalidad. Aquellos que, por ejemplo, se rasgan las vestiduras cada vez que la Asamblea decide condenar a Israel, deberían al menos, tomarse la molestia de comprobar cómo y quiénes toman dichas resoluciones, y preguntarse –esto ya pura fantasía- que legitimidad tienen.

La segunda cuestión quizá sea más polémica, y es el peligroso cariz que pueden tomar determinados modos de actuar en política exterior –modos muy del agrado del presidente Zapatero- que derivan de los planteamientos políticos y filosóficos que la concepción hiperlegitimista de la ONU ha desarrollado. La ONU, que comenzó siendo la plasmación del statu quo tras la IIGM, ha ido adquiriendo con el tiempo matices ideológicos propios. En el plano filosófico y cultural, se aglutinan en lo que comúnmente se llama multiculturalismo o relativismo cultural y en el político, acelerado tras el derrumbe del bloque comunista, se fundamenta en lo que podríamos definir como concepción multipolar del mundo. Ambos planteamientos se pueden llegar a identificar de forma que pueden acabar por ser indistinguibles. Sobre el multiculturalismo, no es este el momento para criticar una doctrina sobradamente conocida y detestada por quienes siguen –seguimos- defendiendo un concepto de libertad y dignidad individual positivo y con contenido, y no esa cáscara vacía que propone el multiculturalismo y que justifica y tolera los mayores atentados a la misma. En cuanto a la concepción multipolar de mundo, baste decir que es la alternativa que proponen aquellos que perdieron la guerra fría y aquellos que temen un régimen de libertades políticas como forma de gobierno, porque mundo multipolar no es si no metáfora de antiamericanismo y de todo aquello que un régimen como el norteamericano implica. Fruto de esa unión entre antiamericanismo y multiculturalidad es, por ejemplo, ese engendro infecto llamado Alianza de Civilizaciones. ¿Quiénes apuestan por esta nueva doctrina? O dicho de otro modo, ¿quiénes “necesitan” a eso llamado ONU? La respuesta, a cinco años y tres meses después del 11-S, se vuelve cada día más clara.

Terminaré con un apunte personal. En lo que a mí respecta la ONU dejó de tener cualquier legitimidad el seis de Julio de 1995. Ese día tropas serbo-bosnias tomaban la ciudad protegida por la ONU de Srebenica asesinando a la población masculina ante la mirada, digamos, compungida, de los cascos azules.

Nada más, gracias por la paciencia si han logrado leer hasta el final.

jueves, diciembre 21, 2006

HUMOR NEGRO

Me han mandado ésto por correo.

Puede que ya lo hayáis oído. No sé de donde habrá salido pero me parece una de las críticas más graciosas, ingeniosas y certeras de lo que está pasando con los cayucos. Genial. Digno de Quevedo. Yo llevo riéndome toda la tarde.

martes, diciembre 19, 2006

Ahora os llevo la contraria.

Os llevo ahora la contraria (a vosotros y otros liberales como FJL) de la mano de Carlos Semprún Maura, que no creo que sea sospechoso de extremismo de derechas:

<¡Viva Pinochet!
Por Carlos Semprún Maura

Contaba mi padre, allá por los años 30, que en un dramón que tenía mucho éxito en un teatro madrileño el protagonista era un canalla, un facineroso, un castigador y un violador, lo peor de lo peor, vaya, y que en una función, mientras, como de costumbre, el público femenino se estremecía y el masculino gruñía, alguien, en voz alta y clara, soltó: "¡Y a mí que ese tipo me resulta simpático!".

No diré que a mí Augusto Pinochet me resultara simpático, pero con motivo de su muerte he oído y leído tantas sandeces, mentiras, exageraciones y cobardías que me han entado ganas de gritar: "¡Basta ya!".

Pinochet hizo en vida, al menos, dos cosas que ningún otro dictador latinoamericano, o asiático, ha hecho, que yo sepa. Teniendo el poder absoluto, aceptó que se organizara una consulta para cambiar de régimen y volver a celebrar elecciones. Él y los suyos hicieron campaña para que nada cambiara. Perdieron. Y Pinochet acató los resultados. Se celebraron elecciones, las ganó Patricio Aylwin y el dictador aceptó abandonar su poder absoluto. Se limitó a permanecer como jefe del ejército por un breve periodo, y luego pasó a ser senador vitalicio, o sea, un cargo meramente honorífico. No conozco un solo dictador que haya hecho nada semejante; tan democrático, a fin de cuentas.

Pero hay más, y mejor para el nivel de vida de los chilenos. Porque solucionó, o permitió que se solucionara, la gravísima crisis económica que sufría el país. Los actuales alaridos sectarios pretenden hacernos olvidar que el Gobierno de Salvador Allende había conducido Chile a la ruina, y la argucia según la cual "los burgueses estaban descontentos, pero el pueblo no" es pura mentira. Los mineros del norte, los camioneros y otros trabajadores se declararon en huelga casi permanente, los barrios populares se manifestaban a diario, con las famosas caceroladas, etc. Fue, creo, la primera vez que un régimen supuestamente democrático, el de Allende, arruinaba totalmente un país, y que un dictador solucionaba notablemente la crisis. Desde luego, basándose en las teorías liberales de Milton Friedman y con la ayuda técnica de los en su día famosos Chicago Boys.

Eso no quita para decir que hubo una represión monstruosa, dirán nuestros progres. También hay que relativizar, no según el concepto de una sociedad liberal, que condena todo tipo de represión, sino en comparación con otras dictaduras. Sin hablar de los totalitarismos comunista y nazi y sus millones y más millones de muertos, recordaré que los barbudos cubanos de Fidel y Raúl Castro, Guevara y demás lo primero que hicieron al llegar triunfalmente a La Habana fue fusilar a 500 personas, y públicamente, en la calle, para demostrar que su "libertad" había triunfado. Tres mil víctimas en el debe del pinochetismo: es la cifra que se sigue barajando estos días; cifra muy probablemente exagerada, teniendo en cuenta las habituales exageraciones que la progresía viene lanzando contra Pinochet. Para justificar su acusación de "régimen de terror", están obligados a exagerar.

Aunque me dé náuseas esta siniestra contabilidad de víctimas, trátese de Chile o de cualquier otro país, debo decir una vez más que, si se compara con otras dictaduras, no es nada; si la comparación es con el ideario liberal, es intolerable. Pero resulta que Pinochet es un dictador de derechas y anticomunista, y no se le perdona nada, ni lo realmente ocurrido ni lo inventado. Si fuera de izquierdas, progresista o comunista, como otro muerto, Fidel Castro, otro gallo nos cantara.

Apuesto –inútilmente, porque nadie apostará contra mí– a que el día de los funerales del tirano Castro, que no sólo ha matado, encarcelado, censurado y robado mucho más que Pinochet, sino que puso el mundo al borde de la guerra con el asunto de los cohetes nucleares, los comentarios necrológicos serán ditirámbicos; puede que con algún matiz cursi, o de hipócrita reserva, pero nada comparable a lo que hemos leído con motivo de la defunción del general Pinochet.

No creo que sea muy estrafalario considerar que los primeros interesados por Pinochet y su dictadura son los chilenos. Pues bien, los chilenos –o, más bien, sus gobiernos y sus autoridades políticas y judiciales– jamás le han juzgado y encarcelado. Y ha sido enterrado con honores militares, no nacionales, ¡faltaría más!, pero no como un perro o un criminal. Es cierto que sufrió un acoso judicial grotesco, teniendo en cuenta su edad y su alejamiento del poder, pero siempre terminó en agua de borrajas, lo cual demuestra que no existía una verdadera voluntad política para juzgarle por lo alto y condenarle. La única vez que estuvo brevemente en la cárcel fue en Londres, y no por petición del pueblo-unido-jamás-vencido chileno, sino de un juez español, Baltasar Garzón, que en innumerables ocasiones ha demostrado que su carrera personal le importa más que la Justicia.

Sería demasiado largo hacer aquí el recuento de todos los dictadores y caudillos que ha sufrido América Latina, pero de inmediato puede constatarse que el peor, el más tirano, el que ha durado más años, es Castro, no Pinochet, que aceptó abandonar el poder pacíficamente, repito.

Perón, en su primera etapa de poder –la "etapa Evita", digamos–, fue a todas luces un dictador, pero no fue sanguinario; en la segunda, la "etapa Isabelita", Argentina sucumbió al caos, no sólo por culpa de Perón: peronistas montoneros se enfrentaban a tiros con peronistas antimontoneros, y terciaban las milicias sindicales, asimismo peronistas, que asesinaban a diestro y siniestro, hasta que el ejército puso orden, ¡y vaya orden!, peor que en Chile. Aunque no me quepa la menor duda, teniendo en cuenta lo que es Venezuela y lo que es Hugo Chávez, de que las elecciones en este país no son limpias, el caso es que Chávez aún no las ha suprimido; Castro, hace tiempo.

Que quede bien claro que, como liberal, no tengo el menor complejo, al revés, para condenar todas las dictaduras, de izquierdas como de derechas, militares como religiosas, pero eso no me impide ver cuáles son las peores, las más asfixiantes, las más sangrientas, que no son siempre, ni mucho menos, las de derechas.

Concluiré con un par de cositas sobre la actualidad y dos dictadores aún en vida. El tirano Sadam Husein está en la cárcel, se lo merece, condenado a muerte por la matanza de unos 140 chiitas, cuando sus víctimas se cifran en decenas de miles, y su proceso se convierte en un interminable aquelarre, y las cosas trascurren de tal forma en Irak que no sería totalmente imposible que volviera un día al poder... ¿Por qué no se le ha fusilado ya?

El segundo dictador al que me refiero es el presidente iraní, Ahmadineyad, el más peligroso de todos en la actualidad, que, siguiendo las enseñanzas de sus dos maestros, Hitler y Jomeini, se mofa descaradamente del mundo entero, de la ONU, de la UE, y se dota sin remilgos de armas nucleares, mientras se discute si nuclear civil o no. Además, se permite el lujo de organizar concursos de caricaturas antisemitas y conferencias internacionales para "demostrar" que el Holocausto sólo es una gigantesca estafa judía, puesto que jamás existió. Y no sólo promete borrar Israel del mapa, sino que a través de Hamás y Hezbolá le ataca, con la colaboración de Siria. Y las chancillerías occidentales, los políticos, los medios, y hasta el cretino de James Baker, si bien le consideran "mal educado", afirman en su mayoría que es un factor de estabilidad o, en todo caso, una potencia con la que es necesario "negociar".
Ante esos dos monstruos, Pinochet, en comparación, me resulta casi humano, y el futuro me parece más negro que en 1939. No he hablado de la dictadura de Franco. Para otra vez será. No corre prisa. Ha muerto.>>

Hasta aquí Semprún, ahora yo: ¿que Pinochet mató a 3.000 personas (que ya serían menos, como dice Semprún)?, sí, pero no a 3.000 mil personas que pasaban por allí sino a 3.000 militantes comunistas que luchaban por implantar en Chile una tiranía comunista, la forma más taroz de tiranía que han conocido los siglos. Así que yo lo tengo muy claro, aunque sea poco cristiano (cosa que me da igual porque no soy cristiano): están muy bien muertos...otro gallo nos cantaría en España si alguien, el Estado o los particulares, hubiera matado a 3.000 etarras. ¿Le reprocháis los liberales come il faut a Churchill que ordenara o al menos permitiera que la RAF realizara bombardeos sobre Alemania que acabaron con la vida de cientos de miles de alemanes inocentes, incluidos mujeres y niños, muchos de ellos, probalemente anti-nazis?...no ¿verdad?, porque era necesario para derrotar a la tiranía nazi (si es que realmente lo era, que esa ya es otra cuestión)...¿por qué entonces consideráis un repugnante criminal a alguien que mató a 3.000 culpables para salvar a su pais de una tiranía al menos tan odiosa como la hitleriana?
Luego está esa tontería de que todas las dictaduras son igual de malas...sí, claro, y todas las enfermedades: es igualito un catarro que un cáncer de hígado. El problema de los liberales que condenáis toda dictadura por el simple hecho de serlo es que tenéis una visión abstracta de la dictadura (no en vano el abstraccionismo es el vicio de base de todo sistematismo, incluido el liberal) que prescinde del análisis de la dictadura en relación con las circunstancias que la originan.
Cortarle un brazo sano a una persona es una monstruosidad, pero cortarle un brazo gangrenado para evitar su muerte es legítimo y necesario, por no decir heróico...pues del mismo modo, amputar un miembro gangrenado de la sociedad para salvar a toda ésta es legítimo y necesario. Las dictaduras modernas implantadas para resolver situaciones de crisis y peligro extremo para la sociedad no son otra cosa que una recuperación de la vieja dictadura romana, magistratura perfectamente constitucional previsto por el sabio sistema político romano para superar esas situaciones críticas, tras lo cual el dictador devolvía el poder a las instituciones políticas normales...como hizo Pinochet. Preguntadle a un polaco de la actual Polonia democrática, después de 50 años de pesadilla primero nazi y luego comunista, qué opina de Pilsudski (cuyo nombre lleva una de las principales plazas de Varsovia)...pues os dirá que fue un héroe, un padre de la patria o mejos dicho "el" padre de la patria, el gran líder que devolvió a Polonia su unidad e independencia y que en 1920 salvó a su país de la invasión ruso-soviética...que es más o menos lo mismo que os dirá un húngaro del dictador Horthy...o lo que os dirían (y reconocen en privado) muchos españoles de Franco si éste no fuera un país de cobardes sometidos a la hegemonía ideológica de la izquierda.

lunes, diciembre 18, 2006

DEFENSA DE LA PROPIEDAD (y de otras cosas que nos están robando)

JOSÉ JAVIER ESPARZA.- EL SEMANAL DIGITAL-15/12/2006

Lo que nos faltaba es que ahora viniera alguien a discutir nuestro derecho a tener casas. Las amenazas del gobierno catalán sobre la propiedad son algo más que una baladronada.

15 de diciembre de 2006. Estamos viendo cosas prodigiosas, cosas que, hace sólo cinco años, nadie hubiera imaginado que pudieran suceder. La nación se deshace desde arriba, la familia se resquebraja con respaldo oficial, el terrorismo se va convirtiendo en algo respetable y, ahora, el derecho a la propiedad empieza a hacerse sospechoso. Esa osadía catalana de expropiar a las personas con viviendas desocupadas es un auténtico acontecimiento. No por su efecto sobre el mercado inmobiliario, sino porque niega un derecho fundamental. Y ojo al asunto, porque la idea puede arraigar más de lo que pensamos.

La idea de que la propiedad es inviolable es uno de los principios clásicos de la derecha. Es, también, uno de esos puntos donde el acervo ideológico de la derecha enlaza con los fundamentos básicos del derecho natural. Y si alguien dudó alguna vez del carácter verdaderamente natural de estas cosas, ahí está la obra de los etólogos (Lorenz y demás) para confirmarnos hasta qué punto la posesión de objetos es, en el género humano, un instinto. Esto no quiere decir que la propiedad, en cualquier circunstancia, sea siempre un bien: todos podemos imaginar mil situaciones en las que la propiedad merece una consideración moralmente negativa, ya sea porque se ha adquirido en condiciones inmorales, ya porque despliega efectos nocivos sobre las demás personas. Pero, en todo caso, esto depende siempre de las circunstancias y nunca de la propiedad misma, del hecho puro de la propiedad, de la que Spengler llegó a decir –en Años decisivos- que era la nuez del "sentido nórdico de la vida" (entiéndase la expresión con el tinte, siempre más metafísico que biológico, que daba Spengler a esa terminología). ¿Y acaso las instituciones clásicas de la cultura europea, empezando por los derechos personales, no guardan una relación directa con el reconocimiento de la propiedad?

Inversamente, la impugnación de la propiedad –de toda propiedad- es un tema clásico de las izquierdas. "Izquierda es sobre todo la falta de respeto a la propiedad", decía asimismo Spengler. Y éste es también, paralelamente, uno de esos puntos donde la artillería ideológica de la izquierda tiende a manifestarse como nihilismo, es decir, como destrucción deliberada de cualquier institución social y cultural estable. Bajo la convicción demagógica de que encarna a los desposeídos, la izquierda siempre ha tenido tendencia a pensar que toda propiedad es un robo, y por eso su economía apuntaba tradicionalmente a la nacionalización, la colectivización, la socialización, formas todas ellas de incautación de la propiedad privada.

Estas consideraciones, en todo caso, deberían ser agua pasada. Hace ya varios decenios que la propiedad se ha convertido en algo indiscutible incluso para la izquierda. Entre otras buenas razones, porque los experimentos de economía sin propiedad, generalmente acometidos tras exterminar a los propietarios, no sólo han cosechado fracasos unánimes, sino que, además, siempre han terminado resolviéndose en formas nuevas –y, con frecuencia, corruptas- de propiedad. También porque se ha demostrado de manera irrefutable que las sociedades más justas son aquellas en las que todos pueden tener acceso a la propiedad. En esto Sorel acertó de lleno: la liberación de los siervos no residía en suprimir la propiedad, sino en poder convertirse en propietarios. Por eso la propiedad es un principio que merece la pena defender.

Entre tanto, ¿qué ha hecho la izquierda con la propiedad? Quedarse con cuanto ha podido. La historia del socialismo europeo en el último cuarto de siglo es la crónica de un desfalco permanente, lo mismo en España que en Italia o Francia. Pero, eso sí, ha guardado hipócritamente la convicción de que la propiedad (ajena) es mala cosa. Por eso gravan con impuestos el trabajo de la gente y por eso simpatizan con los okupas (esa "forma de vida alternativa"). Es sencillamente repugnante que una casta política privilegiada, con sueldos de 6.000 euros a cargo del erario ciudadano, venga ahora a discutir el derecho a la propiedad de esos mismos ciudadanos –los que sufragan la supervivencia de la casta política en cuestión. ¿Viviendas? Por supuesto que su precio es abusivo. Sobre todo, porque el precio del suelo está intervenido por unos ayuntamientos que extraen de él la parte del león de sus propias finanzas. Pero en ningún caso es aceptable que la solución pase por expropiar a la gente. En este asunto, lo verdaderamente importante no es el problema de la vivienda –que puede solucionarse por otros muchos medios-, sino la amenaza expresa sobre la propiedad, que afecta al corazón de nuestra forma de entender la vida.

En La Emboscadura de Jünger –una mina inagotable de reflexiones para el resistente- se plantea el siguiente ejercicio: ¿qué pasaría si la célebre frase "la propiedad es un robo" la pronunciara no el expoliador, sino el expoliado? Hasta ahora la propiedad ha sido impugnada por los expoliadores. Así se han enriquecido. No sólo se han enriquecido con nuestros impuestos, con las mil y una alcabalas que hemos de tributar en todo lugar y momento, sino también con nuestra libertad política, secuestrada por los partidos; con nuestra libertad de expresión, secuestrada por los grandes poderes mediáticos; con nuestra autonomía moral, secuestrada por los aparatos de propaganda del Sistema. Bien: ¿y si ahora cambiáramos las tornas? ¿Y si ahora nosotros, los expoliados, usted o yo, impugnáramos todas esas propiedades que se nos ha arrebatado? ¿Y si reivindicáramos, por ejemplo, nuestro derecho de propietarios a no pagar impuestos añadidos por el suelo que pisamos, por el agua que bebemos, por la luz que consumimos? ¿Y si exigiéramos que se nos devolviera el derecho sobre la educación de nuestros hijos, sobre la libertad real de nuestro voto, sobre nuestra salud, también sobre nuestra seguridad personal?

La propiedad, en efecto, es un principio por el que merece la pena luchar. Sobre todo, contra los expoliadores.

jueves, diciembre 14, 2006

¿FUÉ UN GOLPE DE ESTADO?

Debo vestir mi cuerpo con humilde tela de saco y arrojar ceniza sobre mi cabeza en penitencia por haber dudado de la VERDAD del Supremo Iluminado y sus seguidores cuando afirmaban NO HA SIDO ETA, NO HA SIDO ETA, NO HA SIDO ETA...porque ahora la duda se abre paso cada vez mas terrible....

Debo partir de la base de que no puedo afirmar nada salvo dos cosas:

1.- LA VERSIÓN OFICIAL SOBRE LA MATANZA DE MADRID ES FALSA DE CABO A RABO.
2.- EL PSOE UTILIZÓ ARTERAMENTE LOS MUERTOS PARA OBTENER EL TRIUNFO ELECTORAL.

Pero estas dos cosas las puedo sostener, sin duda alguna, ante quien sea menester. Y cualquier persona dotada de un entendimiento mediano, y que sea honrada y libre de sectarismo, forzosamente ha de estar deacuerdo con ellas.

Bien. Puestos en este punto creo que la posición correcta es, poco mas o menos, la que vienen sosteniendo los periodistas que investigan este tema y ese fenómeno social, cuyos antecedentes habría que buscarlos en torno al descubrimiento de la imprenta, que por medio de esta nueva "imprenta digital" llamada internet investigan de manera privada este asunto. Esta posición es, a groso modo, no hacer hipótesis o tratar de obtener una visión completa del caso, sino indagar cada pista, cada brizna de información, cada pequeño episodio de este drama sin ideas preconcebidas y sin otro credo que ESCLARECER LA VERDAD A CUALQUIER PRECIO Y CAIGA QUIEN CAIGA. Pero es imposible el ser humano normal (no el subproducto televisivo que nos rodea) deje de utilizar esa cosa que tenemos sobre los hombros y se imagine cosas....

No quiero debatir directamente el tema del 11M, que ya hay foros suficientes con miles de páginas donde se trabaja en ello, sino que quiero mirar un poco mas allá, al medio plazo. Y plantear dos líneas de debate:

1.- ¿Hay una línea de conexión que, partiendo de las zahurdas policiales del franquismo y refugiándose en el neofranquismo dictatorial representado por el PSOE, una hechos como el atentado contra Carrero Blanco, el incendio del Hotel Corona de Aragón, el avión estrellado en Bilbao, el 23-f, el GAL, el atentado contra Aznar, y el 11M?. ¿Estamos en una libertad vigilada, en otro tipo de "dictadura perfecta"?
2.- ¿Se sabrá alguna vez la verdad, se desviará el río Alfeo a través de los hediondos establos de Augías, y podremos vivir en un régimen un poco más cercano a un Estado de Derecho?.

En cuanto a la primera línea, no tengo una clara opinión formada. Es tentador suponer que gente poderosa que controlaba importantes resortes en la dictadura, no se resignaran a la jubilación y a acatar las leyes. Y encontrando unos compañeros de viaje perfectos en el PSOE, con sus mismas apetencias por el robo, el poder en la sombra, la manipulación artera y el considerar al Estado un cortijo privado, hayan sobrevivido hasta ahora "mutando con cada glaciación". Ahora reparten el botín con otra banda de sacamantecas, los etarras, con lo que piensan asentarse otros 25 añitos. Viendo algunas cabezas visibles del Imperio (Polanco, Cebrián), el papel nada claro del Rey (junto a Felipe González grandes beneficiarios del 23-f) y otros muchos detalles, da que pensar.

En cuanto a la segunda línea. EL GAL tardose en desenredar 10 años. Y aún tratándose de crímenes imperdonables, en definitiva pueden transmitir la idea de que se limitaron a robar y matar etarras, aunque cayera algún inocente en el camino. Pero en este caso, si se encuentra implicado un, llamémosle GAL-2, (que me perdone Don Benito); no pueden admitir absolutamente nada, ya que se trata del asesinato vil de 200 inocentes. Y si esta gente, capaces de matar, enterrar en cal viva, derribar gobiernos, pactar con los etarras, hicieron lo que hicieron para tapar el GAL-1, (para empezar el video-trampa a Pedro J. y ¿el atentado contra Aznar?) miedo da pensar lo que pueden llegar a hacer si se ven acorralados.

En fín, esta entrada no tiene quizás el nivel, llamémosle "teórico" de anteriores intervenciones, pero es que estoy realmente preocupado por lo que se nos viene encima.
Saludos a todos.

domingo, diciembre 10, 2006

UNA NOTICIA BUENA Y OTRA MALA

He de dar cuenta de dos noticias significativas, creo que conocidas por los que lean este post, pero que merecen un comentario.

Empecemos por la buena. Murió Augusto Pinochet. Es una buena noticia y hubiera sido excelente si no fuera por que muere con décadas de retraso. Murió en la cama, pidió la extremaunción y se la dieron. Murió rodeado de los suyos, de puro viejo, en la paz y la tranquilidad de una unidad hospitalaria perfectamente acondicionada. No lo secuestraron a media noche, ni lo llevaron asustado a un estadio de fútbol, ni lo encerraron en un sótano, ni lo apalearon, ni lo torturaron, ni lo violaron, ni lo drogaron, ni lo arrojaron en avión sobre el frío mar de la Patagonia. Lo enterrarán en la tumba por él escogida, su cadáver reposará allí para que lo lloren sus familiares y aquellos que lo deseen, no aparecerá de improviso, podrido e irreconocible en la soledad de una costa austral, ni se encontrará junto con otros en el espantoso hacinamiento de una fosa común sepultado en el olvido. No, murió como mueren las personas, algo que negó a los que cayeron bajo las garras de un cóndor terrible. Que se pudra. Perdón por el exabrupto, pero es así como lo siento. No voy ha ser yo quien defienda la nefasta y peligrosa gestión del derrocado presidente Allende, de sobra sé la deriva que tomó su presidencia, tampoco seré yo quien niegue las bondades económicas del régimen de Pinochet, evidentes por sí mismas; pero ni un solo punto de más en PIB chileno justifica un solo segundo de su presidencia, ni uno solo. Recibirá cristiana sepultura aquel que se la negó a miles de compatriotas, algunos defenderán su gestión entrecomillando la muerte y la tortura como males inevitables que hay que lamentar como si de un tsunami se tratara: no lo fueron y a mí se me revuelve el cuerpo de pensarlo. Siento que no se muriera antes, no se merecía otra cosa. Púdrete Pinochet, allá donde te encuentres.

Esa es la buena noticia, ahora viene la mala, al menos para mí. Es una mala noticia que muchos de aquellos que desde la distancia jaleen y se alegren del fallecimiento de Pinochet, como yo lo hago, me den asco y rabia. Me dan rabia porque no dirán nada, salvo lamentarse cuando muera el dictador cubano, a lo sumo entrecomillarán, como hacen los que justifican la dictadura de Pinochet, la represión y la sangre derramada en Cuba, ¿sabremos algún día cuántos muertos fueron? Me dan rabia porque consintieron en apoyar a un genocida que gaseó de manera inmisericorde a kurdos y chiíes, antes que permitir que un gobierno democrático lo derrocase. Me dan rabia porque siempre han estado dispuestos a justificar, tolerar o comprender regímenes bárbaros y teocráticos si suponen un baluarte para su antiimperialismo de salón. Me dan rabia porque sólo ven muerte y represión dónde más les conviene, ¿se acordarán del genocidio tolerado por la ONU en Ruanda? Pero sobre todo me dan asco. Me da asco su miseria moral, su integrismo “democrático” que no es más que estupidez, en el mejor de los casos, y vileza en el resto. Me da asco su cobardía. ¡Que se le va a hacer! Todas las buenas noticias tienen su parte menos buena.

Recuerdo una tarde –como si fuese ayer- hace unos años, un lord británico daba el voto definitivo que ponía en marcha el procedimiento legal ante la posible extradición del Pinochet, luego todo quedó en nada, las lagunas y deficiencias legales -que sentaban un precedente no deseable-, de la causa impulsada por Garzón eran notorias. Pero aquel primer bofetón en la cara de un mal nacido lo recuerdo con lágrimas de alegría, lloré, sí. Aquel día sentí lo mismo que siento hoy, una mezcla de alegría y rabia. Porque sabía – igual que lo sé hoy- que aquellos que se imbuyeron de autoridad moral, empezando por el mismo juez, jamás perderían un minuto de su tiempo en hacerle algo parecido a un dictador caribeño.

P.D. Perdón por el tono personal, propio quizá de otro blog más intimo, pero no me ha salido de otra forma.

jueves, diciembre 07, 2006

ZEROLO, SEGÚN QUEVEDO

Una de las irreverencias menos toleradas por los fachirrojos es la de llamar a las cosas por su nombre.
Lo ridículo de esta impostura políticamente correcta es que refleja el alma fascistoide de los susodichos progres: ofende llamarle a una negro, negro, y utilizan elípticos circunloquios ridículos: subsahariano. Pero claro, nada hay de malo en ser negro, y el sólo hecho de intentar disimularlo refleja bastante racismo. Es absurdo que en el patio de un colegio se le llame al gordo, gordo; zanahorio al pelirrojo, rubio al rubio y feo al feo. Pero al negro, ¿cómo le llamamos? Además, aquí aún los blancos son mayoría, luego lo cómodo y natural es que se conozca a uno por sus peculiaridades. Me ha pasado de preguntar por alguien en la puerta de un establecimiento, y el imbécil cagado que me daba referencias me decía: "Es aquél de allí, alto, con pantalón vaquero, que lleva jersey rojo"."¿El negro?"-pregunto yo asombrado- " Bueno, si..."
¿Como llamarán a los blancos en Senegal?¿norsaharianos?

Lo mismo pasa con los homosexuales. Reconozco que me irrita cualquier referencia a los hábitos sexuales de la gente. Es algo que debería permanecer en el campo de la intimidad, y me parece intolerable cualquier discriminación. La libertad sexual es sagrada, como las otras.
Ahora bien, precisamente por ello me cabrea que hagan ostentación de sus costumbres de cama con cosas como el "Día del orgullo Gay"( Y del no gay, ¿hay día de orgullo? ¿Ser gay o no serlo es motivo de orgullo?). Y lo que ya me parece intolerable es que algunos se ganan la vida por ser homosexuales. Boris Izaguirre o Zerolo, ¿de que vivirían si no fueran homosexuales ostentosos?¡Y aún encima exigen reconocimiento y respeto a éste tráfico! Tradicionalmente en español, al que se gana la vida vendiendo su sexo se le llama de diversas maneras, y ninguna es homosexual ni gay. Pero dejemos la palabra a los clásicos.


A UN BUJARRÓN.- EPITAFIO.

Aquí yace Miser de la Florida,
y dicen que le hizo buen provecho
a Satanás su vida.
Ningún coño le vió jamás arrecho.
De herodes fue enemigo,y de sus gentes,
no porque degolló los inocentes,
mas porque siendo niños, y tan bellos,
los mandó degollar, y no jodellos,
pues tanto amó los niños, y de suerte
(inmenso bujarrón hasta la muerte)
que si él en Babilonia se hallara,
por los tres niños en el horno entrara.
¡Oh tú, cualquiera cosa que te seas,
pues por su sepultura te paseas,
o niño o sabandija,
o perro o lagartija,
o mico o gallo o mulo,
o sierpe o animal que tengas cosa
que de mil leguas se parezca a un culo:
Guardate del varón que aquí reposa,
que tras un rabo, bujarrón profundo,
si le dejan, volverá del otro mundo!
No en tormentos eternos
condenaron su alma a los infiernos
mas los infiernos fueron condenados
a que tengan su alma y sus pecados.
Pero si honrar pretendes su memoria,
di que goce de mierda y no de gloria;
y que tanta lisonja se le hace,
di:"Requiescat in culo, mas no in pace"
Francisco de Quevedo Villegas
Me reconforta pensar que los fachirrojos, como todos los idiotas, tienen poco sentido del humor. Cualquier referencia a éstos maricones, que se alimentan de serlo, les pone fuera de sus casillas. Así que como saludable terapia aconsejo irritarles llamando a los maricones, maricones. Como hace Quevedo. Y cuando estén rojos de ira, pasemos a hablar de la libertad, de USA y de Israel. Ellos no se callan, nosotros tampoco.
Ps.- Zerolo, con Z, ¿no vendrá de Italia, como LetiZia?¿No será un Julio redivivo -ver comentario 3-?
Lástima, creo que procede de Venezuela, como Izaguirre. La nueva cuna de los italianos (en tiempos de Quevedo los italianos tenían fama de bujarrones) va a ser el Caribe oriental.

domingo, diciembre 03, 2006

TRAS LOS MITOS NO HAY NADA

No, tras los mitos no hay nada, y por eso funcionan.

Raúl Castro arenga a las tropas en el homenaje a Fidel Castro y a la creación de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), el discurso parece algo menos agresivo ¿tímidos movimientos del régimen o estilo personal de Raúl? No lo sé, quizá politólogos expertos en dictaduras caribeñas nos lo aclaren. Lo importante: Fidel no apareció. El dictador –si es que aún dicta algo-, agoniza; otro mito que cae, y tras él, nada, lo de siempre, miseria, una sociedad tirada a la basura y crímenes. No importa, nuevos mitos aparecerán, cada vez más inexistentes. Mitología e izquierda, hablemos de ello.

La relación ente realidad e izquierda ha sido siempre comprometida, y sé que decir “comprometida” es suavizar las cosas: “inexistencia” quizá sea el término más conveniente, pero ha habido de todo. Ser de izquierdas, ha supuesto desde el inicio –remontémonos a la Revolución Francesa-, vivir de mitologías, cifrar la acción política en base a ensoñaciones y actos de fe: acabemos con todo lo viejo, creemos a un hombre nuevo, logremos la felicidad, acabemos con las desigualdades, seamos hermanos. Ha sido la mitología lo que ha sostenido a todos los movimientos de izquierda durante más de doscientos años. Lo sigue haciendo, hoy más que nunca. Darse de bruces con la realidad nunca ha supuesto un serio problema, intelectualmente hablando es comida gratis, por qué rechazarla. Conviene no despreciar la utilidad de los mitos, independientemente de su vacuidad, han movilizado y movilizan hoy más que nunca a millones de personas en todo el mundo, porque ha sido desde la caída del muro y del hundimiento del llamado socialismo “real” cuado más estrecha se ha hecho la identificación entre izquierda y mitología, de forma que lejos de desaparecer en el baúl de las ideologías obsoletas, hoy más que nunca goza de muy buena salud.

Hagamos un poco de memoria, no demasiado lejana. Durante muchos años funcionó el mito de la Unión Soviética. La patria del proletariado, el país donde la burguesía empezó a cavar su tumba, el foco desde donde el marxismo se irradiaría, de forma imparable, a toda la humanidad doliente. No importaba lo que allí pasaba, el mito de la URSS, encandiló a muchos europeos, desde el humilde sindicalista al sonb de un College de Cambridge. Pero las cosas empiezan a cambiar, resulta que la URSS no es paraíso que parecía ser, suceden cosas, hay miseria. No, el socialismo no es eso, lo han pervertido, critiquemos a URSS –un poco-, en nombre del socialismo. Sólo es necesario encontrar una nueva Arcadia donde descansar de esta sociedad de la que no podemos (o queremos) escapar. “Pidamos lo imposible”, “encontremos la playa debajo de los adoquines”, cuanto más lejos, mejor. Entonces se descubre el Tercer Mundo –territorio virgen para nuestras ensoñaciones-, salvémosles, nos lo están pidiendo. Y China, y esa efervescente Revolución Cultural, ese Mao tan cool; qué más se puede pedir. Ahora sí que hay dónde elegir: socialismo caribeño en Cuba, ortodoxia religiosa en el maoísmo, revoluciones tercermundistas. ¿La realidad? ¿Quién la necesita? ¿Camboya, sátrapas africanos, miseria? Uno se puede encoger de hombros, no tenemos la culpa, bueno sí, un poco, pero han sido otros quienes pervierten los ideales, ¿por qué dejar de creer en nuestra Arcadia personal? Y de pronto todo se derrumba, sin aviso. China se vuelve capitalista, los berlineses del este asaltan el muro –sin que nadie se lo impida-, el bloque comunista abraza la democracia burguesa, y la URSS desaparece, sí, desaparece. ¿Y los mitos? Bueno, queda Cuba, y Corea del Norte. Pero eso no vale, ya pocos creen en Castro –tan solo hay que ser indulgentes con él, por los viejos tiempos-, en cuanto a Corea, bueno, mejor no hablar. Así pues, busquemos nuevos mitos, esta vez serán mejores, indestructibles, ¿qué sería de nosotros?

Y en este punto estamos, o mejor dicho estábamos hace más de quince años –cómo pasa el tiempo-, y efectivamente se encontraron nuevos mitos. Seattle, ¿se acuerdan? Fue la presentación -espectacular, eso sí-, de algo que ya se venía gestando tiempo atrás. Antiglobalización, multiculturalidad, ecologismo, antioccidentalismo, pacifismo, Islam…, y los nuevos iconos: Porto Alergre, el subcomandante Marcos, Chávez, Bové –sí el quesero-, Arafat –o cualquier palestino, con o sin pañuelo-, Lula, ATTAC, Ramonet, la ONG de turno, tutti cuanti. Como toda ideología que se precie tiene su versión hard –manifestaciones antisistema, anarquismo de salón, ecologismo apocalíptico, islamismo-, y su versión soft, apta para el progre que tiene que pagar su hipoteca –irenismo imbécil, alianza de civilizaciones, militancia en ONG´s, y paz, mucha paz-. Y el Tercer Mundo claro, que nunca dejará de dar todo lo que tiene para calmar las conciencias redentoras de ecologistas, anticapitalistas y progres de todo el mundo; y si sus habitantes están clamando por que una multinacional se instale en sus países y cree puestos de trabajo, habrá que decirles lo que les más les conviene.

Son los nuevos mitos, y dos cosas les diferencian de los anteriores, dos cosas que hacen que sean más fuertes y que funcionen mejor.

La primera es su trivialidad: no es necesario dominar ningún campo del conocimiento –ni la economía, ni la política, ni la ciencia-, para erigirse como representante de esta nueva izquierda, basta declararse como tal, y punto.

La segunda, y más importante, es su carácter mítico absoluto. El paraíso que proponen ya no es de este mundo, ya no existe una Unión Soviética o una China que les devuelva el rostro abyecto de sus acciones –el derrumbe del socialismo real, más que un impedimento ha supuesto la liberación de un pesado lastre-, frente a la creencia de un más allá irrealizable no hay crítica racional que les afecte, creer en ello se vuelve en un acto de fe. No cuesta nada, comida gratis, sólo hay que dejar de pensar, dejarse llevar por lo emocional, y creer.

Tras los mitos no hay nada, eso los hace fuertes, pero creer en ellos puede resultar miserable.

miércoles, noviembre 29, 2006

ESTABA EQUIVOCADO

Desde hace mucho tiempo me he preguntado si la movilización ciudadana, las manifestaciones y los gritos, la bulla y el jaleo son eficaces herramientas políticas. Desde luego, parece evidente que la izquierda filofascista que padecemos ha sacado mucho provecho a aquéllo de "tomar la calle". Su demagogia se apoya en un pilar fundamental, el representar al pueblo. Y cuando no lo representa -nunca lo hace-, al menos genera esa apariencia con la movilización. Y la apocada derecha siempre le ha seguido el juego, pues tradicionalmente ha creído que en efecto, la izquierda era el pueblo.

Sin embargo, hete aquí que de un tiempo a esta parte, la movilización ha cambiado de manos, y ahora es la "no izquierda" la que se manifiesta. ¿Vale para algo?

Por principio a mí todas estas muestras de pasión me parecen sospechosas, y a veces contraproducentes. Puede que la sospecha provenga de la costumbre, y es que son muchos años de soportar manifestaciones fraudulentas, en las que las izquierdas manipulaban, retorcían y falseaban la realidad para engañar a la gente y conseguir sus intereses espurios y ocultos. La última vez que lo hicieron fue cuando el Prestige y el "no a la guerra", quizá su momento más glorioso. Por eso cualquier manifestante tiende a parecerme sospechoso.
En cuanto a que suelen ser contraproducentes, sólo quiero resaltar dos hechos: la vergüenza que me produjo ver a los españoles salir a berrear tras el 11-m, encabezados por el Príncipe de Asturias, para decirle al enemigo lo bien que había hecho su trabajo: "!No está lloviendo/Madrid está llorando¡" Hay que ser imbéciles. Está fue la apoteosis del "no a la guerra", y pieza fundamental del golpe de estado. Y vale también como ejemplo de por qué son dignas de sospecha estas concentraciones: la manipulación se hace mucho más fácilmente.
También me parecen contraproducentes porque necesitan de un complemento de medios de comunicación que están en manos del enemigo. Por ello, cuando los no fachirrojos salen a la calle, los polancos y adláteres dicen que fueron cuatro gatos, aunque hayan sido cientos de miles, y sacan a algún despistado que haya salido con la bandera con el águila de San Juan, y así parece que eran pocos y fachas.

Sin embargo, y a pesar de todos los anteriores argumentos, que no dejan de ser válidos, tengo que reconocer que ahora creo que sí que son útiles. Estaba equivocado.

La reacción histérica, derrotista y miope de ZP con el vídeo estúpido ese en que intenta justificar su bajada de pantalones en que Aznar también se los bajó, me ha acabado de convencer. (Sin entrar en ello, hay que ser imbécil para a un tiempo reconocer que se está cediendo ante ETA y vendernos que Aznar, el de las Azores, el durísimo intransigente halcón que ama la guerra y con quien no se puede ni hablar de lo inflexible que es, cedió más. Lo primero todos lo han corroborado ahora, y lo segundo nadie se lo cree. Basta preguntarle a un etarra si prefiere a ZP o a Aznar en la Moncloa).
Y me ha convencido -"del enemigo, el consejo"- el que el estado de ánimo nacional, la opinión pública, ha cambiado gracias a las movilizaciones, que tienen dos virtudes que acabo de descubrir:

- Incrementan la moral combativa, de la que tan necesitados estábamos. De hecho es lo único que nos faltaba. Ahora los enemigos de la rendición no se sienten solos, no están acobardados, no sienten la presión del grupo sino su aliento. Y eso influye muchísimo en un pueblo gregario, comodón y cobarde como el nuestro. Recordad la guerra de Irak.

-Y sobre todo, reflejan el espíritu nacional. La nación se reconoce cuando lucha por su libertad contra el enemigo común. Tanto las manifestaciones últimas, contra la rendición ante la Eta y por las víctimas, como las primeras de Ermua, cuando ocurrió aquella tragedia del asesinato vil y cobarde de Miguel Ángel Blanco, sirven de catalizadores de la solidaridad nacional. Todos estamos unidos por un hilo invisible de solidaridad que nos liga a los compatriotas y nos compromete a todos, y sentirse integrante de esa cadena genera una fuerza difícil de exagerar.

Ya pueden manipular la verdad, engañar a los suyos o ignorar la realidad. La nación existe, y se resiste a dejar de existir. Y esta rebelión de la nación frente al Estado, que empieza en la calle y acabará en la Ley, siempre ha traído cambios positivos en España, al menos desde 1812.

domingo, noviembre 26, 2006

ASUMIENDO RESPONSABILIDADES ¿O NO?

Asumir una responsabilidad, requiere cierta fibra moral, no es fácil arriesgar una posición que puede parecer cómoda. Sucede a veces, cuando no queda nadie más, que se es el único en afrontarla. Puede parecer, que en este caso la decisión es sencilla, y sin embargo, es en estas situaciones de soledad cuando más asaltan las dudas y las indecisiones. Hace dos años y medio que el PSOE ganó las últimas elecciones generales, lo quiera o no, el Partido Popular es la única fuerza política en disposición de cambiar el actual estado de cosas, ¿acabará por afrontar el PP las responsabilidades que las circunstancias le obligan a asumir, se verá forzado a ello, u optará por un agiornamento defendiendo una pretendida comodidad que acabará con él mismo? Intentemos responder a esas preguntas.

En primer lugar hay que decir, que las relaciones de un liberal, como yo, con el Partido Popular suelen ser complicadas, por decirlo de manera suave. Complicadas atendiendo a la misma naturaleza del partido. ¿Es el PP un partido liberal? En puridad habría que decir que no, o al menos no en su totalidad. Es obvio que existe en el PP una corriente liberal que se hace más o menos explícita al vaivén de los acontecimientos. Esta opción se hizo muy presente entre el final de la primera legislatura (del PP) y el comienzo de la segunda, pero se fue desvaneciendo a medida que discurría ésta –salvo en la decidida opción en política exterior, y hay que decir que fue una opción personal de Aznar. Conviven en el PP diversas corrientes: liberales, democristianos, “centristas” (¿?), conservadores, mediopensionistas, ni fu ni fa…, todas ellas unidas por mor de las circunstancias en coexistencia pacífica, o habría que decir mutuamente vigilantes, prestas a las periódicas rebatiñas con las que nos regala la derecha –o la no izquierda. Esta puede ser, y de hecho lo es, una discusión bizantina si uno se da cuenta del panorama político actual, porque la emergencia del mismo es tal, que toda posible consideración sobre si el liberalismo acabará por cuajar en el PP o fuera de él, pasa de manera ineludible por reconducir de manera inmediata la situación política creada por la alianza entre socialistas, nacionalistas y partidos atisistema, algo que por poco que nos detengamos, acabaríamos definiendo como socialfascismo sentimentaloide.

Cualquier opción de cambiar el actual panorama político pasa por una sola circunstancia: el desalojo del PSOE del poder mediante una victoria del PP por mayoría absoluta. A día de hoy, esa es la realidad. Lo sabemos todos, lo sabe también el PP. Pero para poder lograrlo hace falta algo más que el conocimiento. Hace falta la voluntad explícita de asumir una responsabilidad que al PP, en tanto que partido nacional, le ha tocado (sí, lo siento Sr, Rajoy, le ha tocado a usted, qué le vamos a hacer). Defensa numantina y sin complejos de la Nación (Cataluña, Andalucía, Galicia, ¿qué pretenden?), desmontaje implacable de toda la papilla ideológica progre (esto es un combate de ideas, no decir las cosas o darlas por sabidas significa perder la batalla), denuncia sin paliativos de las mentiras gubernamentales (rendición ante ETA, 11-M), poca cosa más. Señores del PP, olvídense de realizar DVD´s que nadie ve, dejen de hacer esgrima parlamentaria que tan bien queda por televisión; ensúciense las manos, pónganse a trabajar, porque son estas cosas y no otras las que interesan ahora a quienes les votan o puedan hacerlo. Revisando estos dos últimos años, da la sensación de que el PP siempre ha ido a remolque de sus votantes, de que les ha tenido que seguir de mala gana. Ha habido una masa importantes de ciudadanos, que a pesar de todo no se han resignado y han marcado la pauta política a seguir, lo cual dice mucho a favor de la ciudadanía –aquella que aún se considera como tal-, y muy poco a favor de sus representantes. Existe en el PP un lado oscuro que, como a Skywalker, le acosa de manera recurrente, trufado de corrección política y error de cálculo. Un error de cálculo que siguen cometiendo: desengáñense, señores del PP, después de lo que pasó, nadie que votase al PSOE en las últimas elecciones cambiará su voto, a lo sumo se quedará en casa. El plus de votos que pueda hacerles ganar las elecciones no se encuentra entre los descontentos de la izquierda –de esta izquierda-, si no en su electorado natural y en esta nueva generación de liberales que lenta pero incesantemente va surgiendo. Dejen de apostar por un cambalacheo de votos que es mínimo y miren en otra dirección, hay gente dispuesta a seguirles, en caso contrario otros más decididos quizá les tomen el relevo y les jubilen. La izquierda quiere que se encuentren cómodos, que estén calladitos, que todo quede en un amable rifi rafe parlamentario, puede que hasta les dejen alguna alcaldía ¿ustedes también lo quieren?

Terminaré con una consideración personal. Soy liberal, republicano (republicano de republicanismo, no segundarepublicanista), no creyente, abomino de la burocracia y de este sistema electoral que no hace si no apuntalar una partitocracia despreciable. Con ese bagaje, votaré al PP las próximas elecciones. Como liberal, no creo en las gratuidades, pago por lo que necesito y espero reciprocidad por lo que ofrezco, por ello, a pesar de la crítica situación mi apoyo no es un cheque en blanco, les exijo por tanto responsabilidad, y la inequívoca voluntad de cambiar las cosas para que lo que ocurrió entre los días 11 y 14 de Marzo de 2004 no vuelva a suceder, es decir la entereza moral que no tuvieron para combatir al enemigo que les derrotó en las urnas. Una sola cosa me desazona, que no haya tiempo.

miércoles, noviembre 22, 2006

Los neo-cons insisten en no enterarse (por lo menos éste)

ORIENTE MEDIO
Por qué Irak se está yendo a pique
Por Charles Krauthammer

Retrocedamos a los días de la Convención de Filadefia. Alguien preguntó: "¿Qué tenemos?". "Una república, si la sabéis conservar", respondió Benjamin Franklin. Regresemos al presente. Hemos dado a los iraquíes una república, pero no parecen capaces de conservarla.

Los americanos nos flagelamos de continuo con la idea de que somos la raíz de todos los males que padece el mundo. ¿Que hay armas nucleares en Corea del Norte? ¿Que hay pobreza en Bolivia? ¿Que hay violencia sectaria en Irak? Nos golpeamos el pecho y tratamos de encontrar las causas en América.

Nuestro discurso sobre Irak ha seguido el mismo patrón: ¿en qué nos hemos equivocado?, ¿no habremos enviado un número insuficiente de tropas?, ¿hemos sido unos ocupantes arrogantes, o quizá el problema reside en que hemos sido demasiado blandos? En fin, escoja usted, que hay lamentos para todos los gustos.

Yo tengo mis propias ideas al respecto. Echando la mirada atrás, creo que cometimos varios errores graves: por ejemplo, no acabar con los saqueadores, no instalar un Gobierno iraquí en el exilio y no eliminar en 2004 a Muqtada al Sader y a su Ejército del Mahdi. Todo ello puso en grave peligro la ocupación. Con todo, el problema fundamental se encuentra en los iraquíes y en su cultura política.

Nuestros objetivos en Irak fueron, en todo momento, dos: deponer a Sadam y reemplazar su régimen criminal por un Gobierno democrático y que se sostuviera a sí mismo. Lo primero fue relativamente fácil, pero el primer Gobierno verdaderamente democrático resultó ser desesperantemente frágil y estaba muy dividido: era poco más que unos ministerios entregados a una variedad de partidos, milicias y caudillos.

El problema no es, como machaconamente se repite, el número de tropas americanas, o iraquíes, sino la filiación de estas últimas: algunos sirven a esa abstracción denominada Irak, pero son muchos los que juran lealtad a partidos, sectas religiosas o jefes guerrilleros.

¿Son los árabes intrínsecamente incapaces de vivir en democracia, como sugieren los de la escuela "realista"? Ciertamente, hay razones políticas, históricas y religiosas por las que los árabes están menos preparados para la democracia que, digamos, los latinoamericanos o los habitantes del Sudeste Asiático, que a lo largo de las últimas décadas han experimentado una exitosa democratización en sus países. Sin embargo, el problema, en el caso iraquí, reside en su cultura política, ultrajada y arruinada por 30 años de totalitarismo sadamita.

El régimen baazista dejó un páramo social; faltaban la confianza, la buena voluntad y el capital humano necesarios para el funcionamiento de la democracia. Al iraquí de a pie sólo le quedó la mezquita, el clan o la milicia. Así pues, en estas primeras fases del desarrollo democrático la conciencia nacional iraquí es aún demasiado débil, al igual que la cultura del compromiso, como para alumbrar un Gobierno eficaz y ampliamente legitimado.

El mes pasado unos solados americanos capturaron en Bagdad a un cabecilla de los escuadrones de la muerte del Ejército del Mahdi; pero el primer ministro, Nuri al Maliki, les obligó a soltarlo. Hace dos semanas recibimos órdenes, otra vez de Maliki, para desmantelar los controles que habíamos establecido alrededor de Sader City con el objeto de capturar a otro cabecilla de los escuadrones de la muerte y dar con un soldado americano dado por desaparecido.

Así no se dirige una guerra. El Gabinete Maliki es un fracaso. Está en manos de una coalición dominada por dos partidos religiosos chiitas, ambiciosos y armados, que luchan entre sí y contra el objetivo primordial de erigir un régimen democrático moderno y estable.

¿Estamos ante un fallo americano? No. Estamos ante el resultado de las primeras elecciones democráticas celebradas en Irak. Estados Unidos no iba a reemplazar a Sadam con otro tirano. Intentamos sembrar la democracia en el corazón de Oriente Medio como único antídoto imaginable contra fundamentalismo y el terror. Eso, en un país chiita en sus dos terceras partes, significaba inevitablemente que el control recaería en manos chiitas. Nunca estuvo claro si los durante tanto tiempo oprimidos chiitas tendrían el suficiente sentido nacional y el suficiente sentido del compromiso como para gobernar democráticamente y no dictatorialmente. La cuestión, ahora, está fuera de dudas: si lo hacen unidos en una gran coalición, no.

Sin embargo, y por fortuna, los chiitas que disfrutan del poder no presentan una gran cohesión interna. Hace apenas un mes, dos de los principales partidos religiosos sobre los que se sustenta el Gabinete Maliki se enzarzaron en Amara en un combate salvaje.

La ruptura del frente chiita deja un resquicio para la esperanza. Habiendo demostrado el Gobierno chiita ser un completo fracaso, deberíamos impulsar la ruptura definitiva de dicho frente en beneficio de una nueva coalición, sustentada en alianzas intersectarias, en la que tendrían cabida los elementos chiitas más moderados, seculares y religiosos, pero en ningún caso el ponzoñoso Sader, los kurdos y aquellos sunnitas que reconozcan su estatus de minoría y estén dispuestos a aceptar una oferta importante en la mesa de negociaciones.

Estamos hablando de una coalición que estuvo a punto de formarse tras las últimas elecciones iraquíes. Es preciso volver a intentarlo. Podemos pasarnos toda la vida rectificando las tácticas americanas o dándole vueltas al número de tropas que deben estar en Irak, pero a menos que los iraquíes conformen un Gobierno resolutivo, y con objetivos únicos y claros, no habrá forma de alcanzar la meta que nos fijamos en esta guerra: dejar en Irak un Gobierno democrático capaz de sostenerse por sí mismo.
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Que no, señor Krauthammer, que no. Que no es verdad que la democracia liberal e igualitaria de sufragio universal sea compatible con todas las culturas, ni que su implantación universal sea el destino previsible, necesario y deseable de la Humanidad en un quimérico "final de la Historia" (como si la Historia pidiera tener final). Que no es verdad que todos los hombres, con independencia de la tradición cultural a la que pertenezcan, sueñen anhelantes con poder votar cada cuatro años al centro-derecha o al centro-izquierda, con ir todos los domingos y fiestas de guardar a pasar el día en el centro comercial y con ir "de marcha" las noches del fin de semana, con que sus madres, esposas, hermanas e hijas se "liberen" económica y sexualmente y con que su vida gire en torno a la TV, la ropa de marca y él último modelo de coche, de móvil o de cualquier otro cachivache electrónico.
Que no es verdad, señor Krauthammer, que el hombre sea ese Hombre abstracto y puramente racional en el que los condicionamientos culturales particulares sean algo secundario y un despreciable obstáculo en el camino de su "liberación", sino que forman parte principal de su esencia como ser moral y espiritual, es decir, como ser humano.
Que no es verdad, pese a lo que diga la declaración de independencia de los EE.UU. y el discurso igualitarista de la Ilustración, que todos los hombres nacen libres e iguales de modo que sea lógico y deseable que todos participen con igualdad de derechos en el gobierno de la polis, pues nuestra especie, como el resto de las especies animales, es una especia jerárquica en la que ciertos individuos nacen para mandar y otros para obedecer, cosa que la humanidad, empezando por la humanidad europea, ha tenido bastante clara hasta que a la Ilustración se le ocurrió el disparate de que todos los hombres, lo mismo inteligentes que estúpidos, rectos que malvados, virtuosos que viciosos, valientes que cobardes, debían poder participar en la dirección de los asuntos públicos, y de que tal cosa redundaría en benefico de la sociedad.

domingo, noviembre 19, 2006

LA GRAN IMPOSTURA

Izquierda e Islam. De todas las imposturas cometidas por la izquierda, su alianza con el Islam, ha sido quizá su mayor locura. ¿Por qué? ¿Cómo? Me gustaría tratar someramente estas cuestiones.

Hay que decir, en primer lugar que dicha alianza viene de lejos. Se fue forjando paulatinamente durante los años sesenta y setenta del siglo veinte, cristalizó durante los ochenta y se ha convertido en ingrediente esencial de los movimientos de izquierda tras la caída del muro. En mi opinión, a diferencia de lo que pueda parecer a primera vista, no ha sido una alianza contra natura, más bien al contrario, es fruto de un proceso que culminó con el derrumbe del llamado comunismo real. Veamos como.

La alianza entra entre izquierda (o izquierdas) e Islam es fruto de un proceso que opera a través de tres vectores complementarios.

Primero. La secuencia antisemitismo-antisionismo-pro movimientos palestinos. Basta hacer un repaso de los movimientos de izquierda (comunistas y socialistas) anteriores a la Segunda Guerra Mundial, para constatar un hecho evidente: el declarado antisemitismo de muchos de sus militantes y simpatizantes. En esta época el antisemitismo atraviesa de manera transversal la política europea, y acaba siendo patrimonio de opciones manifiestamente antiliberales y populistas, sean de derechas o de izquierdas. Tras la Segunda Guerra Mundial, el antisemitismo es una palabra proscrita, pero no su contenido, éste encuentra su salida natural en la oposición de muchos movimientos de izquierda a la constitución del Estado de Israel. Aún hoy el antisionismo es defendido abiertamente por buena parte de una izquierda, más o menos radical, europea. Defender la desaparición de un estado legalmente constituido y democrático como Israel, puede resultar difícil de asumir, a menos de forma explícita, de manera que aparece una segunda metamorfosis del fenómeno: el apoyo sesgado, parcial y acrítico a los movimientos palestinos. En esta tercera forma es en la que se mueve la izquierda de manera mayoritaria.

Segundo. El binomio antiimperialismo-antiamericanismo. Se podría decir que el antiimperialismo, o en su versión actual, antiamericanismo, ha actuado a lo largo del siglo veinte a modo de sustancia aristotélica, la cual ha permanecido inmutable en la transformación ideológica sufrida por la izquierda tras la caída del muro. Se ha pasado de las formas marxistas a nuevas formas más difusas y vagas, pero que comparten una misma sustancia: el rechazo al capitalismo como sistema económico y al liberalismo como político. En esta dinámica el Islam fue visto en principio como aliado coyuntural, y actualmente como aliado natural.

Y tercero. La apropiación por parte de la izquierda de la doctrina del multiculturalismo. Esta doctrina, que erróneamente defiende una pretendida equiparación (equiparación en base a qué) de las culturas entendidas como compartimentos estancos, ha pasado a convertirse en un antioccidentalismo ramplón. De manera que se ha dado la paradoja de que el multiculturalismo se ha reducido a la defensa, incluso a costa de valores que consideramos irrenunciables, de una cultura, el Islam, caracterizada precisamente por una visión totalizadora y excluyente de todo aquello que considera ajeno a sus valores, es decir, nada multiculturalista.

Estos tres ejes, han posibilitado la actual alianza entre las izquierdas e Islam. Alianza, que no por previsible, resulta menos suicida. Baste recordar, a modo de ejemplo, la ingenua opción que tomó en su día la izquierda iraní: apoyar el regreso de Jomeini y de su revolución, para luego ser laminados de forma implacable por la teocracia de los ayatolás. Entender el cómo no lleva siempre emparejado entender el por qué. Causa verdadera perplejidad, por no decir sonrojo, ver cómo adalides de la democracia, la igualdad política y jurídica de sexos y la libertad sexual, defienden, entienden o justifican, precisamente a aquellos que jamás han podido dotarse de un régimen democrático, que condenan a la mujer a un segundo plano humillante y degradante, y que consideran a la homosexualidad una aberración punible incluso con la muerte.

¿Tal es el grado de odio que les inspira aquello que realmente son? ¿A qué estadio de majadería han llegado?

No me gustan las analogías históricas, suelen ser inexactas, pero al analizar la alianza entre izquierda e Islam, no puedo dejar de pensar en la traición de los hijos de Witiza.

jueves, noviembre 16, 2006

EL OPTIMISMO COMO DEBER

Ante las tribulaciones sin cuento que padecemos me parece intolerable cualquier atisbo de derrotismo. El primer deber de todo ciudadano es no admitir la derrota, y la acomodaticia rendición que nos atrae con sus cantos de sirena debe ser desterrada de nuestros corazones.

Son varias las manifestaciones del derrotismo: desde los que aceptan la ideología predominante por comodidad, falta de personalidad o cobardía -en el rebaño siempre se siente uno protegido- hasta los que no hacen más que llorar como plañideras recordando que todo tiempo pasado fue mejor. Estos últimos suelen escudar su inacción en la inevitabilidad de una decadencia imparable.

Aunque realmente la degeneración que nos anega fuese inevitable, es eso excusa?. Yo creo que la decadencia actual parte también de una debilidad espiritual, de un afeminamiento moral contra el que es más fácil pelear de lo que se cree. Recordad que "moral" es una palabra polisémicamente reveladora: significan tanto "empuje" como "honestidad". A mi juicio, lo honesto es el empuje. Lo moral, el optimismo. Lo honrado, no rendirse. Aunque la derrota sea segura. Y este espíritu, que no depende ni de las circunstancias, ni de nada externo más que de nuestra propia voluntad es aquello verdaderamente revolucionario que está al alcance de nuestra mano. Es el arma secreta de que disponemos cada uno en esta guerra.

Este cambio de enfoque frente a los problemas de este mundo tiene mucho que ver con la búsqueda de soluciones a esta crisis en las que nos han precedido. En la historia está que cuando toda Europa había sido conquistada por los Nazis; cuando hasta Francia, aún heredera heroica de la guerra de 1914-18, se rindió miserablemente en semanas; cuando el aparente enemigo directo de los nazis, los comunistas, se alió con ellos para repartirse Europa; cuando aún USA no era beligerante y la Gran Bretaña estaba sóla ante el mundo entero, Churchill, y por su boca toda su gran nación, dijo: No nos rendiremos jamás. Y eso que los alemanes les tentaron con ofertas más o menos honrosas y negociadas, poco onerosas en comparación con proseguir la guerra. Aguantaron porque era su deber. Y contra todo pronóstico, vencieron. Ese espíritu es el que cada uno debe adoptar, la estrella que ha de guiar a nuestras tropas en esta guerra por la libertad. Frente a la decadencia, valor. Frente al derrotismo, arrojo. Empuje, gallardía y honor serán nuestras armas. Están en nuestras manos.

Para empezar, es de destacar que los españoles, podemos hacerlo. Y la prueba está en que esta nación hoy decadente, ya lo hizo en el pasado. Un enfoque imparcial de nuestra historia la he encontrado en un viejo libro:

"Los españoles pueden recordar con orgullo que el solo hecho de haber descubierto, conquistado, explorado y creado la estructuración externa de su imperio colonial americano constituye ya por sí una de las mayores hazañas que jamás haya llevado a cabo pueblo alguno. Y más loable es aún el haber llevado su cultura a los naturales del pais, a los que lejos de exterminar empezaron a educar en el espíritu cristiano. (...)Aunque fueron cometidas equivocaciones y crueldades, que por cierto fueron censuradas principalmente por los mismos españoles, no merece la obra realizada, en manera alguna, aquel descrédito con que , por contrastes políticos y religiosos, la motejaron los ingleses y más tarde los anglosajones."

Josef Stultz, "Die Vereinigten Staaten von Amerika". Freiburg im Breisgau, 1934.

Otro ejemplo: Ante el asedio de 50.000 turcos comandados por Barbarroja, la plaza de Herzeg Novi (Castelnuovo, en las crónicas. Costa Dálmata), en poder de un Tercio Viejo al mando de Francisco Sarmiento -menos de 4000 hombres-, resistió las acometidas del verano de 1539, el invierno de 1540. Y de la primavera. Y llegó la acción de castigo de Barbarroja, con fuerzas muy superiores por mar y tierra, que hacían imposible cualquier intento de socorro para los sitiados e inútil cualquier intento de resistencia.

"¿Qué ocurrió entonces? El Archivo Real de Bruselas posee un preciso documento a este respecto. Se trata de la relación de dos cabos de escuadra de la compañía del capitán Vizcaíno, unos de los pocos supervivientes a la matanza.
(...) Barbarroja se tomó el asedio con calma...El 23 de julio, considerando ya ultimada la fase inicial (trincheras y artillería) mandó un ultimátum al maestre de campo Francisco Sarmiento, para que se rindiera con los suyos, entregando la plaza; un ultimátum con honrosas condiciones: se le facilitaría el paso a Italia con todos sus hombres, y a banderas desplegadas, amén de ofrecerle una golosina de 20 ducados para cada soldado, lo que entonces era una cantidad no despreciable. Sólo exigía que abandonasen la artillería y las municiones.

Es en ese momento cuando el relato del manuscrito de Bruselas alcanza su máximo interés. Sarmiento consideró que debía transmitir a sus oficiales las honrosas propuestas de Barbarroja.

El maestre de campo comunicó a los capitanes y éstos a los oficiales, y resolvieron que querían morir en servicio de Dios y de S.M., y que viniesen cuando quisiesen...

Ante la resistencia enconada, Barbarroja decidió barrer la plaza con la artillería, hasta conseguir que no quedara piedra sobre piedra. Pero aquellos valientes decidieron defender la plaza y los restos que quedaban del castillo; apenas 500 soldados, contra miles que se les venían encima. Y cuando no pudieron más, se retiraron ordenadamente "en escuadrón", como si estuvieran en una parada militar hacia el castillo de abajo que defendía el puerto. Aún seguían animándolos el Maestre de Campo Francisco Sarmiento, y los capitanes Vizcaíno, Masquete, Serón, Luis de Haro y Machín de Monguía. Ya no quedaba sino morir, las espaldas contra las espaldas, y así nos lo relata con dramática sobriedad el manuscrito de Bruselas:

Ya la tierra por todas partes era tomada. Y Juan Vizcaíno murió allí, peleando como valiente hombre. Y Francisco Sarmiento andaba a caballo y bien herido. Y queriéndolo salvar, no quiso, y dio espuelas al caballo, y metióse peleando en la mayor furia de los genízaros. Que no se halló muerto ni vivo, ni saben qué se hizo.

Apenas si hubo supervivientes:algunos pocos que, logrando romper el cerco, encontraron refugio en la cercana República de Ragusa; el resto , tres o cuatro docenas de heridos, fueron llevados a Constantinopla como esclavos."

Manuel Fernandez Alvarez, Carlos V, el César y el Hombre. Espasa. Res. Pág. 576 y ss.

Evidentemente no podemos cambiar el mundo de golpe. Pero podemos cambiar nosotros .Como los monjes medievales o las órdenes militares, seamos como un sagrario viviente del espíritu de occidente. Y venceremos, porque nunca nos derrotarán. Ya sean los fachirrojos populistas con su artillería demagógica, ya los nazis con turbante con su terror asesino, ya cualquier otro enemigo de la libertad y la civilización, no nos rendiremos jamás. Que vengan cuando quieran.

domingo, noviembre 12, 2006

HIPOTESIS

Volvamos a la cruda realidad.

Entender la verdadera naturaleza del llamado “proceso de paz”, no basta para entender la autentica dinámica del mismo. Surgen cuestiones y puntos oscuros que resultan problemáticos.

Para un observador atento, el que todavía no se encuentre embotado por el alud de reflexiones, argumentos y loas que justifican y apoyan -a veces de manera delirante-, dicho “proceso”, resulta evidente cuál es su naturaleza. No insistiré demasiado, supongo conocidas sus características:

Supone, en primer lugar, la voladura del sistema constitucional surgido en 1978. Voladura que se realiza obviando todos los trámites y formalismos establecidos, despreciando de esta forma, la opinión de aquellos que están legitimados para su reforma o derogación: los ciudadanos españoles de pleno derecho.

Supone la rendición de un gobierno electo a un grupo terrorista, reconociendo de manera implícita a éste como interlocutor político y haciendo concesiones que no está capacitado para realizar, salvo incurrir en el delito de traición.

Supone la destrucción de la Nación Española, negando su poder soberano y reconociendo la existencia de “ámbitos de decisión” independientes que se sobreponen y sustituyen a la misma acabando con su indivisibilidad.

Y sobre todo, supone el desprecio y la más miserable de las actitudes frente a quienes más han sufrido el zarpazo del terrorismo, quienes han caído defendiendo las libertades. Supone la equiparación de víctimas y verdugos, algo cuya miseria moral es imposible justificar.

Graves connotaciones todas ellas. Tan graves que es difícil, incluso para el apabullante coro mediático, silenciarlas. De hecho, basta escuchar como la llamada ahora “izquierda abertzale” se refiere a dicho proceso como “proceso político” y no de otra forma.

También es fácil entender los beneficios que saca el nacionalismo vasco –y otros nacionalismos dispuestos a subirse al carro-, la independencia de facto del País Vasco con entrada automática en la Unión Europea y la posibilidad de anexión de Navarra, vital para su supervivencia económica. En cuanto a ETA, consigue erigirse como referente político adquiriendo un protagonismo que jamás osó tener, aspirando a una hegemonía que daría cuenta de sus aspiraciones.

Teniendo todo esto claro, es en esta cuestión donde me asaltan las dudas: ¿qué saca al PSOE de todo esto? Intentemos responder a esta pregunta.

La hipótesis del puro rédito electoral puede parecer la más evidente, pero ¿realmente es así? Si lo que quería Zapatero es postularse como el pacificador, como un nuevo Tony Blair, ¿por qué ha ido tan lejos? Podríamos pensar que no ha podido controlar el proceso y se le ha ido de las manos, algo natural conociendo las limitaciones políticas del personaje. Sin embrago, a tenor de las últimas revelaciones, uno puede comprobar como ha sido el propio PSOE (ó PSE), desde mucho tiempo atrás, el verdadero instigador y promotor del proceso -dejando incluso descolocado al PNV-, antes incluso de poder optar a la victoria electoral. Existe algo más que el rédito electoral, una intención de más largo alcance.

Otra hipótesis pudiera ser la intención sincera de acabar con el terrorismo con la rama de olivo en la mano y el dialogo, algo coherente con el panfilismo y la estupidez de cada vez más amplios sectores de la izquierda. Esto estaría, desde luego, a la altura intelectual de Zapatero, pero no a la altura –o la bajura- de la miseria moral de un partido que quiso negociar con ETA sobre la base de poner sobre la mesa cadáveres de uno u otro bando. No, no es una opción compatible con el partido de los GAL.

Una tercera hipótesis me parece más plausible y enlaza con la primera. ¿Responde el “proceso de paz” a un proyecto político de hondo calado? Es decir, ¿la voladura del sistema constitucional y la aniquilación del sujeto político de la Nación Española, constituiría la base de la hegemonía política de un partido atomizado en “reinos de taifas”? Esto constituiría una huída hacia delante sin precedentes. Tras el fracaso de un sistema semejante al PRI mejicano, por parte de los gobiernos de González, y ante la posibilidad de una alternancia de partidos, la anulación de una oposición nacional mediante el recurso de romper a la Nación, sería la única forma de conservar las riendas del poder, sólo o en compañía de los nacionalistas, en una “confederación” de naciones ficticias que ya nada significaría.

Existe una cuarta consideración que sobrevuela y penetra las tres hipótesis expuestas y que sólo nombrarla produce una desazón y un escalofrío difícil de ocultar. Es una consideración que comenzó en un hotel de Perpiñan y que podría –tan sólo son especulaciones que lamentablemente van tomando cuerpo- pasar por cuatro trenes un jueves de marzo tres días antes de las últimas elecciones. Sobre esto aún es pronto para aventurar nada, pero con qué implacabilidad se van acumulando hechos que quisiéramos negar, hechos que producen espanto.

Quisiera terminar –pido perdón por la prolijidad- con una última hipótesis sobre el futuro inmediato del “proceso de paz”. Nos encontramos en punto muerto. A pesar de la voluntad del gobierno Zapatero, los pocos resquicios que aún quedan de la división de poderes actúan a pesar de todo, y como se preveía han llevado a una situación de bloqueo ante las demandas maximalistas de ETA. Ambos necesitan la tregua –más el propio gobierno que ETA-, el tiempo pasa y nos metemos en año electoral. Tal y como están las cosas aventuro algo que ya he oído en algunas ocasiones últimamente: una ruptura negociada de la tregua. ETA, de acuerdo con el gobierno rompería temporalmente la tregua, ambos salvarían la cara: ETA ante sus bases por la lentitud del proceso, y el gobierno podría enfrentar las acusaciones de rendición ante unas elecciones quizá anticipadas. Sería una ruptura pactada, por tanto no habría muertos –quizá algún atentado aislado y sin víctimas como recordatorio-, y con una nueva mayoría socialista volvería a retomarse el proceso con nuevos ímpetus y quizá más apoyo popular.

¿Es posible?

miércoles, noviembre 08, 2006

Contra la posmodernidad y su icono ZP

Una de las características más curiosas y sorprendentes de la posmodernidad es que ha conseguido que la fantasía se filtre a la realidad, que empieza a parecerse a un cuento jocoserio de ciencia ficción. De hecho, la posmodernidad no es sino una rebelión contra la realidad. Una reivindicación de una estética vacía, de la imagen sin sustrato, de una falsa pose sin sentido.

Los héroes posmodernos son conocidos universalmente por nada meritorio: por salir en la tele, por tener un lío de faldas, por participar en obscenos programas de telebasura.

Los políticos posmodernos son caras sin alma, cuya palabra no vale nada, cuya ideología es el poder, para cuya consecución se prostituyen hasta límites insospechados.

La estética posmoderna no responde a valor alguno. El arte se ha vulgarizado, y lo soberbio pasa a ser lo mediocre, en una imposición de la masa digna de figurar el la obra más señera de Ortega. No se ha culturizado al vulgo; se ha vulgarizado la cultura.

Las naciones posmodernas son destilados de mentiras, empezando por la existencia y vigor en exclusiva de unas lenguas vernáculas trasunto del Völkgeist, cuya existencia es tan dudosa que los mismos mentirosos han de mantenerlas artificialmente con vida, a través del estímulo forzado, de la coerción fascistoide, y de la presión siempre.

La aristocracia posmoderna nada tiene ya de elitismo meritocrático. Sólo de pose y gesto de desprecio hacia lo que consideran vulgar, con lo que demuestran un pijo-paletismo rayano en el delito.

El Mal absoluto, el Mefistófeles antiliberal ha estado generaciones presionando para lograr la esclavitud perfecta del hombre: la querida y valorada por los esclavos como auténtica libertad. ¿Desde cuándo?
Durante siglos, el estoicismo romano - en sentido filosófico literal, el de Marco Aurelio- pervivió en la sociedad española, como una fibra consustancial al alma humana. Quizá el haber mantenido una guerra por la civilización , el haber afirmado ochocientos años frente a los bárbaros que eramos Romanos infundió al pueblo ese carácter indestructible de los Dioses. Cada hombre es sagrado, por su misión sagrada a favor de la civilización y por ser heredero de la sangre de los que antes lucharon por ella. Era su responsabilidad hacer honor a ese legado y a ese destino, y España estuvo a la altura de las circunstancias.
Sin embargo, antes aún de la llegada de los pijiprogres con sus estupideces políticamente correctas, más o menos a comienzos del s.XIX, la posmodernidad nació con los primeros románticos. La rebelión contra la realidad del romanticismo es el primer aldabonazo de la posmodernidad. Nótese el origen a menudo aristocrático pero degenerado de las principales figuras del romanticismo; adviértase su educación amanerada, afeminada, tolerante ante el capricho, y avanzaremos mucho en la comprensión del fenómeno. La posmodernidad giliprogre es el fruto de la mente acomplejada y frustrada de un niño malcriado, que retuerce la realidad porque ésta no es como le gusta, y eso no lo puede aguantar. Igual que muchos jóvenes vascos de los últimos 100 años, a los jóvenes islámicos también se les educa en un gineceo donde el padre está ausente, y se le venera como un Dios por ser hombre. El niño también lo es, y está por encima de su madre, nunca se le ha dicho" te aguantas", pues la autoridad de su padre, única que le supera, sencillamente no aparece. No está. Está de cuadrilla, de chiquitos, en el frontón o en la mezquita. Por eso el caprichoso no soporta que haya infieles o la existencia de España, y como no se puede aguantar manifiesta su frustración asesinando inocentes. Cuántas vidas se hubieran salvado con dos azotes a tiempo.

Por eso, yo llevo defendiendo hace mucho un camino de purificación personal, un peregrinaje hacia la realidad y el autodominio. Voto por la creación de una cofradía de enemigos del fraude posmoderno, que individualmente regresen a la moral heroica que hizo fuerte y libre a occidente.

Para saber en que consiste esa moral acabaré con dos ejemplos:

El primero se opone a la muy posmoderna- y romántica- estupidez de que es bueno y prestigioso manifestar los sentimientos. A cierto caballero victoriano le intentaron vender que era sano llorar en publico a lo que contestó:
-Llorar en público es como mear en la alfombra. Intolerable salvo para niños y emfermos.
Eso es disciplina de convivencia, que hizo libre y grande al Reino Unido.

El segundo es más cercano, y más impresionante. Isabel de Portugal, esposa y prima de Carlos I -ambos nietos de los Reyes Católicos- tuvo a Felipe II en un parto terrible que casi acaba con ella. Cuando médicos y damas le aconsejaron que se desahogase gritando, que sería bueno para ella y la criatura, respondió en su delicioso portugués natal:
-Morrer morrerei, mas não gritarei.( Morir moriré, pero no griteré)
Eso es conciencia de su posición en el mundo y de sus deberes, de las cargas de su cargo y de hacerse digna de merecer sus privilegios.
Ese "talante",y no el de ZP, es el que hizo grande a España y libre a occidente, pues en último término no es sino la manifestación poética del romano patriota, individualista y libre que todos llevamos dentro.

Nosotros somos la aristocracia verdadera. Comportémonos como tales.

domingo, noviembre 05, 2006

Un jardín privado

“Hay que liberarse de la cárcel, la rutina y la política”

(Epicuro, Sentencias Vaticanas)


Liberarse de la política como si de algo peligroso se tratase, a tal grado de envilecimiento ha llegado. La reflexión que hizo Epicuro entre los siglos IV y III a. C., nos resulta, sin embargo, familiar. A pesar de todo, qué nos impide seguir la máxima de Epicuro, por qué insistir, a qué viene esa obstinación, todavía se puede salvar algo o es simplemente inercia.

Inicio hoy mi colaboración en Status Civitatis, y quisiera hacerlo con una reflexión a modo de presentación. Cada día me asalta con mayor insistencia la misma pregunta ¿para qué? Confieso que me va siendo más difícil encontrar respuestas. No pretendo que este lugar sea el sitio donde volcar mis lamentaciones, no son tales -lamentarse de un hecho consumado no conduce a nada-, simplemente quisiera responder a esa pregunta.

Asomarse al páramo de desolación de la política nacional, produce una desazón difícil de ocultar. Podrá parecer una afirmación excesiva para mucha gente, sin embrago, ver como la estulticia, la miseria moral y la arrogancia se pavonean todos los días –de la mano o por separado- difícilmente se oculta por poco que observemos. Es patente la sensación de haber rebasado cierto límite, creímos verlo todo con los anteriores gobiernos de Felipe González, pero el actual gobierno socialista hace ya tiempo que rebasó cualquier medida. Un gobierno marcado desde el mismo día de las elecciones, incompetente, genuflexo, preso de su mitología, esperando su absolución por una banda terrorista el la portada del próximo Zutabe. Una izquierda desquiciada, delirante, sectaria, que agita palabrería huera como si de ídolos se trataran, que actúan como inquisidores de la moral, blindada a cualquier análisis racional de la realidad. Sobre todos ellos sobrevuela un hombre de nuestro tiempo, digno de quienes le votaron: Rodríguez Zapatero, o simplemente ZP, le va el nombre, también le va el cargo, qué más podría pedir una medianía autosatisfecha como él.

En el lado contrario, la oposición. Qué cómodos se les ve en su papel, qué cuidada elegancia, qué formas tan exquisitas; qué inoperancia. Hay en el PP una especie de arrogancia en la derrota, una suposición tácita de que cualquier oposición al actual gobierno significa, automáticamente, un apoyo sin fisuras a su política. Qué ha sido de aquel discurso tímidamente liberal que exhibió a finales de los noventa. A qué juegan ahora, precisamente ahora. Esgrima parlamentaria, poco más.

Por tanto, ¿qué hacer? ¿Qué impide a un liberal, republicano, algo jacobino –únicos muebles que salvé de mi pasado asilvestrado-, olvidar la política y dedicarse a su jardín privado? Es fácil, lo he intentado hacer en estos últimos años. Basta con tener un empleo que no agobie demasiado y una pasión que ayude a olvidar, y si se es algo misántropo –no demasiado-, uno consigue realmente evadirse.

La lógica de esta opción es inmaculada, y sin embargo es como si alguna de las premisas fallara. Da la sensación de que, a pesar de la coherencia, algo no acabara de encajar. Parece como si antes de cerrar definitivamente la puerta me dejara algo fuera. He de decir que no sé de qué se trata, y sigo sin saberlo. Pero a tenor de la situación, entrar y salir del jardín, no creo que sea la mejor opción, algo definitivo habrá que hacer.

¿Ustedes lo saben?